la enramada oeste de tu pezón


“NO acaricies mis senos.
Son de greda los senos que te empeñas en ver como lirios morenos”.
Juana de Ibarbourou.

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yo siempre presentí al sol
desde esa curvatura de tu seno izquierdo

con la torpe inocencia de los delirios
te he buscado desde que supe de catedrales y naufragios

ambiguo como la luz
sospechoso como el azar

pero con la alta definición del deseo en flor
te he esperado, como un animal sigiloso ante el abismo

con mis bolsillos repletos de tamarindos
a la sombra de la enramada oeste de tu pezón

-255 riada-

al velamen de tu risa


“HAY días en que soy un reflejo del agua.
Me descubro atrapando un papel,
rebuscando en la tierra un recuerdo extraviado”.
Paura Rodríguez Leytón.

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amarrado como un trapo al velamen de tu risa
prisionero entre tus dos clavijas blancas
sin escalas, estoy en ti

insurrecto y mal escrito, tú me arrastras
a los vendavales, luego me sueltas entre palmeras
al revés de la bitácora y al violento flamear de tus banderas

cara al viento, se defienden las marañas
de tu pelo y como en un tándem hermoso de guitarras
la alegría se me agranda, hasta más allá de las esdrújulas

-214 riada-

infinitamente…


“ME encantaba que metieses mi nombre a través de tu garganta… y que lo sacases mojado de entre los dientes para mis oídos llenos de tierra… y me da pena que mi nombre no tenga eses ni erres, porque arrastras las letras como muebles, y frotas mis palabras como palos para el fuego”.
Emma Pedreira Lombardía

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si te nombro muchas veces
digamos que, infinitamente…

hasta el eclipse sobre las clepsidras
hasta el colapso total de las galaxias

hasta la explosión trepante y final de los tiempos
hasta el último segundo del agua sobre el mármol
y hasta más allá de las ruinas del recuerdo

-¿me dirías tu secreto?
ese que guardas en los arrecifes,
entre los acantilados de tu nombre de ola…

-202 riada-

presagios de lo posible


“NO tengo continuidad, no tengo oficio.
Soy una triste gaviota que se afea”
Delfina Tiscornia

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viví diámetros oscuros
subiendo por escaleras sin horizontes

viví presagios de lo posible
y fui prisionero fingido de lo eterno

viví la duda en cuerpo y alma
y recorrí centímetros diseminados de otros amores

luego, llegué a ese barrio luminoso de su piel
y me di cuenta que nunca antes, tuve una dirección postal

miré el sarcasmo de mi destino en su mirada
y era la advertencia escrita, en sus ojos

-riela 178-

la nave del olvido


“AMAR, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo”.
Rubén Darío.

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con el sol detrás de la memoria
todavía anda joven el amor de otras edades
por océanos vacíos y en tormentas transitorias,
la nave del olvido navega, sus propias soledades

la mujer bella y menuda que seguramente, vos eras
quedó en puerto, cantando la canción frente al espejo,
solo para verse y oírse decir: allá va lejos, muy lejos
la ilusión que en vez de besos, prometía primaveras

como el amor mira con ojos, con los que tú jamás me viste
naufraga la nave del olvido, en este mar de tiempos idos
en donde sigues siendo tú, el gran amor que nunca fuiste

por no tenerte ahora, apuesto esa luna, a que tú te crees lejana
en cuanto a vernos, no sé… recordarte, en mi alma hace tanto ruido
y con soñarte, ya eres mía, aunque te pierda al despertar mañana

-165 riada-

ventisca lejana


“¡QUÉ! ¿No me oyes? ¿El rumbo
no tuerces? ¿Orgullosa
descoges nuevas velas,
y sin pavor te engolfas?

¿No ves, ¡oh malhadada!
que ya el cielo se entolda,
y las nubes bramando
relámpagos abortan?”
Andrés Bello.

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comienzas por detestar el aire que respiras
y temes a las ráfagas de anhelos y dudas
que todavía te asombran

después, deseas alargar la noche, o comprimirla
hasta + allá de donde te alcance la lluvia
para entender que estás atrapada

enamorada, desnuda y primaria
entre los helechos de palabras distantes
y bajo una luna, casi perfectamente incendiada

algún día, tal vez, vas a querer comprender:
-¿cómo así, es que tu amor naufraga en una ventisca
tan lejana de versos?

otro día, lograrás quizás, atrapar con las manos
entre un cielo y mar, una vasija de silencios míos…
para que la llenes con tu sal, tus palmeras y relámpagos

-67 riada-

quiebre menguante de luna


“PUERTO, lago, puente, relámpago…
Maracaibo es una quimera
¡qué atrocidad!”
Miguel Ángel Hernández

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se recrea tu risa en diapasones
al descubrir mis cartas marcadas

te enfadas y gritas:
¡hoy es nulo mi quiebre menguante de luna para ti!

y ya no sé que decir…

pero transito tus ojos verdes crecientes de asombros
y sobre el goce que suma y suma
hasta romper equinoccios
dibujo tu rostro

se enroscan al momento
las razones para que tiemble
entre el cielo y el mar un “te quiero”
descosiéndose tímidamente, desde el bies de tu boca

-55 riada-