como a temblores


“NO sé tu nombre, sólo sé la mirada con que me lo dices”
Mario Benedetti.

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detrás de tu voz
andas tú…

con esas hendiduras que reconozco
donde se arremolinan recuerdos

parcelando lo nuestro
me hablas, como si hablasen unos linderos

como en aquellos días
de la radio en blanco y negro

cuando a mis oídos llegaban canciones
que te nombraban como a temblores

-484 riada-

pocas veces


“QUE suerte sentir los golpes, ver los moretones y la brisa que los toca.
Que suerte morir para renacer en las palabras no dichas.
Que suerte contar soledades en las gotas de la lluvia.
Que suerte ser otro humano”
Angélica Hoyos Guzmán.

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a veces
perdemos la cabeza y hasta el nombre
sobre una acera en plena bitácora minuciosa
de una muchedumbre de esas, de circuitos deslumbrantes

otras veces
encontramos pedazos de níquel con caras conocidas
botellas vacías, fósforos castrados en la cremallera de los asfaltos
días con nombres de planetas, amores mal escritos en envolturas de menta

pocas veces
ganamos algo con esta profesión de arrendador de promesas
con esta espuria pretensión, tan desmesurada, desconceptuada y poco circunspecta
de querer vestir con poemas hasta ese aleteo microscópico que tienen las estrellas

 

-riela 483-

sucumbir en palabras


“En la religión de los besos,
eres tú la que alborota
y al final lo desarmas todo”
Ángel Valles C.

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por ti se escarchan todos los ruidos de la tierra
hasta sucumbir en palabras, ante el incendio de voces
que te nombran y te amontonan

me haré capaz del fuego y de la furia del agua
para llegar a ti, en las mil formas en que se muestran
los relámpagos

tocar ese lenguaje secreto que tiene tu espejo mágico
y mirarte sonreír

desvestida de esos colores que te robaste de una constelación
indescifrable; mirarte y entender qué es lo que te hace
mi cosecha de luz estridente tan domesticada
y tan salvaje

-ay, mi catira maria angelina… (decires de mi madre)
tú eres todo lo que a mí me falta y sobra
en los espléndidos extravíos
de mis calamidades…

cuando me miras
con esas dos cayenas rojas entre las manos

cuando la luna se queda quieta en los anaqueles
tropicales de esas, tus dos pupilas claras

-482 riada-