blanda ceguera


“LA química sirve para todo,
hasta para borrar manchas históricas”
Carmen Berenguer.

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una noche perfecta,
de esas en que nos alumbre una luna maracucha
me dirás el secreto que repara en los andenes, cuando parten las estrellas

de las fatalidades,
me encanta es la total precariedad de tus jueves
cuando exiges pintar con sombreros verdes, a toda mi vecindad de versos

de las metamorfosis,
yo me quedo, con la que escribo cada viernes para ti,
mi más blanda ceguera… me fascina derrochar con letras tus horizontes

-660 riada-

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de viaje ahora


“LA noche es el manicomio de las plantas”
Raúl Zurita.

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de viaje ahora
que más tarde, seguramente hará frío

y la cáscara menuda cae al piso
con un estruendo que devora
estrellas

yo la miro
a mitad de mi presupuesto de horas nocturnas
y alcanzo a distinguir de ella:

labios-árboles que sostienen una sola hoja
boca-solsticio que me envuelve de melodías distantes
ojos-imprudentes pececillos que susurran parpadeos

-riela 655

son tres escamas


“AHORA te escribe sus propios versos
Tan imperfectos como su amor”
Ilka Oliva Corado.

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llega el recuerdo
redondeando sus tres escamas

pero es la escasa memoria del tiempo
lo que prevalece en forma de una veintena de hojas
fieramente mecanizadas

como tres botellas tiradas al viento,
unos lienzos de atardeceres tienen la cadencia
de escenas tontas, donde unos labios casi olvidados
acuerdan ser abismos sobre litorales yertos

al fondo de la tarde,
se columpian tímidamente
los ecos de la cordura

son dosis pequeñas de aquel mismo vuelo,
de las mismas tres formas inciertas que recalan
sin argumentos, pero con la vestimenta conocida, de una duda

-riela 645-

yo culpable, señora…


YA he llevado esta piel antes
mientras fui mi padre
ya he cantado esta canción antes
mientras fui mi madre
ya he sostenido esta mariposa antes
en la palma de mi mano
mientras fui mi hijo

pero este poema siempre sera el otro poema
no el que quisiera escribir”
Leons Briedis.

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breves,
unas caricias se hacen fiebre entre las sombras
y no se encuentran

dulcemente,
se van dejando quitar la ropa
y al fragor, las tangentes pequeñas, secretean

a bajorrelieve,
unos gramos de ansias luminosas
se estiran, simulando ser esferas tendidas en cuerdas

treinta y nueve
segundos, persiguiendo lívidas gotas
debajo de su “presunta inocencia”, y ya merodea

este: yo culpable, señora…

-644 riada-

como a un soplo


“QUIERO mirarte, dejar encendida la luz.
Quiero no estar seguro de mis cegueras,
encender las esquinas de esta cama constante”
Maurice Echeverría.

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-el amor se adjunta, se canta y se escribe,
se aplaude como a los malabares,
se desarma luego, en déficit
de mitades paralelas
-me dices-

y tú me adjuntas andariega, a tus versos de agua,´
al azar entorpecido como si fueses aquella heredera llamada
florence foster jenkins, despeinada y al unísono

mi huracán de luces que cantan, mi estrella que nunca se derrumba,
mi eterna noche dispersa que llega, gira y golpea

y me escribes desde el milagro que brilla en los horizontes
con tus letritas de ojos verdes encendidas,
como un par de puertos distraídos

y como el polvo olvidado en las encinas, luego me dejas
tal cual jennifer lawrence en ‘passengers’
remota palabra soy, de un idioma extranjero

entonces aplaudes entre las celosías

sonríes
y me desarmas, como a un soplo…

-635 riada-

sutilmente irreversible


“TU pasas por la vida sin rozarla,
que no te toque el hierro del esclavo
que con cualquier limosna se alimenta”
Verónica Pedemonte.

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cuando te apartas, tú deshidratas mi alegría…
-me dices

tú, mi talismán de carne y huesos, mi caro y único amuleto
que balanceas las mareas grises del miedo
anudando pájaros de versos
a tus caderas

contigo, a mí me crecen fogatas adolescentes
con toda esa premura de los que muerden
la misma fruta

pero es en el perímetro de las metáforas, gitana
donde tú barajas lo sutilmente irreversible
y me ganas

con la magia de las palabras que vas sacando de los bolsillos
a precio de liquidación, me dejas lejos de lo que una vez
fui yo mismo

-622 riada-

el mapa de tus desvaríos


“CUANDO tú me enseñas que dos y dos son algo,
yo aprendo y los cuadro”
Salvador Pliego.

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pregúntale a las piedras
si acaso la poesía, no es la calma después de la tormenta

luego, pregúntale a tus piernas
quién si no yo, conoce el mapa de tus desvaríos

pa’ festejar tus ojos en los míos
me basta esta magia humeante de miradas simples

-es que en lo plano de mis gavetas
yacen tendidos los mil añicos de tu olvido– bromeas, sonríes y dices

y de tu boca pequeña
de pronto, vuelan palabras hasta lo infinitamente imposible

-594 riada-