a punta de palabras


“ESCUCHO el viento,
su nombre que viene desde la ruta del desierto cuando las caravanas
de menhires deslizaban sus almas blanquísimas y ya estabas, estábamos ahí.
Cuando todavía no teníamos designio de los ángeles ni rostro humano.”
Norma Etcheverry.

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a punta de palabras,
tú naciste de nuevo en otro mayo
cuando venías de regreso en versos y nadie te esperaba

inmóvil, a pesar de las tempestades
como la niña que perdió todos sus creyones,
aprendiste que huir bajo la lluvia, es como quedarse

-¿y quién sabe, cuántas dudas son necesarias
para llegar a tener la edad, donde los sueños vienen con cerrojos
y contenedores metálicos para las lágrimas?

-256 riada-

el fragmento más frágil


“DE Chachopo a Apartaderos
camina Luz Caraballo
con violetitas de Mayo
con carneritos de Enero
inviernos del ventisquero
farallón de los veranos
con fríos cordilleranos
con riscos y ajetreos
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos”
Andrés Eloy Blanco

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un día le dije
que el amor se elevaría como el fragmento más frágil
de la post data estructural, en la minuta final de los tiempos,
y no me creyó…

un parpado custodiado, era ella
en aquella cajita misteriosa, dentro del equipaje
de mi maleta marrón, que flota como un cadáver sobre la última gota
de silencio eterno

y ante la extraña presencia de unos peces
en el caudal de las últimas estrellas metálicas
dentro de un círculo de fuego, desfallece un suspiro suyo, bajo la luz
de una lámpara de mesa

-riela 249-

más allá del ruido


“ESTAS paredes ya no existen
y aún ocupan un lugar.
Cruzamos puertas, soportes, soleras,
y aún los olores desaparecidos
están allí con los derrumbes de este tiempo”.
Rafael José Álvarez.

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más allá de la luz
mucho más allá del ruido
-cerca de nosotros-

sobre el litoral de la primera página
del libro sin autor, sin figuras
ni palabras

se asoma el croquis del viaje final

itinerario desolado
el del amor colgado de un labio
desde los tiempos de la erosión del agua

-riela 244-

los textos de aventuras


“QUÉ gloria,
qué majestad,
qué torpe reino.”
Alberto Barrera Tyszka.

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como en un libro de relatos fantásticos,
ella me regala su patio de tomates y de paltas
y todo se abre y estalla en mis noches más blandas

así como al ciego azar de los átomos,
como la tenue llovizna sobre el césped,
como la astilla a la proximidad de la hoguera

pero todo, con ese entusiasmo calculado
y con el estruendo de las palabras distantes
que se aplauden a sí mismas

es ese regocijo, casi geométrico
que tienen los textos de aventuras

-riela 240-

la piel andada


“EN las noches,
el mármol frágil de su silencio,
el preciado tatuaje, los trazos limpios
(han ahogado la luz
a la orilla; en la arena)
sobre la imagen tersa,
sobre la ofrenda inmóvil
de las praderas.”
Coral Bracho.

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devuélveme la piel andada
para nunca más volver a borrarla

mírate al espejo
desviste despacio esa estructura de tus abismos
para el vértigo hermoso bajo la ebriedad
de la lluvia

permite que te escriba, de nuevo
un poema a lo largo de tu pierna izquierda

sin que te duela
y que igual que los anteriores
termine en el dedo más largo de tu otro pie
con aquel: “para siempre”

-226 riada-

doscientas veintidós palmeras


“VENGAN
quiero ponerlos
sobre las puntas
de mis dedos calientes
mariposa de invierno”.
Hilde Domin.

 

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meine liebe,
véngase pronto
pa’ este brocal lacustre

y pa’ la sombra
de las doscientas veintidós palmeras
que la urgen

sabe,
la luna aquí se deshoja,
las charcas sabotean de agua a las margaritas,
las pupilas abren y cierran como relámpagos repentinos

y la boca mía muere por el estallido de un beso suyo
en este cauce y a la hora que constela el alba
pa’ conspirar contigo

-222 riada-

formas gratuitas


“Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro”.
Andrés Eloy Blanco.

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te irás una tarde fría de diciembre
frente a un crepúsculo derramándose como un café
y con la postal de la huida, en las manos

y regresarás, lo sé, con el mismo extraño equipaje
de las infinidades, en las mismas manos
pero ya sin el café ni la postal

tantas formas gratuitas
luminosas e impredecibles
para el viaje

y sin embargo,
la misma tarde se mantendrá indestructible
hasta el regreso del gesto, a la memoria

 

-219 riada-