veneno y calmante


“HE renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía”
Andrés Eloy Blanco.

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este amor…

ya no es como los amores de antes
cuando la ilusión paseaba de la mano, sin nubarrones negros
de tu casa a mi casa, silbando canciones eternas que ya no recuerdo

es dolor y a la vez un calmante
de todo lo vago, del ruido apagado en tu pensamiento
de tener que llevarte, como a un estandarte en contra del viento

me lleva del carbón al diamante
siguiendo las huellas de mis labios hasta tu veneno
así giras y gritas, yo rompo y aprendo hasta quedar sin aliento

-390 riada-

bucles de caléndulas


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

en que todavía las formas infinitas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

los deseos
son pececillos que azulean la llama caída
-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-

sucede a veces


“LA mesa redonda
las tres sillas:
estoy yo
está el que fui
y esperamos al que seré”
Julio César Rivera Andrade.

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sucede a veces, que dos manos iguales
son las tijeras y el chasquido

dos gotas irreverentes de agua
sobre los rosales del mármol lunar

-¿y qué nos queda de aquellas noches
frente al fuego, cuando nuestros cuerpos
eran los que moldeaban la simplicidad de los sueños?

-riela 233-

el poema


“UNA por una
te separo desde tus hojas,
hasta que, como una flor blanca, te enderezas
balanceándote ligeramente en el viento del atardecer.”
Amy Lowell.

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la sílaba
es la rendija que resbala en las ventanas
por donde se asoma la poesía, y entonces respira

la palabra
es la impaciencia en la mirada
que persigue al vuelo descosido de unas golondrinas

el verso
es la maniobra que quiebra lágrimas
en el sutil instante del fracaso en las pupilas

el poema
es la astilla, el golpe, el punto final
de este intento suicida, que aquí simplemente termina

-riela 155-

almohada de piedras


“VOY a llorar sin prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto.”
Sara de Ibáñez

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nombro poesía
y se levanta el poema a contemplar los ríos de versos

las palabras crujen como partículas en su torpe hallazgo
y la musa ancestral insiste en ser incienso de los insomnios

metamorfosis del ángel al pie de la metáfora
y un pálido párrafo sin embargo, flota en el paladar

-como semilla- desde la almohada de piedras

-riela 124-

luna corpórea


“ES que somos tan inquietos. Sin embargo, concluido el viaje
sentimos que en nosotros -ya no rehenes
de la esperanza- había nacido otro temple.”
Rafael Cadenas.

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me ofrece un pasaporte y la taquicardia sin ropa
de unos atardeceres, pero es en su boca
donde el mar, se me hace jueves

quiere venderme un calendario nuevo
y me da crédito para otra bandera, pero es en su cuello
donde dos lunares, suman y suman tormentas

me regala versos, nombres de plazas, osadías,
mangos y arena blanca, pero es en la palidez de sus piernas
donde yo quiero, luna corpórea, flaca

-riela 118-

saturando la vida


LOS poetas son un desorden en el clima, pienso.
Los poetas nunca están contentos. Los
poetas son
un tropiezo incómodo
en el lenguaje, un
accidente”
Alberto Barrera Tyszka.

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llegas con tus roturas a cuestas y se narcotiza la noche
y yo: hila que hila, saturando mi vida de tiernos nudos

última ceremonia de esta noche -oficio de los insomnios, obvio-
ese sueño ya consumido, raudal que va desde tu boca al olvido

desbordada, como una cifra boyante en el mar, metros redondos,
alba en las alforjas y mechones largos de luna blanca…
así te concibe mi corazón, en esta noche salpicada de recuerdos

el mundo mío cabe en ti, pero eso no importa ya
es este golpe permanente de la melancolía, evocando tu transitar
de mujer bajo la lluvia, hasta que la noche se gane su olor a vainilla

todavía resbalan por tu cuerpo mis minutos y puedo verte:
invicta, ingrávida, distinta, de tinta fresca… ya ni siquiera diez soles
podrán borrar, las sombras que tus pasos han dejado en mi desierto

tú eres noventa por ciento del polvo que llevo encima y el resto de mí,
son tus cien lunares cual magníficos pozos de deseos, tu oficio de amante
recién descubierto en mi lado izquierdo y tus cosas simples amarrando versos

sin respuestas, ya sin tus círculos para adorar
ando yo, como andan los gatos a punto de saltar sobre la luz…
-¿me perdonas?, pasa es que esta noche ando anegado de tu ausencia

-100 riada-