ríos indómitos


“TE amo y te grito donde estés
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar”
Gioconda Belli.

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eran amores de muy poca evidencia
eran ríos inmóviles

resumen de las clepsidras
otros crepúsculos de efemérides luminosas

la fugaz estructura de los desmanes
pecado amarrado a unas piedras bajo el agua

esfinges con secretos como para quererlas tanto
en aquellos jueves sin brazos a la sombra de unos arboles

mirarla era un seudónimo, un enigma, un clamor de ausencia
esos enormes y verdes religión de ojos
esas sueltas y huidizas suturas de pestañas

yo husmeaba entre las palabras que ella desunía
al vuelo de su risa blanca como aquellas lunas enrejas
de noviembre

ella ahora es el polvo sublevado a la memoria
al final el olvido que va bordeando la vida
como a una isla

-riela 552-

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esa candidez minúscula


“LAS breves
muertes
de cada día
marcan
la distancia
entre nosotros
y nosotros”
Paura Rodríguez Leytón.

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mejor acostúmbrate
al sombrero negro de la duda

pero por si acaso, búscate
algunos granos de desasosiego
en la latitud de cualquier párrafo
dentro de la ebriedad de un libro

o quizás, en esa candidez minúscula
de todo círculo que encierra
el punto final de un poema

poeta

-550 riada-

a la orilla de la chimenea


“PUEDO ponerme digno y decir
toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos
de un rato me llamas”
Joaquín Sabina.

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tú y yo, marinera
bajamos el silencio de las escaleras
para mirar si todavía el mar
suspira sus memorias
de naufragios

esas memorias que desfibran
de la blanca artillería de sabina

con el ruido del ocre sembrado al oído
con la ropa mojada, sobre el piso
y “a la orilla de la chimenea”

-460 riada-

bad temper


“COMO esos círculos de colores
que se confunden a la distancia con una línea recta,
tus viajes me hacían verte distinto de lo que eras en realidad”
Cecilia Romana.

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me inclino para leer tu simple traducción de:
“bad temper”, y luego sonrío

ay corazón, que late y late
sobre aquel, donde nacen las tormentas caribeñas

yo te miro amor mío, asomándote a  la tarde
y tú eres la que viene tarareando esos fieros poemas

entre la breña, donde habita la mancha más negra
y glucosa de mis abismos

 

-417 riada-

gendarme de mi poesía


“SE va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo”
Gabriela Mistral.

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ahora sé que ya no contarás las estalactitas de mi techo
y borrarás de tu cuello esas cifras de mar
que emergieron de mi reloj de arena

mantendrás quizás, el tatuaje de escalva celta
que el enojo querrá borrar de tu muñeca izquierda

no serás calle navegada, marinera de formas interrogativas
ni aquel país de formas alargadas a la deriva
como escapando de estaciones densas

hay argumentos que el arte aborta como a botones sueltos
instantes acurrucados a la cintura del sueño
sin palabras que los sepan descifrar

irrenunciable borrón y cuenta nueva
pequeña pizarra de mis naufragios
zapato y gendarme de mi poesía

hoy de nada sirve la lluvia, ni aquellos “ich liebe dich”
esqueléticos y asmáticos que te hacían sonreír

-396 riada-

bucles de caléndulas


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

en que todavía las formas infinitas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

los deseos
son pececillos que azulean la llama caída
-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-

entre las fumarolas


“SUBES y bajas
dentro de ti
y de cada acontecimiento
Trepas y resbalas
fuera de ti
con cada acontecimiento”
Alfredo Chacón.

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tú vas y vienes, tan frasquitera, navegando mi memoria
como los barcos

la luna, que ahora te alumbra, pero dulcemente ignora
todos los plazos

van quedando atrás, los gestos del mar en las farolas
como los años

y la oferta hermosa, de pájaros persiguiendo horas
que sin embargo

quedaron como destellos claros, entre las fumarolas
que nos marcaron

-330 riada-