soledad


“LOS recuerdos nos seducen
con su destierro incansable
elegimos los felices
para la charla ante los vasos

pero para despertar abrimos grietas
encendemos el fuego en la caverna y
solos ya
nos entregamos a la invención
de los venenos”
Jonio González.

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hoy la soledad desembarca
con gestos desproporcionados de ternura
sobre mis aspas laberínticas y deshuesadas

la soledad es un círculo caído, un hijo desprendido
desde entrañas calcinadas

es como la ropa mojada: fría y pesada
la sal de la saliva, una simple coartada

esa llovizna que quedó atrapada
entre noches abiertas y nunca llegados días

ese tenue rocío entre las fisuras
de aromas largos y primitivos

-riela 366-

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tontas ganas


“MESES enteros no duran más
que los tensos relámpagos que anteceden,
en esta noche, a una lluvia indecisa”
Juan José Saer.

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no es lo que pasa
tampoco, es lo que sucede

es simplemente,
estas tontas ganas
de verte…

-153 riada-

dispar


“YO me miro mirar
y mi adentro es mi afuera en esta cárcel
en la que siempre estoy detrás de mí”
Piedad Bonnett.

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la bandada de tardes de abril
esta vez, transcurre más lenta

la vida pesa, como la letra
de una canción casi olvidada

entre tardes de sol o de lluvia
vamos heredando del sosiego, las edades

y esas últimas piedras posan desnudas
para ser esculpidas en pequeñas sombras

el recuerdo sucumbe a sus aristas
y nos llega dispar, pero muy eficaz
entonando siempre su vieja melodía de ola

-riela 87-

tu cuaderno


“MÍRAME aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable”
Alfonsina Storni.

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un cuaderno nos llega con sus títulos de neón
sin ni siquiera una frase mal pronunciada

con apenas un sueño hermoso ya escrito, sin palabras,
con las medidas apropiadas, impecable de instantes
para el ruido de tus pensamientos, para la frase de amor por definir
y para ese humo de recuerdos mínimos que ahora van de paso
-como van de paso los días invictos de tus anhelos-

sí, por fin tenemos tu cuaderno nuevo, único, con esa alegría
que despiertan los tamarindos, con ese olor de la algarabía de van gogh

con las líneas aún frías para los ríos de tinta que se avecinan
y el volumen necesario para calcular y guardar noches hermosas,
tus noches amarillas, redactadas entre los girasoles de la abuela

hija, el tiempo sangrará en cada hoja y se te hará cicatrices
mientras acecha tu lápiz minucioso, el que ahora cojea ante un suspiro tuyo
que te anda merodeando y tartamudo, repasando tus sueños desvelados
de ya mujer…

-61 riada-