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390 riada


“HE renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía”
Andrés Eloy Blanco.

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letanías
o simple desplome de tus convocatorias al estruendo marítimo

tú eres la mística coincidencia en todas mis incertidumbres
la brizna que empuja a las marionetas al borde blando del olvido

la trampa, el cerco, el dulce aliento
el quiebre total donde se fabrican todos los sueños míos

-390 riada-

332 riada


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre sobre la alfombra de una tarde

todavía las formas infinitivas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

-332 riada-

riela 233


“LA mesa redonda
las tres sillas:
estoy yo
está el que fui
y esperamos al que seré”
Julio César Rivera Andrade.

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pasa a veces que dos manos parecidas
son las tijeras y el chasquido

dos gotas irreverentes de agua
entre los rosales del mármol lunar

-¿y qué nos queda de aquellas noches
frente al fuego, cuando nuestras manos
eran los que dictaban la simplicitud de unos sueños?

-riela 233-

 

riela 155


“UNA por una
te separo desde tus hojas,
hasta que, como una flor blanca, te enderezas
balanceándote ligeramente en el viento del atardecer”
Amy Lowell.

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la sílaba es la rendija que resbala en las ventanas
por donde se asoma la poesía y entonces respira

la palabra es la impaciencia en la mirada
que persigue al vuelo descosido de unas golondrinas

el verso es la maniobra que quiebra lágrimas
en el sutil instante del fracaso en las pupilas

el poema es la astilla, el golpe, el punto final
de este intento suicida que aquí simplemente termina

-riela 155-

riela 124


“VOY a llorar sin prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto”
Sara de Ibáñez.

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nombro poesía
y se levanta el poema a contemplar los ríos de versos

las palabras crujen como partículas en su torpe hallazgo
y la musa ancestral insiste en ser incienso de los insomnios

metamorfosis del ángel al pie de la metáfora
y un pálido párrafo sin embargo, flota en el paladar

-como semilla- desde la almohada de letras

-riela 124-