con los ojos descalzos


“ESPERO al poema atisbando su llegada
en el ápice mismo donde cruje
y levanta las alas”
Armando Rojas Guardia.

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como quien persigue unos granos de polvo
que al final, es lo que nos asedia

vamos como cicatrices
simulando ser jinetes redondos
sobre las formas planas del tiempo

y cuando ya ni siquiera ese breve colapso
nos sirva

otros proclamarán la eternidad de la poesía

solo el destiempo, será lo que la mano empuñe

esas coincidencias de glaciares eternos, al instante

evento único y accidental en que la palabra se eleva
desde la boca de un extraño ser que merodea
la vida, con sus ojos descalzos

…todo poeta

-riela 513-

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entre paredes lejanas


“¿PARA qué decir
que el invierno ha sido largo
cuando es dolor lo que digo?
Tua Forsström.

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cuando sientas tu cuerpo sumergirse
en la esplendidez
de la noche

y ya no tengas preguntas
sino un entorno silencioso
que llegue completando tu desnudez

-recuerda que soy + que un montón de frases
entre paredes lejanas

que la poesía no es tiempo presente
nunca

pero más allá de las arterias,
detrás de los abismos

después de un suspiro soñoliento, recuerda
hay otro cuerpo que te aguarda
entre hojas de cuadernos
parecidas a ti

-481 riada-

a la orilla de la chimenea


“PUEDO ponerme digno y decir
toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos
de un rato me llamas”
Joaquín Sabina.

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tú y yo, marinera
bajamos el silencio de las escaleras
para mirar si todavía el mar
suspira sus memorias
de naufragios

esas memorias que desfibran
de la blanca artillería de sabina

con el ruido del ocre sembrado al oído
con la ropa mojada, sobre el piso
y “a la orilla de la chimenea”

-460 riada-

ese verso que viaja


“HORA en que la luz baja
se inventa este momento
para recordarlo en un futuro irreal”
Griselda García.

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me gustan las miradas
que sin mediar ni medir distancias
seducen y capturan a esas dendritas de la nostalgia

ir más allá del pétalo dormido
donde el viento arrulla los niveles de ternura
de unas etiquetas moribundas grabadas en las espaldas del ruido

ser el náufrago eterno que en su contexto divisa
la distancia tangencial del tiempo, en el suave desplazar
de la arruga plana del verso, ese verso que viaja en el equipaje magnífico
de Dios…

-riela 435-

como un pájaro borracho


”HUNDO en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado”
Miguel Hernández.

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a desvestir horizontes, mi capitán
que lloviendo es como se olvida la lluvia -me dices

y eres tú mi alma, quien de un soplo
cambia la definición de sueño por la de constelación
y la dirección del viento por una postal sin sellos

tú, quien como un pájaro borracho
se desploma en arrogante estallido que disipa mis palabras

la que riega las semillas de esta incertidumbre
con su tos

la que se hace versos, con los ripios sagrados
de los amaneceres

-405 riada-

el anagrama de su ausencia


“SI nuestro encuentro llevara al recuerdo,
dejadle prisionero.
Si nuestro abrazo, a la pasión, pensadlo:
no habrá regreso”
Raúl Castillo Soto.

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-¿dónde encuentro yo ahora
las palabras de amor que me faltaron
para completar el anagrama de su ausencia?

-¿dónde ese vuelo de su risa de colegiala
que habitaba mis mañanas, y dónde aquel poema azul
que ella apretaba contra su pecho de río pequeño, sin tinta?

-¿en qué fragmento indescifrable de su mirada
perdí yo, la geometría de faro alcanzado y en qué cuaderno mío
no pinté para ella un paisaje de playa lejana, con palmeras y pájaros

marinera…
mi océano infinito de ilusiones estampadas
déjame otra vez, en aquel puerto traslúcido de zarpazos blancos
donde cada noche, yo colectaba estrellas y fabricaba letras
hasta completar su nombre

 

-riela 335-

largas cordilleras


EL vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro”
William Butler Yeats.

 

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yo apenas sobrevivo
al encastre subversivo de tu risa, como un castigo

cuando redundas la entrega
asombrada me miras, como a un hilo luminoso y te alejas

preguntando si habrá quedado entre los libros
algo de pan francés, sobre la mesa

no es el pan o su cantidad menguante
sino los pedazos y el estruendo de petardos tan distantes,
lo que me inquieta

del deslave de sábanas blancas y enmendadas
mientras el café lentamente se enfría
en el breve colapso de otra caricia

tampoco es el café, otras veces, sino esas fotografías en praga
lo que hace inaccesible tanta tonta tragedia
a los equinoccios relevantes del planeta

mientras agoto mis trazos de luna llena
al pie, de tus ya también, blancas promesas

que como tú, tienen la letra pequeña y su propia melodía eterna
sobre esas dos largas cordilleras, que son tus piernas

-174 riada-