como lagartos


“REGRESO al mismo café.
Las horas lentas que pasaron en vano
atraviesan conmigo la puerta giratoria.
Y al fondo, entre las mesas,
una sonrisa tuya me mira como entonces.”
Amalia Iglesias.

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enamora esa flor azul
y el arañazo en la espalda
que me deja, junto a su falda sobre mi cama

violenta y terca navega
una caricia, desde un puerto de su cara
para atracar junto a la isla-lunar en su vientre

el silencio siempre
huye desde lo claroscuro de su mirada
para que su cuerpo finalmente cuelgue de mis palabras

la alegría, de repente revienta como un globo
y los minutos corren como lagartos
detrás de sus labios rojos

-riela 63-

un tango


“DIJE: «¿Lee usted libros?»
y ella: «Sartre, Camus y Thomas Mann.»
Dije: «Tiene usted unos pechos muy bonitos.»
Y ella: «Sí, a mí también me gustan.»
Dije: «Es usted prácticamente divina.»
Y ella: «Tiene usted razón.»
Dije: «¿Qué le gusta que le regalen?»
Y ella: «A lo mejor esto es gratis.»
Hicimos el amor
el lunes, el martes, el domingo
y el lunes siguiente.
Discutimos sobre Flaubert,
luego sobre Tolstói.
Dije: «Tiene usted unas rodillas inolvidables.»
Y ella: «¿Sólo las rodillas?»
Nos cansamos el uno del otro
el mismo día, a la misma hora,
lo cual es infrecuente y virtuoso.”
Alain Bosquet

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olvidada
junto a un piano

una flor si su fragancia
celebra ser ahora
simple madeja de piadas

yo temo
perderla entre mitades

entre los pasos
de un bolero

ser un simple harapo
en esa franja, entre un tango
y su recuerdo

tu cuaderno


“MÍRAME aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable.”
Alfonsina Storni.

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un cuaderno nos llega con sus títulos de neón
sin ni siquiera una frase mal pronunciada

con apenas un sueño hermoso ya escrito, sin palabras,
con las medidas apropiadas, impecable de instantes
para el ruido de tus pensamientos, para la frase de amor por definir
y para ese humo de recuerdos mínimos que ahora van de paso
-como van de paso los días invictos de tus anhelos-

si, por fin tenemos tu cuaderno nuevo, único, con esa alegría
que despiertan los tamarindos, con ese olor de la algarabía de van gogh

con las líneas aún frías para los ríos de tinta que se avecinan
y el volumen necesario para calcular y guardar noches hermosas,
tus noches amarillas, redactadas entre los girasoles de la abuela

hija, el tiempo sangrará en cada hoja y se te hará cicatrices
mientras acecha tu lápiz minucioso, el que ahora cojea ante un suspiro tuyo
que te anda merodeando y tartamudo, repasando tus sueños desvelados
de ya mujer…

-61 riada-

letras tambaleantes


“EL otoño es una segunda primavera en que cada hoja es una flor.”
Albert Camus

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para perfumar ese aire que viene
desde el milagro de aquel jueves trece

yo escribo tu nombre
luego, soplo sobre la tinta
y letras tambaleantes que te designan

-y la promesa de ruido de los transeúntes en su prisa cotidiana
-los pájaros que llegan vistiendo de colores a los árboles
-la tarde, que se deshoja y finalmente desmaya

no digas nada
nuevamente son las chicharras
de esta nostalgia…

-60 riada-

un soplo


“HAY que seguir el hilo del sueño
tejido en el tiempo.”
Cristina Elena Pardo

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te amé a grandes pedazos de miedo
cuando apenas ascendías a soplo

a duros recuerdos y a minutos descoloridos
entre las paredes senoidales del tiempo

así te amé, pequeña y recién llegada
cuando eras menos que una página escrita

 

-59 riada-

estatuas bordadas de agua


“TODOS nos transformaríamos sin nos atreviéramos a ser lo que somos.”
Marguerite Yourcenar.

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terminaste la lluvia
donde solíamos resbalar
hasta la mejillas de los amaneceres

quiero volver a serte
como a los monitores, encenderte
ondularte en tus formas blandas de bandera
y empaparte toda de fogatas sorprendidas de atardeceres

estarte
sumarte
sostenerte

hacer instantes contigo
desde el gris de las estatuas bordadas de agua en praga

-58 riada-

del blanco lodo


“SUS mundos opuestos
se encuentran en taxis
y charlan diciendo
que el piano está triste…
que comprenden
la cuestión y que
Bach se resignó
a no volver
a tocar.”
Franklin Pire

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mi primer asombro, es ver rodar al tiempo
como un hechizo ante tus ojos

regalo inmerecido, es tener que mirar tus labios rojos
todavía lo suficientemente invictos

todavía eres la “mujer del delantal” con su paraguas
narrando conmovida, cómo es que la lluvia de años
se le viene encima

la que humedece sus ganas junto a su pan -y las de anoche,
aún espesas- en su jugo de naranjas o en su café con leche

soplan los metros de viento y arrastran tus globos
-llenos, no de aire sino de vida- hacia campos abiertos de lunas

arrugas la cama con tus tímidas manos blancas
que de nuevo, sucumben trémulas al volcán de tu vientre de agua

una canción distante llega rompiendo todo precario silencio
haciendo añicos de tus más íntimos cristales…

los brazos largos de un recuerdo te alcanzan -manantial de olvidos-
arañando los pocos amaneceres lujosos que aún te quedan

-57 riada-