sucumbir en palabras


“En la religión de los besos,
eres tú la que alborota
y al final lo desarmas todo”
Ángel Valles C.

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por ti se escarchan todos los ruidos de la tierra
hasta sucumbir en palabras, ante el incendio de voces
que te nombran y te amontonan

me haré capaz del fuego y de la furia del agua
para llegar a ti, en las mil formas en que se muestran
los relámpagos

tocar ese lenguaje secreto que tiene tu espejo mágico
y mirarte sonreír

desvestida de esos colores que te robaste de una constelación
indescifrable; mirarte y entender qué es lo que te hace
mi cosecha de luz estridente tan domesticada
y tan salvaje

-ay, mi catira maria angelina… (decires de mi madre)
tú eres todo lo que a mí me falta y sobra
en los espléndidos extravíos
de mis calamidades…

cuando me miras
con esas dos cayenas rojas entre las manos

cuando la luna se queda quieta en los anaqueles
tropicales de esas, tus dos pupilas claras

-482 riada-

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no culpes a la escama


“CADA tanto, una hamaca suena a lo lejos
la mujer o la noche parten desbocadas

una de las dos
corre como a los cinco años”
Christian Hertel.

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no es la tal precariedad de luz de luna
lo que sorprende gratamente y alumbra
tus anticipados rastros de dudas

tampoco es ella la dueña
del suicida equipaje de letras
que te acompaña en las noches que sueñas

no culpes a la escama
cuando el silencio haga nido
en tus longevos percances de versos

…poeta

-riela 468-

la cara del poema


“AZUL a la deriva.
No hay duelo en los semáforos que guardan el camino
ni un abeto en tu puerta todavía”
Antonio Cisneros.

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desde entonces como quien brega
y ya no encuentra,
te acercas

rasgando la música de mis paredes
llegas sin certezas
ni reglas

golpeando fuerte al montón de mis desasosiegos
siempre tú, la que cierra el párpado sangrante
en la cara del poema

-414 riada-

entre hilitos de niebla


“CÁLIDAS impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra”
Gonzalo Rojas.

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mientras la luz dibujaba sus laberintos
entre la espesura de la lluvia

yo te miraba desde lo claroscuro de unas palmeras distantes
y la tímida ebriedad que mantienen las siemprevivas

te miraba…
buscándome entre los abismos
donde se extraviaron los últimos soles

y desde donde aún flotan, pequeñas lunas de versos
que permanecen inconquistables

ya en la víspera de todo olvido
quiero asomarme al lujo del brillo de tu mirada

como el último de los privilegiados mortales
me adhiero duro, a la aventura de los albatros
entre el trópico de capricornio y ese lienzo infinito
donde juegas a hacer tus fogatas entre hilitos de niebla

-373 riada-

largas cordilleras


EL vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro”
William Butler Yeats.

 

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yo apenas sobrevivo
al encastre subversivo de tu risa, como un castigo

cuando redundas la entrega
asombrada me miras, como a un hilo luminoso y te alejas

preguntando si habrá quedado entre los libros
algo de pan francés, sobre la mesa

no es el pan o su cantidad menguante
sino los pedazos y el estruendo de petardos tan distantes,
lo que me inquieta

del deslave de sábanas blancas y enmendadas
mientras el café lentamente se enfría
en el breve colapso de otra caricia

tampoco es el café, otras veces, sino esas fotografías en praga
lo que hace inaccesible tanta tonta tragedia
a los equinoccios relevantes del planeta

mientras agoto mis trazos de luna llena
al pie, de tus ya también, blancas promesas

que como tú, tienen la letra pequeña y su propia melodía eterna
sobre esas dos largas cordilleras, que son tus piernas

-174 riada-

no hay evidencias


“Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre”
Flor Alba Uribe Marín.

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no hay evidencias
que lo nuestro sea más que un sueño
de pirómanos del hielo

tampoco encuentro
faltas de ortografía en los folletos
ni en tu cuaderno de lluvias más lejanas

dame ojos para mirar
la timidez de insecto que delimita y desborda
como un regalo, sobre un libro

para entender, cómo es que a veces
me gana la alegría, y sobrepasa al instante del grito
de victoria, hazme surcos curvos en la boca

y te miro
con tu bandera de colores izada al alba
desde tus cordilleras de manos, con el mismo viejo pánico
a las ya acordadas rimas

-173 riada-