bad temper


“COMO esos círculos de colores
que se confunden a la distancia con una línea recta,
tus viajes me hacían verte distinto de lo que eras en realidad”
Cecilia Romana.

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me inclino para leer tu simple traducción de:
“bad temper”, y luego sonrío

ay corazón, que late y late
sobre aquel, donde nacen las tormentas caribeñas

yo te miro amor mío, asomándote a  la tarde
y tú eres la que viene tarareando esos fieros poemas

entre la breña, donde habita la mancha más negra
y glucosa de mis abismos

 

-417 riada-

gendarme de mi poesía


“SE va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo”
Gabriela Mistral.

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ahora sé que ya no contarás las estalactitas de mi techo
y borrarás de tu cuello esas cifras de mar
que emergieron de mi reloj de arena

mantendrás quizás, el tatuaje de escalva celta
que el enojo querrá borrar de tu muñeca izquierda

no serás calle navegada, marinera de formas interrogativas
ni aquel país de formas alargadas a la deriva
como escapando de estaciones densas

hay argumentos que el arte aborta como a botones sueltos
instantes acurrucados a la cintura del sueño
sin palabras que los sepan descifrar

irrenunciable borrón y cuenta nueva
pequeña pizarra de mis naufragios
zapato y gendarme de mi poesía

hoy de nada sirve la lluvia, ni aquellos “ich liebe dich”
esqueléticos y asmáticos que te hacían sonreír

-396 riada-

bucles de caléndulas


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

en que todavía las formas infinitas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

los deseos
son pececillos que azulean la llama caída
-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-

entre las fumarolas


“SUBES y bajas
dentro de ti
y de cada acontecimiento
Trepas y resbalas
fuera de ti
con cada acontecimiento”
Alfredo Chacón.

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tú vas y vienes, tan frasquitera, navegando mi memoria
como los barcos

la luna, que ahora te alumbra, pero dulcemente ignora
todos los plazos

van quedando atrás, los gestos del mar en las farolas
como los años

y la oferta hermosa, de pájaros persiguiendo horas
que sin embargo

quedaron como destellos claros, entre las fumarolas
que nos marcaron

-330 riada-

el color de los muelles


“QUIZÁS porque mi niñez
Sigue jugando en tu playa
Y escondido tras las cañas
Duerme mi primer amor
Llevo tu luz y tu olor
Por dondequiera que vaya
Y amontonado en tu arena
Guardo amor, juegos y penas”
Joan Manuel Serrat.

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hoy me preguntas:

-¿de qué color son los muelles
por las noches cuando los sueños
zarpan?

yo no sé…

pero reconozco el ocre del hierro
cansado ya marinera de marcar rumbo sur
en sueños, y solo escuchar el eco del fantasma
de tanto sueño inaplazable

-289 riada-

la enramada oeste de tu pezón


“NO acaricies mis senos.
Son de greda los senos que te empeñas en ver como lirios morenos”
Juana de Ibarbourou.

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yo siempre presentí al sol
desde esa curvatura de tu seno izquierdo

con la torpe inocencia de los delirios
te he buscado desde que supe de catedrales y naufragios

ambiguo como la luz
sospechoso como el azar

pero con la alta definición del deseo en flor
te he esperado, como un animal sigiloso ante el abismo

con mis bolsillos repletos de tamarindos
a la sombra de la enramada oeste de tu pezón

-255 riada-

nostalgias repetidas


“SUENAS a silencio
a fulgor de luna que dormita entre agua y arena,
en la hora quieta.

Y se caen tus pasos
al compás de la noche
susurrando secretos…”
Vilma Reyes.

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esta calma de nostalgias repetidas

tonta, sutil y fiel melancolía
la que te busca, te nombra y te llama

imaginemos un instante en llamas
en que tus duermevientos se rebelen
y luego, nuevamente se te queden
dormidos en el alma

y si de repente se nos muere el olvido
que nunca se nos mueran las palabras,
que se queden las que ya están ancladas
en estos versos que ahora y aquí, te escribo

-231 riada-