latitudes sueltas


“A las 9 y 30 bajo la lluvia, un señor invitó a un
total desconocido a compartir su sombrilla; los
dos se rieron del mal tiempo.

La chica del restaurante le sirvió doble porción
de pastel a la niña que escuchaba la pelea de sus
padres.

Un taxista le regresó la billetera a una anciana
olvidadiza.

En el jardín infantil, Diana le regaló el color violeta
a Manuela para que terminara el arcoíris”.
Alejandra Lerma.

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alcanzarla
en la desnudez abrupta de unos lirios
para luego soltarla en la explícita redondez
de los anillos

sé que me falta poesía
y una coincidencia de río creciente en sus ojos
pero yo quiero, es trepar todos los surcos de su geografía

ser musgo por encima de tantos pétalos
antes que ella, ya convertida en mariposa aborte el vuelo
y unos pistilos se extravíen, dormidos sobre sus latitudes sueltas

-riela 263-

para intentar volar


“IBA hacia España
y llegué a Cuba.

Iba hacia Jorge
y llegué a Juan.

Iba hacia las letras
y llegué al embarazo.

Iba a dormir
pero aquí estoy.

Reconozco que entre mis virtudes
nunca destacó la puntería”.
María Montero.

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reparar, para intentar volar
con el ala que nunca, nunca sirve
es otra forma de transitar distancias

más allá de las ventanas
flotan unos suaves y tercos confines
donde la luz aprende su trayecto a las pupilas

como la música borracha, que atraca
dulcemente en los oídos y en el alma

así es como llegan los recuerdos compartidos:
entre las butacas de un cine
en la primavera del chicle
otra vez y otra…

-riela 215-

la tarde talle ocho


“OYE:
no vayas a suicidarte.
Me es indispensable tu presencia:
triste
desafiante.

Terminada en punta
-como una hoja
detrás de una ventana”.
Ana María Iza.

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ando de ti todo empapado
bajo los ramajes de la poesía

ando, como sílaba asonante
en los orinocos de pájaros y maleza,
para que la desnude y acaricie el mar

algo de tus alas libertinas-libertarias
canta, canta, canta, canta, canta
y no deja de cantar a la tarde talla ocho

hasta tallarme al vuelo
de los doce cuatro veintidós, esa
dirección filial del manotazo de tu trampajaula

y me dejas plegado al salto
con tu carta de referencia dirigida a la cordura

y ya sin hombros visibles,
con los signos evitados de la eventual locura
para poder no sostener mi camisa talla catorce, de náufrago

-209 riada-

y nos fugamos


“TENÍAS cubierto el corazón de ángulos ranurados,
atorado en una jaula asimétrica y perfecta, válvulas arriba, intentando vivir,
exhibías en tus escaparates todas las miserias de la guerra y el amor”
Javier Manuel Rivera Martínez.

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tu mirada es el eco sobre el pulso del poema
me faltas y me alcanzas, llegas, pero jamás te quedas

despintemos las paredes de una vez,
fotografía esa mosca en tu café que sostiene atardeceres
y nos fugamos

habla con la lluvia, mientras hago parámetros de huida,
dame fuerza en las arterias, pa’ ganar altura en tus pupilas

activa el botón de los cerezos que aquí te ofrezco,
acomódate en el cómo y en los peldaños de estos versos
y… ¿nos fugamos?

-193 riada-

y te escribo versos…


EN este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.
Oscar Wilde.

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para ver trepar mi amor por ti
como la hiedra y soñar, con inscribirme
en las páginas abiertas de tu cuerpo

luego vagar como un recuerdo,
como un ruido o como el viento

para que seas mi camino incierto,
mi sueño, mi locura y mi mejor secreto

ah, qué magnífica sustancia es la palabra
que te adorna de una suave y sutil melancolía
así como de luna, pa’ después alzar vuelo

para mirar cómo el viento manosea
los blandos bordes de la tarde, como sintetiza
en frases y oraciones, la danza de colores que descalzos
tiñen de asombro alegre, a tus ventanas de ojos

para contemplar cómo los árboles
ajenos de equinoccios, tocan los climas
afinando los ecos más duros de toda nostalgia
sin quemarse, como esos locos que atrapan estrellas con las manos

-158 riada-

palabras al hombro


“Y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.”
Dante Alighieri.

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cuando el alba se nos quiebra
tú ríes feliz y mi alma solo sueña
con poder alcanzar esa otra orilla del mar

con tus manos empapadas de arena, me tocas
y sueño que hoja por hoja me entregas
tu mejor día de primavera

mientras
me llenas la vida
con todas tus almendras

yo, que nunca supe de amores virulentos
y jamás aposté a los sentimientos
debo decirte: te extraño

estés cerca, estés lejos
palabras al hombro

-91 riada-