siempre tendremos un ocaso


“LLEGUEMOS a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo”
Rafael Cadenas.

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siempre habrá otros menesteres,
otros labios y otras manos,
otros países y otras voces

siempre tendremos cicatrices incendiadas
y todas las lunas sobre los cielos de maracaibo,
islas de atardeceres, bandadas de apresuradas mariposas

siempre tus piernas tendrán laderas blancas
y lunares, siempre el viento golpeará las mismas empalizadas
y yo siempre regresaré a ti, por las calles más estrechas

siempre tus ojos serán esas imperturbables ofertas que adversen
mi tristeza, las estrellas más fugaces, flautas, agua contra las armaduras
tú siempre serás ese relámpago ascendente que asusta a los gatos

y siempre, siempre tendremos un ocaso
donde mirarnos, donde podrás aparcar tu cabeza
y tus sueños sobre mi pecho,  ya convertido en calma orilla, en playa

-28 riada-

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el color de tus olvidos


“LOS últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas…”
José Ángel Buesa.

 

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me gusta el color de tus olvidos
y la forma en que las tardes se estrellan contra tus ojos claros,
embriagarme con tu risa y mirarte cuando doblas las rodillas
enfadada y cuando estiras tus brazos hasta alcanzarme

cuando dices que la luna no es más que un inmenso globo de agua,
cuando me miras y me gritas, espantando los pájaros y dudas
tú eres mi remedio, ese trueno alegre que viene sonando
desde los confines más extraños de una aurora

me gusta refugiarme en tu mirada y viajar en tu nostalgia de velero
andar sobre tu piel como un ángel, o como una gaviota
que sobre la fina arena, dulcemente camina y sueña
con tardes largas e inflamadas por la melodía del viento

me gusta el ruido del mar sobre la geografía de tu cuerpo,
tu olor a pan, tu tiempo de fruta que madura en una noche
es tu voz a mi oído, amor mío, lo que curva la luz de las estrellas

me gusta mirar esas ramas de tus manos impresas en mi vida,
para que te quedes en mí, mariposa ardiendo sobre un cristal
caminas y así, es como dictas la distribución de los planetas

te amo, cuando tejes claridades entre el fuego y las cenizas
que me pueblan, te necesito, para que mis palabras en llamas
nunca más se dispersen… aquí firmo: mi vida sin ti, es página en blanco

 

-27 riada-

presagios


 “MÍA”, cuando ríes, “mía”, cuando oras,… “mía”, a todas horas, Maracaibo mía
Udón Pérez.

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para verla, para verme

no hace falta brillo
sino letras tambaleantes
en el trapecio de su risa

y sobre el “por si acaso”
de estos simples versos
como presagios

me basta su alegría suelta, loca y ebria de lluvia
para que yo resbale hasta el quicio pequeño
de sus ojos

-riela 26-

eres la sombra


“AMOR no es literatura si no se puede escribir en la piel”
Joan Manuel Serrat.

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marinera
tú eres como esas hojas
que dejan impregnadas de nostalgia
a los peldaños de septiembre

eres la sombra
que acompaña dulcemente y por todas partes
al fantasma de esta melancolía

-25 riada-

paquetes de improvistos


“CUANDO seas vieja, una noche, a la luz de una vela
Hilando y devanando junto a la chimenea
Dirás al leer mis versos que te asombrarán:
¡El tiempo en que era bella y me cantaba Ronsard!”
Pierre de Ronsard.

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la muerte a solas
es la eternidad

cosechar secretos al borde blanco
de la hora proscrita

cuando la mañana pinta la vida
con ligeros trazos de incertidumbres
y la tarde con pequeños paquetes de improvistos

-riela 24-

sacerdocio estrafalario de versos


“ESTA noche no hay cielo, hay una rara
mezcla de jazz y desesperaciones…”
Javier Velaza Frías.

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y es ahora que me preguntas qué fue primero:

-¿si la desentendida mirada o el dulce sueño
este deseo cultivado o aquel desastroso encuentro
tú o tanto sacerdocio estrafalario de versos?

hoy es otro día del aroma de la siempreviva
y aquí andas tú, tan enarbolada y apostando cien horas
a que gana la luz

esa  luz que te delata y luego, hace esclava de tu cafeína
al alma mía

-23 riada-

primogénita del coquivacoa


“YO siempre amé al béisbol,
pero cuando mis piernas no estaban lesionadas…
era mucho más fácil amarlo”
Mickey Mantle.

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me sentí afortunado de tener junto a mí
las provincianas manos más blancas,
que jamás soñé

y las razones eran simples:

era el primer otoño
y la nieve era tan blanca,
como sus manos

blancas como las dos garzas inquietas que vencían
a los días domingo sobre la orilla morena,
tórrida y primogénita del coquivacoa

-riela 22-