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riela 634


“NO lo sé.
Les digo que no le conocí
pero tampoco puedo asegurarlo
porque el otoño sella la memoria”
Jorge Ruiz Dueñas.

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hoy me dices:

mi ángel, escribe rielas…
hazme versos con el combustible de tus venas
que tus manos manipulen y reparen la brújula de todas las quimeras

y luego espera
el arrullo del secreto aquel, como de corriente alterna
desde una proa centellante, que al final, es lo que te gobierna…

mantén en alto tu ala de letras,
escribe y describe bajo la luna grande, junto a la llama pequeña
cierra los ojos, que la música enredada con la lluvia, son ahora tu frontera

-riela 634-

riela 564


“LAS lágrimas más amargas derramadas sobre nuestras tumbas son por las palabras nunca dichas y las obras inacabadas”
Harriet Beecher Stowe.

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estos poemas míos…

son como las argentinas
que promulgan esas farolas que anidan en los itinerarios de los suspiros

como las francesas, otras veces
que siempre comienzan sus largos viajes con una convocatoria de ojos

como las chilenas
que encienden luces con el sonido de sus venas y se hacen musas eternas

o como las norteamericanas
que lloviznan largas caminatas en la periferia de los + extraños suburbios

y todas ellas, las 4, son como las nostalgias
que apabullan con la vieja canción: suspiros ojos eternas suburbios

como las tristezas
ah, qué cándida cordura con la que ellas y yo, nunca nos miramos

como las imperfectas sombras venezolanas
que se colocan por los anaqueles, a un juguete del color del recuerdo

y como esas mujeres, absortas, apuestan y siempre ganan
esas que perfuman la etiqueta mientras se despliegan sin maquillaje de veces

-riela 564-

riela 495


“SI algún día después de este silencio
nos quisiéramos”
Adelfa Geovanny.

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y entonces su rostro se me hizo península

-en la salpicadura del agua
-en el sobrevuelo del turpial
-en la propuesta con la que está escrito su nombre

pero sobre todo
-en los momentos que saquea recuerdos de la memoria

-riela 495-

471 riada


“YO ya me despedía… y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos”
Amado Nervo.

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-¿volveremos al mar,
a la calma de aquella playa en las costas de louisiana?

-¿o prefieres aquel volumen de oleaje
sobre el litoral celta de la pequeña irlanda?

no importa, pero… -¿qué tal una escala caribeña?

– allí donde el viento mece duro a las palmeras
pero luego duerme apacible, sobre la breña

-donde tu cuerpo emerga como una isla
y yo a tu lado, sea tu más pronunciada ladera

-donde tu mano escriba y dibuje playas
pero ya sabes, que sea mi cuerpo, esa arena

-donde puedas mirar en las noches al cielo profundo
y no te sorprendas al verme, manipulando estrellas

-donde la brújula libre de tus senos al aire
me conduzca siempre, a tu izquierda

-donde el canto de unos pájaros nos apabullen
hasta en la intimidad más serena

-y donde el relámpago que surca a los truenos
sea tu mirada, apenas

-471 riada-