los peroles míos


“A Benita Muñoz Eterna”

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ah, otra cosa “mi tachón” -me decía y repetía-
aquí cada quien carretea sus macundales…

– cuidá vos tus corotos
-que yo miro, por los peroles míos

-riela 388-

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junio nueve


“HAY gente que ama de lejos
como corriendo hacía las montañas
como oteando el mar,
despidiéndose,
pronto…
antes de que se les acabe
el amor”
Guisela López.

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escribo versos a cal y canto
sobre los fractales de mi alegría
como cuando eras diapasón y te vestían bordones
de mi vieja guitarra

trepo por las reminiscencias del sepia
de los atardeceres, como quien saca a pasear su perro
o lanza una botella al mar

tu nombre se acomoda
al suave pliegue del latido de mis recuerdos
como quien acaricia con cierta nostalgia
al botón de pánico en desuso

aquí siempre es viernes
y es junio nueve, desde que tú no estás
como cuando fuimos lluvia y fuimos una cifra
en la coincidencia de una noche

-306 riada-

no siempre, siempre


“TODO:
palabra impertinente y henchida de orgullo.
Habría que escribirla entre comillas.
Aparenta que nada se le escapa,
que reúne, abraza, recoge y tiene.
Y en lugar de eso,
no es más que un jirón de caos”
Wislawa Szymborska.

 

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-¿habrá quién marque este día
con el sueño que se derrama
en tropel sobre mi cama
despertando tanta alegría?

-¿habrá quién piense que no es locura
vivir proscrito, tras lo ardiente
pero entendiendo que no siempre
del amor es dueño, quien más procura?

-¿quién diga,
que tú no eres hueso de mis costillas?

sin remedio para tu ausencia, te llevo siempre
habitando en mi pecho, y desde noviembre
desprendiendo vienes,
el limo de mis orillas

-180 riada-

la útil brevedad del suspiro


“NO lo olvides,
mi ser libre de sueños: yo también
vine a este mundo antes
que la nieve”
Paul Auster.

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hoy de nuevo:

-el labio flaco sin el amanecer de la trementina
-la vieja deuda de miradas sin adjetivos previos
-la osamenta de puertos cuidadosamente restaurados
-el poema sin título, en minúsculas siempre fingidas
-la caricia encuadernada en los bordes de su cuerpo
-la lluvia desmedida en la incandescencia de su boca
-el kilometraje de su cintura y otra tarde sin su sombra
-el vendaval abierto por el puñal demoledor de su ternura
-ese: “ya vengo” bajito -despacito- sin sujetador
-la útil brevedad del suspiro

-riela 121-