entre pálidas muecas


“QUÉ edad, qué frío, qué tormenta
puede ser más terrible
que una noche
a solas,
una noche sin nada, una caverna
olvidada, un pasaje secreto,
de hielo”.
Isabel de los Ángeles Ruano.

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ya me has explicado entre pálidas muecas:

-la razón de las formas femeninas en el impacto de los meteoritos
-la paz de los muertos, aún bajo la anarquía de las tormentas
-cómo es que las desaveniencias en tus apuros al orgasmo
nunca diezman la ilusión de los detalles
-lo complejo de lo escueto de ser tan bella
y entenderlo, sin la arbitrariedad improvisada de algún defecto
-las horas de los contrastes, cuando tu reloj se me hace polímero azul

marinera…
la del silbato alegre desde las almenas de mi vida
ahora te pregunto, con las cosquillas de la curiosidad al hombro:

-¿en qué lunar
de esos tres que mantienen sitiada tu boca
se planifica la arquitectura tan hermosamente catastrófica
de tus besos?

me miras,
sonríes un centímetro
mientras tramas algo de seriedad en tu respuesta

-307 riada-

luna corpórea


“ES que somos tan inquietos. Sin embargo, concluido el viaje
sentimos que en nosotros -ya no rehenes
de la esperanza- había nacido otro temple.”
Rafael Cadenas.

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me ofrece un pasaporte y la taquicardia sin ropa
de unos atardeceres, pero es en su boca
donde el mar, se me hace jueves

quiere venderme un calendario nuevo
y me da crédito para otra bandera, pero es en su cuello
donde dos lunares, suman y suman tormentas

me regala versos, nombres de plazas, osadías,
mangos y arena blanca, pero es en la palidez de sus piernas
donde yo quiero, luna corpórea, flaca

-riela 118-

cirro golondrina


“EL tiempo hace conmigo
lo que las mareas a los vidriecitos
—los deja opacos, sin filos—”
Flora Francola.

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como un cirro golondrina
llega desinteresada y limpia,
numerando los estragos del tiempo encima

como si fuese un hermoso lunar recién visto
se descuelga para poner su mancha
sobre la alfombra de la tarde

-es la época en que la hoja muere-

y ella, apenas alude al camino
y a la pisada crujiente del transeúnte
que la delata

-riela 37-

treinta y siete segundos de silencio


“LO que no digo me persigue
se instala en el día,
lo corroe.”
Rafael Cadenas.

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llenando con palabras las gavetas de la noche
mientras dejo a remojar estos versos sobre la bandeja imprecisa
donde yacen sueltos unos granos de luz

pero nada se mueve sobre la tumba abandonada
de preguntas, de recuerdos,
de esbeltas dudas

si solo se escuchara ese mínimo latir
de las brasas de su voz…

-riela 35-

siempre tendremos un ocaso


“LLEGUEMOS a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.”
Rafael Cadenas.

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siempre habrá otros menesteres,
otros labios y otras manos,
otros países y otras voces

siempre tendremos cicatrices incendiadas
y todas las lunas sobre los cielos de maracaibo,
islas de atardeceres, bandadas de apresuradas mariposas

siempre tus piernas tendrán laderas blancas
y lunares, siempre el viento golpeará las mismas empalizadas
y yo siempre regresaré a ti, por las calles más estrechas

siempre tus ojos serán esas imperturbables ofertas que adversen
mi tristeza, las estrellas más fugaces, flautas, agua contra las armaduras
tú siempre serás ese relámpago ascendente que asusta a los gatos

y siempre, siempre tendremos un ocaso
donde mirarnos, donde podrás aparcar tu cabeza
y tus sueños sobre mi pecho,  ya convertido en calma orilla, en playa

-28 riada-

hay un silencio


“LO andado nos sitia.
Camino en los bordes con venia extraña, de fondo. ¿Quién nos sostiene abajo? No veo la roca, lo último de la fundación, a donde no llegan las tormentas. Oscuro venero del adorador que arriba es espuma. Debajo Yace, contrafigura de una ausencia, lo incólume.
Rafael Cadenas

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un silencio que empuja recuerdos

la nostalgia exfoliada se espesa

la lluvia susurra con labios de ella
como dulce rocío adherido al desvelo

-¿seré yo
ese amante sin fortuna,
trueno fugaz o el silente cometa
-cada vez que se duerma la luna-
de la misma farola
con trenzas?

-riela 4-