entre tunas y palmeras


“ALLÁ en la lejanía del océano, te espero
Donde puedas apagar tu fuego y no te intimides”
Mercedes Tinoco Obregón.

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a ráfagas aprendí de ella en los desguaces que el olvido enciende
dejé, atesoré y sostuve mi vida en las muecas nocturnas
de las blancas dendritas de este nunca jamás

forjé mis ojos a la luz y a la sombra
y amarré con silencios míos, el átomo a la molécula
que corrían despavoridos de la eternidad de unas promesas

fui más allá de donde rompen en temblores las galaxias
más allá del país de los insomnios donde cohabitan el verso y el agua
fui hasta donde se asomaba ella entre tunas y palmeras
y entre puertos nuevos y mareas

-riela 416-

las riberas llovidas del sava


“EL verdadero amor no es otra cosa
que el deseo inevitable de ayudar
al otro para que sea quien es”
Jorge Bucay.

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me enseñaste que con tu nombre se puede incendiar al mío
y finalmente entendí, que tus piernas
eran las riberas llovidas del sava

te pedí ojos, y me diste una luna colgada
bajo el cielo de los piaroas

escapé de los cortes no cicatrizados de cindori para llegar a ti
y apenas quedan por allí, unas fotos mías
abrazado a tus silencios redondos

te amarré de pies y manos con poemas asfaltados de rojas guardia
y ya desnuda como su maja, te rompí mil veces
en palabras imposibles de reparar

te inventé unos vuelos citadinos, untados con miel y mostaza
y espanté pájaros que con divisas de ternura
sobornaban a tus párpados

te regalé mi bicicleta secreta de brisas para que remontaras tus sueños
y te hice mujer, en los hombrillos más angostos
de un noviembre sin hojas

te amé como el viento a las flores -totalmente desnudo y avergonzado-
como los niños a las esferas de jabón, como el barco a su puerto
como los suicidas, como los locos

bajo un cielo muy azul, con todas mis banderas
y sin ninguna partitura

-415 riada-

la cara del poema


“AZUL a la deriva.
No hay duelo en los semáforos que guardan el camino
ni un abeto en tu puerta todavía”
Antonio Cisneros.

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desde entonces como quien brega
y ya no encuentra,
te acercas

rasgando la música de mis paredes
llegas sin certezas
ni reglas

golpeando fuerte al montón de mis desasosiegos
siempre tú, la que cierra el párpado sangrante
en la cara del poema

-414 riada-