hay melodías


“HAY viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso, ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual?, ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos”
Aurora Luque.

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hay melodías
en las vertientes por donde surcan estos versos

como veleros
desiguales, que abandonan sus reflejos en el aire

porque nadie
los persigue, se ondulan y luego mecen suavemente

siempre ascendentes
sobre el unicornio azul que remonta las mareas

así recrean
silencios en las vidrieras donde se exponen los recuerdos

tan lentos
que crujen en momentos, en que se desdeña la alegría

-riela 409-

vestida de palabras


“EN las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?”
Vladimir Mayakoski.

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vestida de palabras minuciosas
para dilapidar otra madrugada

con el brandy nocturno imprecisable
y el cigarrillo en la mano ciega

como el bocado perfecto
para amanecer en una boca insomne

con el botín de rilke a bordo
eres como la hoja de un cuchillo

te basta sonreirme para escarbar
en el silencio donde vivo, como pájaro en la fruta

déjame ser predicado, crepúsculo, gesto, partitura
musa desnuda, limpio pecado, suave llovizna, estación
mármol iluminado, postura de maniquí,
suspiro tuyo, misil… -me dices-

vaya precariedad la de tu oferta, mi dulce marinera
-te miro y sonríes de nuevo-

ahora, cuando el viento entre las hojas apenas llega
deletreando tu nombre de madera sobre mi cosecha inútil
de luz estridente y en el incienso,
ya ardido de la noche

-369 riada-

tu postal devuelta


“CUANDO el alma ya es carne,
cuando se vive desnudo,‭
todo el afuera es la propia hondura,
desde cada otro‭
se escucha el propio latido”
Hugo Mujica.

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un poco más allá de algunas voces…
-¿es demasiado pedir un pliegue tuyo
donde acampar y custodiar tu exacta multitud?

para someterme a tu púbica inquietud
me debo a los asombros de lo extrañamente menudo
de tu infinito costado, donde vigilan unas formas de núbil mujer

y acercándome a tu perfumada esplendidez, ya casi disuelta
hojeo la demora hasta copiarla pacientemente
sobre el clima victorioso y menos inédito
de tu cuerpo presuroso

mientras quedo ínfimo, callado, asfaltando con sueños
las confesadas ganas de saberme nuevamente
tu prolongado hastío, tu demorado gesto
tu postal devuelta

-367 riada-

tropezar sin estar


“INCLUSO sus propios pies
se apartaron discretamente de su camino”
Ewa Lipska.

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la memoria mordida
pero en la intimidad de otra boca

la nostalgia que supura
y se va transformando en derrota

el ruido flaco de sus imaginados pasos tras la puerta
para ella siempre abierta

tanto escuchar sangrar su risa
desde un sexo más abajo o desde un cielo más arriba

tanto tropezar sin estar
con su mirada moldeada sin esquirlas

lento despertar del bronquio asmático
y el de la materia sin átomos

súbita ansiedad en escaramuzas encontradas
escalando siempre, por paredes de su líquida amistad

-riela 364-

la brevedad de una riela


 “PERO hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero”
Ángel González.

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la alegría con que yo te amo
se me acerca con sus fragmentos sueltos
para tocar otros fragmentos del reloj sobre mi mesa

y así es como robo estrellas
para marcar el rastro que tu risa va dejando
sobre la espuma de este náufrago poema

entonces,
te nombro y te llamo
desde la brevedad de una riela y llegas
encendiéndolo todo, como si fueras mil fogatas

-349 riada-

toda la memoria


“NO, no son los brotes de los árboles:
es que ciertas noches, amiga mía
nuestras palabras
perfuman”
Alessandra Racca.

 

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te llevas las horas de mi bosque de ventanas

mi rosa de los vientos, mientras giras caprichosa
devorándome en la noche, en que tú, quedas intacta

yo me amparo en esas sombras
y en las veces en que tú, te agitas y reposas

de repente, te detienes a contar estrellas
en mis versos invernales, tantos bajorrelieve

y todo se me rompe ante tus pestañas
y en la avalancha de ruidos
sin premura, se me borra
toda la memoria

-327 riada-

indescifrables


“DE los innumerables escalones
que conducen a mi corazón
él subió tan sólo
quizás dos o tres”
Yosano Akiko.

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amor mío…

-¿cuántos despertares se nos quedaron dormidos
en el vendaval de recuerdos, ya convertidos en lunas?

no es la palabra que golpea, la que hiere y duele
sino los resplandores fugados tras la ciega herida

-¿habrá algún planeta sin ventanas ni puertas
donde los pájaros en vuelo se hagan indescifrables?

-¿quién salva al adjetivo en pleno incendio de voces,
el loco o el mentiroso?

-¿por qué la piedra contra la puntual honestidad del verso?

-riela 264-