a punta de palabras


“ESCUCHO el viento,
su nombre que viene desde la ruta del desierto cuando las caravanas
de menhires deslizaban sus almas blanquísimas y ya estabas, estábamos ahí.
Cuando todavía no teníamos designio de los ángeles ni rostro humano.”
Norma Etcheverry.

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a punta de palabras,
tú naciste de nuevo en otro mayo
cuando venías de regreso en versos y nadie te esperaba

inmóvil, a pesar de las tempestades
como la niña que perdió todos sus creyones,
aprendiste que huir bajo la lluvia, es como quedarse

-¿y quién sabe, cuántas dudas son necesarias
para llegar a tener la edad, donde los sueños vienen con cerrojos
y contenedores metálicos para las lágrimas?

-256 riada-

zona de sombras


“LA edad es cuestión de sentimiento, no de años”.
Washington Irving

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la edad
es la sombra, en esa zona misteriosa
donde sobra, y almacena la humedad

nos asombra,
ver y tocar las cosas
donde crece y florece la orfandad

la edad

ese ancho mar que de pronto perdemos de vista,
que nos nutre y nos cercena, nos rompe en cada gesto

que nos da la serenidad, de total alma desprovista
de sentimientos, giros, ruidos, luz y rumbo cierto

-¿cómo habitar la zona gris de esa incertidumbre?
cuando ni siquiera el olvido es lo ya inquietante,
cuando lo vivido y no vivido se nos hace ya costumbre
y la ilusión se nos muere ante los ojos, a cada instante…

-riela 177-

la ventana de la tarde


“SÉ que un amor
puede volverse blanco
como cuando se ve un alba
que se creía perdida”
Alda Merini

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intento mirar a los ojos de la húmeda nostalgia
y escuchar los escándalos del agua, en simples naufragios
que traducen palabras desde el barro, en suculento desparpajo

arrullo la fantasía adherida al océano de luz, que ella habita

y en la torpeza del ruido de lo ya añadido:
-¿es necesario el ardor del sueño simple
que llega con la música por fuera?

hoy su boca, es la almendra servida en la ventana de la tarde

-riela 120-

vestida de promesas


“ESCRIBIR es fácil.
Lo único que tienes que hacer es cruzar las palabras erróneas”
Mark Twain

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sobrevive la quimera
sobre las pestañas de una estrofa

y se nos queda la vida entera
sin rimas, pero vestida de promesas

entonces, en la redención de un segundo
finalmente, un beso febril nos abre
la página de la dulce entrega

-riela 107-

primogénita del coquivacoa


“YO siempre amé al béisbol,
pero cuando mis piernas no estaban lesionadas…
era mucho más fácil amarlo”
Mickey Mantle.

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me sentí afortunado de tener junto a mí
las provincianas manos más blancas,
que jamás soñé

y las razones eran simples:

era el primer otoño
y la nieve era tan blanca,
como sus manos

blancas como las dos garzas inquietas que vencían
a los días domingo sobre la orilla morena,
tórrida y primogénita del coquivacoa

-riela 22-