riela 717


“MI voz taciturna
extraña para no repetirte
y no recordarte”
Janina Camacho Camargo.

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y los geranios
todavía desparramados
sobre aquel mapa-cuerpo de su densidad

hoy parecen faroles distantes de luna
o cirios recién encendidos a la hipótesis lejana
de cierto límite, sobre las aristas pequeñitas del recuerdo
que aunque mío, siempre extraño
y ahora escribo

debe ser esta necesidad culpable
de su mirada, la que llena las vasijas
de la reminiscencia, desabrochándose como cantos de lluvia
sobre las orillas más sensibles
de este poema

-riela 717-

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703 riada


“LLEGARÁ prematuro el otoño y desnudará sus horas.
El frío adormecerá sus ramas heridas y no volverán a nacer las acacias.

Yo siento a junio tibio en mis hombros, pero al verla me pregunto:
¿qué laberinto de hojas secas me espera?

¿qué manos sostendrán algún día mi retrato
y recordará el futuro que aún no he vivido?”
Denise Vargas.

como luces trajinadas
a merced del desorden de las autopistas
es la poesía, la poesía, la poesía… mi feita

chorros indomables de párrafos, de versos que llueven
y llueven desde grandes o  minúsculos portales

-hay un extraño silencio después de un suspiro-
y revientan letras como hilitos al pie
de tus pestañas negras

de espaldas, como las gotas de lluvia, llegan
de nuevo, esas satinadas fragancias desde crepúsculos rojizos

y me roban toda tu espesura, a través de las ventanas

-703 riada-

riela 534


“MAÑANA estaremos huérfanos
y no me conducirás
al margen pequeño de la gloria
y habrá palabras contenidas
en otro:
‘Hasta mañana'”
Elena Tejada.

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mujer que desarma ruidos y destella asombros

déjame subir a tu taza de café con leche
para poder mirar las ofertas de otoño
esas que tú lees, como se leen
los horóscopos

luego, ven como lo hacías siempre
y llena de improvistos a la sutil melancolía
con la que antes vestías a los atardeceres

cuando eras la hoja que derribaba al viento

-riela 534-

457 riada


“TE ruego, vida, cuando me necesites,
asesina a los antiquísimos fantasmas
y déjame pasar”
Christian Zurieta.

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más allá de la fina arena
me gusta desconchar aquellos versos
con que hice sílabas de tu pie izquierdo

cuando quemaba la lluvia en su viaje inverso
y eras como el mármol sobre las trincheras del frío
el pájaro extraño que quebraba el hierro, en manso alivio

yo te iré lloviendo hasta el margen derecho de la hoja
donde escribo; así como el viento va empujando las horas
al rincón, donde ni siquiera soplan los silencios

perdóname esta forma de escribirte, más de setecientas veces
y ahora termino, cierro el suspiro y lo doblo despacito,
apago la luz de este instante
para que gane el olvido

-457 riada-

398 riada


“ÉL le regala su último adiós
La despide con la mirada envejecida
como quien ha visto tanto amanecer a su lado
que conoce todas las noches de su cuerpo”
Georgina Ramirez.

 

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me preguntas la marca y el modelo original
de esos pájaros que modulan
canciones de sabina…

y más me gustan tus mitades exactas de menos de 60%
de cualquier total

cuando cribas sobre el mapa de portugal, tus hebras de hembra
y relucen las estaciones para surtir de tus formas
al ruido de las mareas

me gustas cuando sujetas tu cabello
mientras exploras esos territorios alucinantes
a centímetros del beso

cuando se dilatan
las casualidades irrompibles de tus ojos

y como los navíos
emprendes ese extraño viaje entre las escaramuzas
que entrelazan la tarde con el rostro pirotécnico
de la noche

-398 riada-

369 riada


“EN las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?”
Vladimir Mayakoski.

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vestida de palabras minuciosas
para dilapidar otra madrugada

con el brandy nocturno imprecisable
y el cigarrillo en la mano ciega

como el bocado perfecto
para amanecer en una boca insomne

con el botín de rilke a bordo
eres como la hoja de un cuchillo

te basta sonreirme para escarbar
en el silencio donde vivo, como pájaro en la fruta

-déjame ser predicado, crepúsculo, gesto, partitura
musa desnuda, limpio pecado, suave llovizna, estación
mármol iluminado, postura de maniquí,
suspiro tuyo, misil… -me dices-

vaya precariedad la de tu oferta, mi dulce marinera
-te miro y sonríes de nuevo-

ahora, cuando el viento entre las hojas apenas llega
deletreando tu nombre de madera sobre mi cosecha inútil
de luz estridente y en el incienso,
ya ardido de la noche

-369 riada-

332 riada


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

todavía las formas infinitivas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

deseos
que parecen pececillos que azulean la llama caída

-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-