el taller


  • -A Valería Paola-

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en el taller de la arquera
es donde fabrican gorriones
con el troquel de las risas,
en vez de usar las premisas
del níquel de las calaveras
de palabras recién adquiridas

en el turno de la mañana
se pintan ansiosas miradas
y se da brillo a las promesas
que tímidamente,
aquí en las tardes se espesan
y sin causar accidentes

en el taller de la hechicera
funden y forjan las ilusiones
y facturan a precio de oferta,
hay una lista de espera

con un gran inventario de sueños
ingrávidos y todos nuevos
que van y vienen, suben y bajan
y a pesar de no haber escaleras
viajan por las vigas carrileras
de la ilusión de una grúa puente

yo, por no ser dueño ni el jefe
solo trabajo pintando letreros,
aquí, en el taller de la dueña
y tengo contrato hasta febrero…

-riela 234-

pasar la página


¿SERÁ la rosa,
será tal vez el pétalo desnudo y transitorio?
Anjelamaría Dávila.

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puedo pasar la página
o hacerme lluvia y escampar en ti
mientras tú ordenas las horas que tiñen de colores
a los amaneceres

puedo reducir esas anchuras del tiempo
o sentarme a escribirte aplausos que parezcan versos
mientras tú regresas vestida de mar

puedo olvidar las otras voces,
esas que dan forma infinita a tu voz de primer día
mientras tú, despacio, te me haces hoja de otoño
entre las manos

-232 riada-

¿qué pensarían los gatos del cielo?


“POR culpa de los números
se me cayó la casa de la suerte
y hasta el amor más firme
se fue por la tangente”.
Violeta Luna.

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fue una soleada mañana maracaibera
y no en una noche de luna llena
en que yo, me enamoré de ti

fue por eso, que al principio
yo me negaba a que tú existieras

luego, temí que huyeras
al descubrir, aquellas empalizadas mías en ruinas

aquel montón de escombros, que quizás para tu asombro
te confieso ahora, me rodeaban a mí

ay amor,
-¿què pensarían tus siete gatos
y mis tres perros del cielo?

cuando llegaste tú,
transitada de suaves silencios
y te posaste entera, sobre mi cuerpo
y en poco menos que un asalto,
cortaste todas mis salidas
y consumías,
sin que mediara,
una sola palabra

en tu entrega
me rasgabas toda el alma
en un delirio de besos caídos
sobre tu puerto de lentos erizos
y en la dicha que desde tu boca
desembarcó como mi destino

-199 riada-

no es ventisca


“AÚN aquí, aún en los comienzos del amor,
su mano al abandonar la cara
da una impresión de despedida”
Louise Glück.

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aprendí del silencio, la serenidad pa’ esperarla
como los ríos esperan a esas tormentas que apabullan
y que nunca en realidad, desembarcan desde la eternidad

como las vocales nuevas que huyen de los diccionarios
llega sonriendo, me dice que detesta la lentitud
de los asombros de la luna, sobre las miradas
sin síntomas de un mar

y ella no es ventisca, es poesía y sin embargo:
-¿dónde fueron a parar aquellos pájaros empapados de nostalgia
y donde el aguaverde de esas madrugadas conque sus ojos
manipulaban al alba?

-riela 198-

d e s p a c i t o


“Camino para mirar las calles
y pretender volar con las alas rotas
como la niña que corría
retornando siempre a casa
con un as bajo la falda”.
Zazil Alaíde Collins.

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arrumados bajo el almendro
me jurabas que, siete por siete
era igual a otra madrugada contigo

para caer en tu emboscada
déjame hacerte noche primero, después
con tu fogata de labios, una gran llamarada

para que el alba nos encuentre habitando sombras
no censures mis palabras, tampoco temas al pentagrama
que mis manos, d e s p a c i t o vienen dibujando bajo tu falda

-185 riada-

largas cordilleras


EL vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.”
William Butler Yeats

 

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yo apenas sobrevivo
al encastre subversivo de tu risa, como un castigo

cuando redundas la entrega
asombrada me miras, como a un hilo luminoso y te alejas

preguntando si habrá quedado entre los libros
algo de pan francés, sobre la mesa

no es el pan o su cantidad menguante
sino los pedazos y el estruendo de petardos tan distantes,
lo que me inquieta

del deslave de sábanas blancas y enmendadas
mientras el café lentamente se enfría
en el breve colapso de otra caricia

tampoco es el café, otras veces, sino esas fotografías en praga
lo que hace inaccesible tanta tonta tragedia
a los equinoccios relevantes del planeta

mientras agoto mis trazos de luna llena
al pie, de tus ya también, blancas promesas

que como tú, tienen la letra pequeña y su propia melodía eterna
sobre esas dos largas cordilleras, que son tus piernas

-174 riada-

cuando venus se desviste


“QUE no signifique nada
más que pureza irrelevante
la sonrisa en la mirada transparente
que no quiere negar nada
ni decir más que mirada
uniendo lo que se une sin esfuerzo”
Carolina Massola

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un beso extraviado
atraca siempre discreto
sobre el puerto más prolongado del gesto
breve de una caricia

un beso muerto de miedo
es como una lentejuela en llamas
que arde temblando sobre el piso de la noche
o en el borde más apretado de una almohada

red de algarabías y silencios derramándose como minutos
son altares para la alegría, donde un beso
es una ciencia casi exacta, explícita
como unas ansias
y al margen
de cualquier distancia

la ternura baja sus banderas cuando los besos
se confabulan al alba, precisamente cuando venus
se desviste, a solas

-riela 167-