marinera del entrevero


“EL amor o es lluvia o es charco”
Javier Payeras.

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marinera del entrevero
la de ese aroma a café que efervece inquieto

tu mirada me trae la música
de lejanas bandadas

que para definir “entreveros” detienes
el gesto de los amaneceres

tú eres la de los ojos verdes
la del albo alegre que persigue trenes silentes
por los andenes del alma mía

la que pinta este noviembre
entre la algarabía y el silencio tenue
que pueblan de polen a tu sonrisa de niña

-605 riada-

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ojos de almendras


“MI historia está llena de silbidos y dédalos,
de voces y de veces, de jodidas preguntas,
de estaciones narradas para un inventario
de cicatrices y de resonancias”
José Luis Díaz-Granados.

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de ella nació hasta mis arterias
este rito fluvial y aquel pacto sagrado
de mis ojos con sus ojos de almendras

de ella, me gusta la luna tras la niebla escondida
y los bucles de su pubis al viento, deletreando
paisajes bajorrelieves sobre la arena

de ella, la risa y su extendida lengua
que provocan arco iris nocturnos
y un instante después…
desatan tormentas

-riela 556-

volantines, petacas y cometas…


“VUELA, vuela barrilete
sube todo lo que puedas
que el hilo de mi carrete
si no subes, se me enreda…

hoy en mi verso se destaca
el sencillo homenaje que yo hago
a las cometas o petacas,
volantines o papagayos.

Los sueños de mi niñez
tenían tanta entereza
que volaban en un dos por tres
al igual que mi cometa”
Alejandro Díaz.

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cuando lo bueno y lo eterno
lo bajito y más pequeño
levanta el vuelo

-alto, muy alto hasta las estrellas desmedidas
-sin adioses dignos, sin promesas ni efímeras despedidas

es cuando me doy cuenta de la textura contenta
que tienen los volantines, petacas y cometas…

que desde las manos de unos niños, simplemente
se elevan elevan elevan elevan elevan y elevan

-riela 539-

lluvia de minutos


“ELLA dice: soy una ciudad olvidada.
Él dice: soy un río.
Se quedaron en silencio
cada uno en su ventana
mirando su ciudad, su río”
Filipa Leal.

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estalla la lluvia de minutos
mientras que dulcemente, aquí engorda
la nostalgia

-¿te he llamado alguna vez memoria ardida?
es este caminar siempre descalzo sobre la dosis exacta
de melancolía

quiero escucharte
y que hoy seas por un instante, mi enemiga
implacable

ayúdame a encontrarte sobre la hora sobria, plana…
pero no, no estás y no estarás
jamás

eres el gesto de un dios enardecido, enseñándome
a contemplar las hojas más blancas
del silencio

me convoca otra noche áspera, suelta, convaleciente
todo parece un perfecto halago del día
equivocado

de alguna forma, se enciende y apaga el faro alegre
de tu risa lejana, al final de una avenida
entreabierta

-442 riada-

la música…


“ES como cuando una película acaba,
los nombres pasan desapercibidos,
la música de cierre termina extraviándose
en el sonido de los asientos
que se tornan vacíos”
Mario Morquencho León.

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la música se me hace agua redonda
bajo la vértebra húmeda de un beso suyo

el temblor distante de una estrella pequeñita
es el ala del ángel donde un dios escribió su nombre

y que después se hizo poema, sobre las limaduras
de los naufragios que perfuman la noche

-riela 438-