cántame


“TENGO una autoestima medicada
Una dialéctica muy peligrosa
Unos buenos recuerdos
Y este poema que nombra lo que tengo”.
René Segura.

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cántame canciones de amor
-tú, centinela de mi locura-

ponte tu vestido de luces de neón
y con dos por ciento de tu ternura
ven y derrama en mi oído tu voz
con canciones de rock o canciones de cuna

cántame como canta la lluvia
que un suspiro tuyo, me sustenta
esta noche se me ha perdido la luna
y siento que bailo solo en mi pena

cántame canciones de oleaje de mar
tú, mi presagio y mi falta total de congruencia
cántame canciones, que te quiero escuchar
mientras me enseñas a naufragar en tu ausencia

-208 riada-

no hay evidencias


“Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre”
Flor Alba Uribe Marín.

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no hay evidencias
que lo nuestro sea más que un sueño
de pirómanos del hielo

tampoco encuentro
faltas de ortografía en los folletos
ni en tu cuaderno de lluvias más lejanas

dame ojos para mirar
la timidez de insecto que delimita y desborda
como un regalo, sobre un libro

para entender, cómo es que a veces
me gana la alegría, y sobrepasa al instante del grito
de victoria, hazme surcos curvos en la boca

y te miro
con tu bandera de colores izada al alba
desde tus cordilleras de manos, con el mismo viejo pánico
a las ya acordadas rimas

-173 riada-

obvio


“HE zarpado
entre hiedras –ausente-
valga el impío argumento del sofisma
que postra este eco de aconteceres

No guardes de mí las cenizas…”
Anna Francisca Rodas Iglesias.

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no puedo negar el hollín que roe los pies de las paredes
tampoco el agua, tibiamente domesticada

cuando desde el costado onírico del espejo
sonríes al árbol de palabras, sin un balcón y en ropa interior

no puedo obviar la fórmula crujiente de tus ojos verdes
tampoco tu oficio de marinera, sobre sábanas inaccesibles

obviar mi temor en las subastas diarias de puntos débiles,
comas concurridos, adjetivos tóxicos, sustantivos con corbatas
y flacos signos de interrogación

mi temor a mal envolver, ese mar de astillas nuestras
en papel glasé, esperar que maduren y sean la noticia que trepa
por todo mi pueblo y en tu blanca ciudad

obvio, hasta que las máquinas solemnes de trementina
-que son mis versos- domestiquen una versión menos devaluada del coraje
y entonces, sí…

no pretendan otra cosa,
que no sea desvestir tu desnudez de letra

 

-168 riada-

ahora andas tú


“ME he ido acostumbrando
a tu ausencia
naranja
y a no añorar tu gabardina gris”
Anabel Torres.

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ahora andas tú
como una arandela metálica
suelta,
dando libres bandazos
y vueltas,
llenando de ruidos
el vacío
que es el centro de mi corazón

en tu testarudez de hechicera
siempre te sobró la confrontación

pero es tu actitud de entrega
y tus gestos de aquel enero,
una noche y frente al mar
lo que yo quiero
como a un hilo de luna,
volver a alcanzar

esos perdigones anoréxicos tan tuyos
¡ay amor!
cómo duelen en la tempestad

¡si tú supieras!
si tú supieras del trueque fantasmal
que acordé, anoche con la luna

…por una sola mirada tuya,
en vez de esas fotografías robadas,
dobladas y mojadas
que a veces, me toca contemplar,
yo pagaría con versos secos

-128 riada-

desde una estrella


“TODO es ascendencia a partir de esa hora.
Con la marea de los pechos, sube la sombra.
La espuma de mis labios te llega al cuello
y llegada al cuello me ahoga:
¿Cuántos nombres de eclipses sabrá tu boca?”
Pedro Olvera.

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ella cayó desde una estrella
mientras yo, simplemente me arriesgaba
en el énfasis de mi nostalgia

se materializaron los grillos y sus cantos triviales
las horas perdieron sus zapatos, mientras de ella se vaciaban
mis VOCALES DOMÉSTICAS (así de fuerte y en mayúsculas rodaron todas)

los atardeceres, de nuevo se asomaron
por las ventanas de ojos del mundo
a mirar la fiesta de Dios

ella, una noche y ya vestida de marinera
en la mitad de un incendio de luna sobre maracaibo,
me apuró a romper la cotidianidad de mis versos con los golpes
de su acento del sur

me enseñó ese sonido azul castaño, de las gaviotas en sus fotografías
y por fin, desarmó hasta la borrachera todas las anclas
y todas las amarras mías

-riela 68-