como dos amaneceres


“A mí me gustan las niñas pálidas,
las de apacibles ojos obscuros
donde perenne misterio irradia;
las de miradas que me acarician
bajo el alero de las pestañas…”
Amado Nervo.

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hoy las hojas, hacen pequeños riachuelos en tu mirada
y todo silencio te pertenece, mientras arrullas con canciones
a esos instantes en que el mar -ese extraño invitado de siempre-
se debilita, y muestra su última ola, exactamente frente a tus pies

la alegría se redime desde tu comarca de ojos
y entonces, vuela a los confines temblorosos de la luz

ajenas, como párpados carnosos en la cosecha de algún dios
tus dos mejillas, a babor de una lluvia trepidante,
se me acercan, y se incendian ante mí
como dos amaneceres

dos almendras líticas
esos labios tuyos, despertando a gritos mi rutina de alma

y me elevas
en irascible torbellino de ansias arrebatadas…

-658 riada-

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de viaje ahora


“LA noche es el manicomio de las plantas”
Raúl Zurita.

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de viaje ahora
que más tarde, seguramente hará frío

y la cáscara menuda cae al piso
con un estruendo que devora
estrellas

yo la miro
a mitad de mi presupuesto de horas nocturnas
y alcanzo a distinguir de ella:

labios-árboles que sostienen una sola hoja
boca-solsticio que me envuelve de melodías distantes
ojos-imprudentes pececillos que susurran parpadeos

-riela 655

amante


“LA noción de desgaste viene de la lenta mirada vuelta
a lo propio perdido”
Luis Moreno Villamediana.

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cierra la noche sus pétalos más íntimos

un poeta narra lejanos versos de amor,
son poemas de esos que suicidan a los amaneceres

habla de la lluvia sobre los humedales
y de unos alambres que mueven las piernas de una mujer

sangra en blanco y negro mientras quema sus naves
en la tímida orilla de unos labios que la memoria apenas dibuja
-son labios de esos que enderezan a las mareas-

sonríe metáforas y sobre la brevedad de un suspiro muy suyo
cosecha orfandades en la sombra de ese árbol-mujer
que baila un twist al borde de un abismo

subraya cien veces la palabra “amante” que yace plana
y desnuda sobre la borrachera de una hoja, mientras va olvidando
las intermitencias en las luces afiladas de la noche

-riela 652-

sin compás musical


“SOLO somos palabras que dotamos de sentido y a ellas nos enlazamos”
Rosa María Estremera.

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pa’ escribirte unas rielas a vos
no hace falta pintar un hermoso cuadro,
ni una casa, una ciudad, tampoco a un país lejano

me basta con calcular tu entropía estrafalaria,
ordenar esta cosecha de palabras que amenaza a las metáforas
y mirar como vuelan dos turpiales sin compás musical, ni bitácoras

-647 riada-

aries


“ENTONCES el silencio no se entendió…”
Andreas Altmann.

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luna manchada eternamente de aries

aquí se precipitan como moretones de lluvia
o quizás, como la pólvora sin blusa
fríamente, las eternidades

hay silencios nuevos que detienen a unos amantes
y hay viejos amantes trepando sombras nuevas

indómita tristeza produce mirar el lápiz roto
y mirar sangrar al poema, ante el oído insomne de una estrella

de fogatas imposible, yo le construí lunas
y un día la vestí de marzo para mirarla con ojos distantes

desarmé luciérnagas, latido por latido, para armar el nombre de ella
y canté canciones de sabina bajo lluvias sobornables
tanto, que todas las noches se me hicieron una

mi pañuelo de cien colores,
mi blando perfume,
ella

-riela 646-

tu ala de letras


“NO lo sé.
Les digo que no le conocí
pero tampoco puedo asegurarlo
porque el otoño sella la memoria”
Jorge Ruiz Dueñas.

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hoy me dices:

mi ángel, escribe rielas…
hazme versos con el combustible de tus venas
que tus manos manipulen y reparen la brújula de todas las quimeras

y luego espera
el arrullo del secreto aquel, como de corriente alterna
desde una proa centellante, que al final, es lo que te gobierna…

mantén en alto tu ala de letras,
escribe y describe bajo la luna grande, junto a la llama pequeña
cierra los ojos, que la música enredada con la lluvia, son ahora tu frontera

-riela 634-

las plazas de zagreb


“TE cambio esta isla
por una caja de fósforos
y cuatro velas
para prenderla
por los rincones”
Cindi Jiménez-Vera.

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pensativa te acercas y me dices:
mentiroso, ese tal río sibaragua, ¡no existe!

pasa amor mío…
que ante una sonrisa tuya, cualquier cosa es invisible

otros, simplemente me informan
que no hay espacio, tiempo ni formas
de contar los lunares que a ti te alfombran
la piel de tus piernas, tan flacas
que nadie sino yo,
puedo entender

pero es que nadie entiende, que tú eres
la musa de todas esas traducciones rotas y fallidas
que yo me hago desde el lado cóncavo de la cama

cuando llegas y me lees antiguas y deshabitadas cartas de amor
que desde un costado de algún barco pirata caribeño, seguramente
una princesa cautiva dejó caer al mar una soleada mañana,
pero olvidando su endocrina botella descafeinada…
¡que vaina!

mientras, tú y yo, hojeábamos balcánicas lunas amarillas
por las plazas de zagreb

-615 riada-