tu tiempo de mujer


“ERES el arco iris, un bote de oro, mi piedra preciosa, la sal y la pimienta, la miel y la risa. Eres la hija de este papá”
Burke y Gerlach.

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te desvelas
y lloras en silencio, sentadita en la mesa

la densidad de una lágrima cae sobre el frío papel
y tú la miras, casi que milagrosamente convertirse en letra
que pronto se estremece y rueda

y le sonríes al asombro de verla crecer y correr
hasta convertirse en parte de un simple poema

me pides otro café
y no me explico cómo no te das cuenta -en ese corto suspiro-
que el segundo de lo que llamamos vida, ya sobrevuela
tu tiempo de mujer

amanece y se enfrió tu café, intacto
también el beso en la zancadilla terca de tu frente…

te amo hija

-429 riada-

como los temblores


“SIN embargo
hoy no estás y eso si es insalvable
es una nueva mutación del dolor”
Rocío Soria.

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de su mirada salta la metáfora
que hace cantos de los golpes de la lluvia

tan urgente como los temblores
o lentamente, como el viaje del árbol hasta la nube

cuesta arriba, como el pétalo en alas del viento hasta la nube
cuesta abajo, hasta amanecer de cara al mar, como los barcos que se minimizan

 

-riela 423-

bad temper


“COMO esos círculos de colores
que se confunden a la distancia con una línea recta,
tus viajes me hacían verte distinto de lo que eras en realidad”
Cecilia Romana.

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me inclino para leer tu simple traducción de:
“bad temper”, y luego sonrío

ay corazón, que late y late
sobre aquel, donde nacen las tormentas caribeñas

yo te miro amor mío, asomándote a  la tarde
y tú eres la que viene tarareando esos fieros poemas

entre la breña, donde habita la mancha más negra
y glucosa de mis abismos

 

-417 riada-

las riberas llovidas del sava


“EL verdadero amor no es otra cosa
que el deseo inevitable de ayudar
al otro para que sea quien es”
Jorge Bucay.

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me enseñaste que con tu nombre se puede incendiar al mío
y finalmente entendí, que tus piernas
eran las riberas llovidas del sava

te pedí ojos, y me diste una luna colgada
bajo el cielo de los piaroas

escapé de los cortes no cicatrizados de cindori para llegar a ti
y apenas quedan por allí, unas fotos mías
abrazado a tus silencios redondos

te amarré de pies y manos con poemas asfaltados de rojas guardia
y ya desnuda como su maja, te rompí mil veces
en palabras imposibles de reparar

te inventé unos vuelos citadinos, untados con miel y mostaza
y espanté pájaros que con divisas de ternura
sobornaban a tus párpados

te regalé mi bicicleta secreta de brisas para que remontaras tus sueños
y te hice mujer, en los hombrillos más angostos
de un noviembre sin hojas

te amé como el viento a las flores -totalmente desnudo y avergonzado-
como los niños a las esferas de jabón, como el barco a su puerto
como los suicidas, como los locos

bajo un cielo muy azul, con todas mis banderas
y sin ninguna partitura

-415 riada-

la hoja del árbol


“PORQUE si al fin te ajases, no lo olvides:
mis versos recomponen sus ardides”
Esther Giménez.

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es ese algo de muñeca
que se mece en estos versos
y que tú, simplemente tienes…

al aceptarte,
mi musa extranjera
como a una almendra frente a los espejos

transitando amaneceres
desde las más occidentales laderas
de tu espalda, sin clausuras

hasta la mística planicie
donde creciste como la hoja del árbol
que cayó a mi encuentro

-413 riada-

hay melodías


“HAY viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso, ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual?, ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos”
Aurora Luque.

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hay melodías
en las vertientes por donde surcan estos versos

como veleros
desiguales, que abandonan sus reflejos en el aire

porque nadie
los persigue, se ondulan y luego mecen suavemente

siempre ascendentes
sobre el unicornio azul que remonta las mareas

así recrean
silencios en las vidrieras donde se exponen los recuerdos

tan lentos
que crujen en momentos, en que se desdeña la alegría

-riela 409-

diminutas latitudes


“ROZO la turba de hojas y ramas,
los nombres que pasan,
sigo el curso de las estaciones nuevas.
El principio está ya lejos,
pura mansedumbre en el agua”
Dori Campos.

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diminutas latitudes de este amor
parecen conjugarse en tus pasos urgentes
e indiferentes frente al mar

de nuevo, y para que siempre me veas y oigas la voz
mi corazón se hace tambor y la alegría se levanta
como una flecha, alto, alto, muy alto

tu sonrisa de agua mansa, es eco en llamas que me evade
y es esa costumbre mía, de procurar el aroma del recuerdo mínimo
de esos ojos , bajo la sombra negada de una palmera

horizonte de ilusiones blancas, en ti fosfora el tiempo
y resplandece ese azul cielo, bordando de tu mirada a toda mi memoria
tu multitud de nuevo, es el desguaze aéreo de todas las golondrinas
que hoy conté

-403 riada-