como a un soplo


“QUIERO mirarte, dejar encendida la luz.
Quiero no estar seguro de mis cegueras,
encender las esquinas de esta cama constante”
Maurice Echeverría.

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-el amor se adjunta, se canta y se escribe,
se aplaude como a los malabares,
se desarma luego, en déficit
de mitades paralelas
-me dices-

y tú me adjuntas andariega, a tus versos de agua,´
al azar entorpecido como si fueses aquella heredera llamada
florence foster jenkins, despeinada y al unísono

mi huracán de luces que cantan, mi estrella que nunca se derrumba,
mi eterna noche dispersa que llega, gira y golpea

y me escribes desde el milagro que brilla en los horizontes
con tus letritas de ojos verdes encendidas,
como un par de puertos distraídos

y como el polvo olvidado en las encinas, luego me dejas
tal cual jennifer lawrence en ‘passengers’
remota palabra soy, de un idioma extranjero

entonces aplaudes entre las celosías

sonríes
y me desarmas, como a un soplo…

-635 riada-

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riela la luna


“NO quedó ni un solo amigo en los estantes.
El espejo me quitó el habla.
(tuve que afeitarme
de espaldas a mí mismo)
Los libros clausuraron su gracia.
La música optó por desafinar.
Mis hijos perdieron la dirección de mi saludo.
Tuve que contentarme con llorar.
En ruso. En calma. En ropa interior.
Más nunca mostré mis nudillos.
Mi casa se llenó de periódicos sin abrir
y mangos que nunca caían.
Los mosquitos se aburrieron de tanta tristeza”
Leonardo Padrón.

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de nuevo, riela la luna sobre las miríadas de tus pestañas
y este corazón mío lanzando piedras y más piedras
al cartel de suspiros tuyos

en cada pupila que tú me asomas hay puertos pequeñitos
y desde mis asombros, emergen sin prisa como barcos,
las palabras

no te vayas, mírame zarpar y regresar sin la cadencia de rimas,
déjame estrenar amaneceres desde las comisuras mas tercas
de tu boca

-616 riada-

tallos blandos


“NO hay ley que detenga
el viento de los acantilados.

Nadie le pide visa
a la canción de moda.

La frontera es una línea titubeante”
Leonardo Padrón.

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vengo de acampar noches enteras
allá donde el ruido de tu voz
tenía tallos blandos

allá donde las ruinas de una muchedumbre de versos
entre tus ojos fijos y la luminosidad de una sonrisa tuya
me abisman a tu recuerdo

con esa peligrosidad de la poca luz nocturna

-555 riada-

hay melodías


“HAY viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso, ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual?, ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos”
Aurora Luque.

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hay melodías
en las vertientes por donde surcan estos versos

como veleros
desiguales, que abandonan sus reflejos en el aire

porque nadie
los persigue, se ondulan y luego mecen suavemente

siempre ascendentes
sobre el unicornio azul que remonta las mareas

así recrean
silencios en las vidrieras donde se exponen los recuerdos

tan lentos
que crujen en momentos, en que se desdeña la alegría

-riela 409-

vestida de palabras


“EN las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?”
Vladimir Mayakoski.

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vestida de palabras minuciosas
para dilapidar otra madrugada

con el brandy nocturno imprecisable
y el cigarrillo en la mano ciega

como el bocado perfecto
para amanecer en una boca insomne

con el botín de rilke a bordo
eres como la hoja de un cuchillo

te basta sonreirme para escarbar
en el silencio donde vivo, como pájaro en la fruta

déjame ser predicado, crepúsculo, gesto, partitura
musa desnuda, limpio pecado, suave llovizna, estación
mármol iluminado, postura de maniquí,
suspiro tuyo, misil… -me dices-

vaya precariedad la de tu oferta, mi dulce marinera
-te miro y sonríes de nuevo-

ahora, cuando el viento entre las hojas apenas llega
deletreando tu nombre de madera sobre mi cosecha inútil
de luz estridente y en el incienso,
ya ardido de la noche

-369 riada-

tu postal devuelta


“CUANDO el alma ya es carne,
cuando se vive desnudo,‭
todo el afuera es la propia hondura,
desde cada otro‭
se escucha el propio latido”
Hugo Mujica.

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un poco más allá de algunas voces…
-¿es demasiado pedir un pliegue tuyo
donde acampar y custodiar tu exacta multitud?

para someterme a tu púbica inquietud
me debo a los asombros de lo extrañamente menudo
de tu infinito costado, donde vigilan unas formas de núbil mujer

y acercándome a tu perfumada esplendidez, ya casi disuelta
hojeo la demora hasta copiarla pacientemente
sobre el clima victorioso y menos inédito
de tu cuerpo presuroso

mientras quedo ínfimo, callado, asfaltando con sueños
las confesadas ganas de saberme nuevamente
tu prolongado hastío, tu demorado gesto
tu postal devuelta

-367 riada-

tropezar sin estar


“INCLUSO sus propios pies
se apartaron discretamente de su camino”
Ewa Lipska.

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la memoria mordida
pero en la intimidad de otra boca

la nostalgia que supura
y se va transformando en derrota

el ruido flaco de sus imaginados pasos tras la puerta
para ella siempre abierta

tanto escuchar sangrar su risa
desde un sexo más abajo o desde un cielo más arriba

tanto tropezar sin estar
con su mirada moldeada sin esquirlas

lento despertar del bronquio asmático
y el de la materia sin átomos

súbita ansiedad en escaramuzas encontradas
escalando siempre, por paredes de su líquida amistad

-riela 364-