pocas veces


“QUE suerte sentir los golpes, ver los moretones y la brisa que los toca.
Que suerte morir para renacer en las palabras no dichas.
Que suerte contar soledades en las gotas de la lluvia.
Que suerte ser otro humano”
Angélica Hoyos Guzmán.

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a veces
perdemos la cabeza y hasta el nombre
sobre una acera en plena bitácora minuciosa
de una muchedumbre de esas, de circuitos deslumbrantes

otras veces
encontramos pedazos de níquel con caras conocidas
botellas vacías, fósforos castrados en la cremallera de los asfaltos
días con nombres de planetas, amores mal escritos en envolturas de menta

pocas veces
ganamos algo con esta profesión de arrendador de promesas
con esta espuria pretensión, tan desmesurada, desconceptuada y poco circunspecta
de querer vestir con poemas hasta ese aleteo microscópico que tienen las estrellas

 

-riela 483-

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hijos de memorias


“YO decidí un largo viaje en abril, presuroso
sorprendí a la puerta con dos grandes maletas
Era el único huésped interesante, que hablaba a las cosas
salí con mi caja de insectos y la carpeta de códigos ancestrales
bajo el brazo, en las valijas llevaba alguna ropa
el resto fueron libros de viajes ya leídos, mi plan consistía
en repartirlos al azar. Por la noche abandoné la casa
anduve veinte años viajando en mi sombra, la primera experiencia
fue unirme a un grupo numeroso de gitanos que marchaban a Biblos”
Freddy Hernández Álvarez.

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refugio de lunas

promontorio de lenguas tergiversadas
en largos y estructurados quejidos

tan elástica es la absurda antigüedad de estos latidos
que poco a poco se han convertido en idiomas
que son como cantos a la soledad

son cien mil años de monos
diez mil años de hombres
-espantapájaros maléficos-
y un montón de dioses

tropezando, andando y deambulando juntos
para doler más veces, tic-tac eterno y duro

somos hijos de memorias
de viejas costumbres, largas y ruidosas
que golpean y que son golpeadas

navegantes de un cosmos
tras una estela desamparada y fría

somos los vertederos de nuestra propia angustia
que viaja como arena yugular y derramada

-riela 258-

formas gratuitas


“Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro”.
Andrés Eloy Blanco.

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te irás una tarde fría de diciembre
frente a un crepúsculo derramándose como un café
y con la postal de la huida, en las manos

y regresarás, lo sé, con el mismo extraño equipaje
de las infinidades, en las mismas manos
pero ya sin el café ni la postal

tantas formas gratuitas
luminosas e impredecibles
para el viaje

y sin embargo,
la misma tarde se mantendrá indestructible
hasta el regreso del gesto, a la memoria

 

-219 riada-

infinitamente…


“ME encantaba que metieses mi nombre a través de tu garganta… y que lo sacases mojado de entre los dientes para mis oídos llenos de tierra… y me da pena que mi nombre no tenga eses ni erres, porque arrastras las letras como muebles, y frotas mis palabras como palos para el fuego”
Emma Pedreira Lombardía.

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si te nombro muchas veces
digamos que, infinitamente…

hasta el eclipse sobre las clepsidras
hasta el colapso total de las galaxias

hasta la explosión trepante y final de los tiempos
hasta el último segundo del agua sobre el mármol
y hasta más allá de las ruinas del recuerdo

-¿me dirías tu secreto?
ese que guardas en los arrecifes,
entre los acantilados de tu nombre de ola…

-202 riada-