doscientas veintidós palmeras


“VENGAN
quiero ponerlos
sobre las puntas
de mis dedos calientes
mariposa de invierno”.
Hilde Domin.

 

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meine liebe,
véngase pronto
pa’ este brocal lacustre

y pa’ la sombra
de las doscientas veintidós palmeras
que la urgen

sabe,
la luna aquí se deshoja,
las charcas sabotean de agua a las margaritas,
las pupilas abren y cierran como relámpagos repentinos

y la boca mía muere por el estallido de un beso suyo
en este cauce y a la hora que constela el alba
pa’ conspirar contigo

-222 riada-

desde el mismo puente


“HEME aquí suspirando
como el que ama y se acuerda y está lejos”
Rosario Castellanos.

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me quedo en tus ojos
para mirar los riachuelos y alargar los días soleados
siempre, desde el mismo puente

me quedo en tus labios
y mientras tú me habitas, yo dibujo lunas blancas
en el huerto de tus palabras

me quedo en tus brazos
jugando a ser eterno, durante las horas más largas
como en un día de invierno

tus manos, conjetura de la luz
que junta y separa, accesorios míos para conspirar
entre tus alambradas pausas

 

-129 riada-

saturando la vida


LOS poetas son un desorden en el clima, pienso.
Los poetas nunca están contentos. Los
poetas son
un tropiezo incómodo
en el lenguaje, un
accidente.”
Alberto Barrera Tyszka.

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llegas con tus roturas a cuestas y se narcotiza la noche
y yo: hila que hila, saturando mi vida de tiernos nudos

última ceremonia de esta noche -oficio de los insomnios, obvio-
ese sueño ya consumido, raudal que va desde tu boca al olvido

desbordada, como una cifra boyante en el mar, metros redondos,
alba en las alforjas y mechones largos de luna blanca…
así te concibe mi corazón, en esta noche salpicada de recuerdos

el mundo mío cabe en ti, pero eso no importa ya
es este golpe permanente de la melancolía, evocando tu transitar
de mujer bajo la lluvia, hasta que la noche se gane su olor a vainilla

todavía resbalan por tu cuerpo mis minutos y puedo verte:
invicta, ingrávida, distinta, de tinta fresca… ya ni siquiera diez soles
podrán borrar, las sombras que tus pasos han dejado en mi desierto

tú eres noventa por ciento del polvo que llevo encima y el resto de mí,
son tus cien lunares cual magníficos pozos de deseos, tu oficio de amante
recién descubierto en mi lado izquierdo y tus cosas simples amarrando versos

sin respuestas, ya sin tus círculos para adorar
ando yo, como andan los gatos a punto de saltar sobre la luz…
-¿me perdonas?, pasa es que esta noche ando anegado de tu ausencia

-100 riada-

tu sonrisa y media


“HACE mucho tiempo, muy lejos,
Estas cosas ya no pasan hoy en día.”
Bob Dylan.

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seis de la tarde en tu sonrisa y media

es el silencio más largo en tu mirada
de mujer hermosa bajo la lluvia

hay extraños desequilibrios mecánicos
en las rótulas de tus rodillas y errores estructurales
en las etiquetas de otras sonrisas que pasan, ruedan, vienen y van

no entiendo ese escozor del cual pintas tus distancias
mientras la orfandad de mis dudas se mece
en los ojos de la tarde y finalmente
desmaya

palabras al acecho de sueños ya prorrogados
trampa y reposo de la manzana más verde, más original

puntualidad en la subasta de antiguas piedras ornamentales
-como lágrimas- sobre el borde ansioso de un abismo
donde la piel todavía yace despierta

las olas menudas -lo sabes- llegan por ti, victoriosas
vestidas con hermosas escamas blancas

-70 riada-

hay un silencio


“LO andado nos sitia.
Camino en los bordes con venia extraña, de fondo. ¿Quién nos sostiene abajo? No veo la roca, lo último de la fundación, a donde no llegan las tormentas. Oscuro venero del adorador que arriba es espuma. Debajo Yace, contrafigura de una ausencia, lo incólume.
Rafael Cadenas

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un silencio que empuja recuerdos

la nostalgia exfoliada se espesa

la lluvia susurra con labios de ella
como dulce rocío adherido al desvelo

-¿seré yo
ese amante sin fortuna,
trueno fugaz o el silente cometa
-cada vez que se duerma la luna-
de la misma farola
con trenzas?

-riela 4-