de marrón a pelota


“TY Cobb vivía fuera del terreno como si deseara vivir por siempre,
pero dentro del terreno vivía como si fuera su último día.”
Branch Rickey

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en caracas
en la esquina marrón a pelota

nos ajamos
para después correr a empaparnos
en las esferas que nos sobraban de la lluvia

y volveríamos
pausadamente, cualquier otro día

como la mies de cualquier otro marzo
con las pupilas incendiadas de los colores
de los setecientos treinta y nueve pájaros
en cuyas alas, alguna vez revolotearon
los juegos pequeños y las pelotas de goma,
las carreras llenas de bases de cartón
y esa taquicardia de la ropa mojada
que nos vistió la niñez, de béisbol

-228 riada-

obvio


“HE zarpado
entre hiedras –ausente-
valga el impío argumento del sofisma
que postra este eco de aconteceres

No guardes de mí las cenizas…”
Anna Francisca Rodas Iglesias.

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no puedo negar el hollín que roe los pies de las paredes
tampoco el agua, tibiamente domesticada

cuando desde el costado onírico del espejo
sonríes al árbol de palabras, sin un balcón y en ropa interior

no puedo obviar la fórmula crujiente de tus ojos verdes
tampoco tu oficio de marinera, sobre sábanas inaccesibles

obviar mi temor en las subastas diarias de puntos débiles,
comas concurridos, adjetivos tóxicos, sustantivos con corbatas
y flacos signos de interrogación

mi temor a mal envolver, ese mar de astillas nuestras
en papel glasé, esperar que maduren y sean la noticia que trepa
por todo mi pueblo y en tu blanca ciudad

obvio, hasta que las máquinas solemnes de trementina
-que son mis versos- domestiquen una versión menos devaluada del coraje
y entonces, sí…

no pretendan otra cosa,
que no sea desvestir tu desnudez de letra

 

-168 riada-

pequeño arroyo


“TE amo.
Sin reflexionar, inconscientemente,
irresponsablemente, espontáneamente,
involuntariamente, por instinto,
por impulso, irracionalmente.”
Gian Pagliaro

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busqué entre cántaros de lluvia

la busqué en mi memoria
pero olvidé que era su mediodía libre
y no la pude encontrar

ni siquiera al minuto extremo del chispazo de unos atardeceres
entonces, pacté con duendes de la tribu luna

y me concedieron la dirección de su ventana de pájaro
pero a lápiz y escrito sobre un papel
cuando miré…

ya la lluvia había borrado a pequeño arroyo

-riela 110-