la hoja sin punta


“UNA cruz
una cicatriz
una ventana
todas duelen
todas se sellan
todas permanecen abiertas
o cerradas
en el tiempo”
Ricardo Mejías Hernández.

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tú eres la hoja sin punta
liviana, suelta…

el golpe de la gota
al íntimo arribo de su meta

el otoño dibujado
al borde tembloroso de una promesa

el relámpago ascendente
entre los extraños pactos de una tormenta

tú desarmas el vuelo de los relojes
mientras precipitas la peligrosa calma de la efervescencia

tú eres este poema que se muestra
como una cicatriz enorme entre las intermitencias

mi eterna taza de café
en los labios de tanto sueño celta

-576 riada-

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los labios del agua


 “NO traspongáis los flancos de esta muchacha jubilosa
o vería en vuestros rostros
el estúpido idioma de las ranas heridas.
Vedle los párpados”
Atilio Storey Richardson.

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-¿por qué los labios del agua
pincelan siempre la leve prisa, con la cual el deseo cruje
a los besos, como si fuesen instrumentos musicales de algún artista?

-¿por qué mejor, no me dejas abandonado
junto a este mar que ya aprendió a deletrear tu nombre de ola?

ay amor… pero nunca los jueves
porque la mañana esta muy blanca y si llueve
me quedo atrapado en mi infancia, mirando trenes

bien que mía, la culpa de quererte
míos los besos olvidados, que el polvo cubre junto a la fuente
míos aquellos blancos lirios, en dulce intento por perfumar tu frente

-451 riada-

veneno y calmante


“HE renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía”
Andrés Eloy Blanco.

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este amor…

ya no es como los amores de antes
cuando la ilusión paseaba de la mano, sin nubarrones negros
de tu casa a mi casa, silbando canciones eternas que ya no recuerdo

es dolor y a la vez un calmante
de todo lo vago, del ruido apagado en tu pensamiento
de tener que llevarte, como a un estandarte en contra del viento

me lleva del carbón al diamante
siguiendo las huellas de mis labios hasta tu veneno
así giras y gritas, yo rompo y aprendo hasta quedar sin aliento

-390 riada-

bucles de caléndulas


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

en que todavía las formas infinitas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

los deseos
son pececillos que azulean la llama caída
-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-

sucede a veces


“LA mesa redonda
las tres sillas:
estoy yo
está el que fui
y esperamos al que seré”
Julio César Rivera Andrade.

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sucede a veces, que dos manos iguales
son las tijeras y el chasquido

dos gotas irreverentes de agua
sobre los rosales del mármol lunar

-¿y qué nos queda de aquellas noches
frente al fuego, cuando nuestros cuerpos
eran los que moldeaban la simplicidad de los sueños?

-riela 233-

el poema


“UNA por una
te separo desde tus hojas,
hasta que, como una flor blanca, te enderezas
balanceándote ligeramente en el viento del atardecer”
Amy Lowell.

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la sílaba
es la rendija que resbala en las ventanas
por donde se asoma la poesía, y entonces respira

la palabra
es la impaciencia en la mirada
que persigue al vuelo descosido de unas golondrinas

el verso
es la maniobra que quiebra lágrimas
en el sutil instante del fracaso en las pupilas

el poema
es la astilla, el golpe, el punto final
de este intento suicida, que aquí simplemente termina

-riela 155-

almohada de piedras


“VOY a llorar sin prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto”
Sara de Ibáñez.

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nombro poesía
y se levanta el poema a contemplar los ríos de versos

las palabras crujen como partículas en su torpe hallazgo
y la musa ancestral insiste en ser incienso de los insomnios

metamorfosis del ángel al pie de la metáfora
y un pálido párrafo sin embargo, flota en el paladar

-como semilla- desde la almohada de piedras

-riela 124-