sílabas


“EN el instante vencido
de ser luna
se cansa la gota
de ser hermosa gota fría
y cae”
Rosario Concha Méndez

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mirando unos límites abiertos a la espesura de la noche,
en el desvelo procesado y en lo que la memoria ya no abraza

en las retinas de las paredes envejecidas de mi cuarto
encuentro las vestiduras de las sílabas de tu nombre
y se posan sobre mis labios, como un cadáver ya conocido

me asomo por el broche de la ventana, como queriendo verte
refugiada entre pétalos que te abrigan de la ventisca,
de los metros de lluvia, y entonces, me resigno a perderte

perderte de nuevo, entre la estatura insospechada de mis sueños

queda un trapo frío sobre mi frente, lo que una vez
fue tu bandera en tierras de narnia, -¿recuerdas?

mujer nacida entre ventiscas de versos,
con ojos que delimitan latitudes lejanas…
una palabra, una sílaba indecible tuya, me basta

deletreo de nuevo tu nombre
y me congela el silencio

petrificado de tus cosas, entre cuatro paredes
y mirando de lejos esa luz pequeñita
que tú eres

-190 riada-

cortapisas


“POR el vértigo loco de las horas
que se fueron, volando…
Por el dolor que nos cayó, de golpe,
como cifra de pago”.
Claudia Lars

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-ansia amurallada, era yo
-me dices-

y tú ganas flor primaria, cuando llegas
desplegada como un lápiz, pero sin pétalos,
sin tus pistilos, sin una sola palabra abierta

cara o cruz, y mis ojos
de gato andaluz te encuentran,
perdida entre tus ventiscas y mi oscuridad

ojos definitivos
emancipados para el contraste
de todas tus texturas y pliegues tibios, finos, exactos

te encuentro,
como la noche encuentra a su luna fluorescente

fantasía que nunca expira
a pesar del eco alucinante de otros labios, otras voces
como cortapisas de sueños nunca ventilados

ahora me voy, pero aquí te dejo un soplo y estas láminas de versos,
una caricia que vaga como una pestaña suelta, pa’ que la mires
y fotografíes de nuevo, el perfil de mi orfandad

-169 riada-

y te escribo versos…


EN este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.
Oscar Wilde.

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para ver trepar mi amor por ti
como la hiedra y soñar, con inscribirme
en las páginas abiertas de tu cuerpo

luego vagar como un recuerdo,
como un ruido o como el viento

para que seas mi camino incierto,
mi sueño, mi locura y mi mejor secreto

ah, qué magnífica sustancia es la palabra
que te adorna de una suave y sutil melancolía
así como de luna, pa’ después alzar vuelo

para mirar cómo el viento manosea
los blandos bordes de la tarde, como sintetiza
en frases y oraciones, la danza de colores que descalzos
tiñen de asombro alegre, a tus ventanas de ojos

para contemplar cómo los árboles
ajenos de equinoccios, tocan los climas
afinando los ecos más duros de toda nostalgia
sin quemarse, como esos locos que atrapan estrellas con las manos

-158 riada-

desde el mismo puente


“HEME aquí suspirando
como el que ama y se acuerda y está lejos”
Rosario Castellanos.

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me quedo en tus ojos
para mirar los riachuelos y alargar los días soleados
siempre, desde el mismo puente

me quedo en tus labios
y mientras tú me habitas, yo dibujo lunas blancas
en el huerto de tus palabras

me quedo en tus brazos
jugando a ser eterno, durante las horas más largas
como en un día de invierno

tus manos, conjetura de la luz
que junta y separa, accesorios míos para conspirar
entre tus alambradas pausas

 

-129 riada-

marinera


“AHORA resulta que, sin estrellas
ni embarcadero a la vista,
sólo nos queda respirar con paciencia”
Luis Enrique Belmonte.

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yo tropiezo como los suicidas, tú sabes;
como los borrachos, con el tráfico catastrófico
y contra los semáforos de tu rastro

tú eres el botín de mis insomnios
ese que se regodea en los descolores del alba

me delata es esta tonta incertidumbre
del papel y el lápiz que tiemblan
desde mi pupila terca

es tu emboscada,
entre mis esquirlas quietas,
ante lo cual me rindo, con mi torpeza en alto

y qué pronto se nos hizo tarde, marinera
para yo entregarte todo mi equipaje

pero este oficio mío -repleto de atardeceres-
es tuyo, a cambio de otro pronóstico geométrico
uno tan amplio, como el de tus caderas

-103 riada-