guayunata


“LINDA guajirita yo te estoy queriendo
Y por tu cariño
Yo me estoy muriendo
Siempre me decís que soy majuraz
Y yo solo digo chinita anapiakay

Ay tapula pia makanaka taipunai
Guayunata linda ta chequem pia”
Rafael Rincón González.

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mi musa y garulla
mi baraka de siempre,
guayunata que me sostiene
los candelabros de la lluvia

ella es la maja del disparo alegre
mi guaricha de las mañanas,
chama siete tres nueve
la de las naranjas

andariega…
ella es la que llena
con sus lunares, las graderías del alba

frasquitera…
cuando ella navega
y suelta, sin saberlo; todas mis amarras

-riela 530-

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la latitud de sus afanes


“Y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón”
Anne Carson.

 

 

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levantadas -como la falda de la noche-
se sueltan sus formas subrayadas
desde las elásticas claridades
donde la hiedra baña de ardor
al labio roto

y ella dice que me ama
con su propio desenfreno,
desde la latitud de sus afanes
hasta llegar convergente al salitre de una playa
donde el deseo escarba entre cadáveres de mariposas blancas

mientras,
amontonamos versos negros bajo la luna descafeinada

-riela 515-

la alegría se derrama


“GUÁRDAME en tu mano
-para siempre lejana-
el esplendor tenaz de esta ceniza”
Aldo Oliva.

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arden los labios
un dios nocturno nos mira
ya desvestidos de intemperie

y yo, dibujando soles rojos

en terca prontitud tiemblan tus laberintos
y entonces llueve…

la alegría se derrama
como en cantos de chicharras

y todas las certezas
están presentes en la geometría ardiente

y casi perfecta
de tu vientre

 

-486 riada-

pocas veces


“QUE suerte sentir los golpes, ver los moretones y la brisa que los toca.
Que suerte morir para renacer en las palabras no dichas.
Que suerte contar soledades en las gotas de la lluvia.
Que suerte ser otro humano”
Angélica Hoyos Guzmán.

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a veces
perdemos la cabeza y hasta el nombre
sobre una acera en plena bitácora minuciosa
de una muchedumbre de esas, de circuitos deslumbrantes

otras veces
encontramos pedazos de níquel con caras conocidas
botellas vacías, fósforos castrados en la cremallera de los asfaltos
días con nombres de planetas, amores mal escritos en envolturas de menta

pocas veces
ganamos algo con esta profesión de arrendador de promesas
con esta espuria pretensión, tan desmesurada, desconceptuada y poco circunspecta
de querer vestir con poemas hasta ese aleteo microscópico que tienen las estrellas

 

-riela 483-

la diástole a mansalva


“UNA insurrección, un poema, un amor, un trabajo, son del registro de la perfección”
Marc Perrin.

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no era entonces una mujer
más bien, un río pequeño, sin cauce
otras veces, ella era como una hoja suelta, sin punta

siempre fue un error inadvertido, jamás corregido
la levedad sin límites de unos guijarros
devenidos del horizonte

pero un día, libre de transeúntes inútiles
la huella pequeña de su pie
calzó sobre mi huella
y se hizo paso

la inventé mujer
en el estallido de un crepúsculo
después, la habité largamente prisionera sobre témpanos
gigantes de lunas, que no sabían de sus catorce signos zodiacales

ella, ahora es la diástole a mansalva
otras veces, la que habita en las ruinas del mármol
sobre poemas de vallejo, que sin razón alguna
se me quedaron sueltos…

-riela 480-

montón de cicatrices


“QUE cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido”
Rafael Cadenas.

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mi feita va y viene
entre matáforas alcalinas
mientras el viento mece su colección de cosas simples

agosto es como “muchas pequeñas heridas”
y es ella siempre, quien entre las manos sostiene
mi montón de cicatrices

empalmando abril, saboteando mayo, borrando octubre -me dice:
es como se van juntando islas sobre ese eterno salitre
donde tú y yo nos miramos como a efímeros eclipses

-riela 472-

soñolienta la luna


“El hijo de la búsqueda continua es, de
todos los hijos, el que nunca sale, el que
nunca elige, el que de un modo estable
y rítmico, se deja invadir”
Emiliano Bustos.

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soñolienta la luna tiende sobre los campos, ríos y mares
todo su mantel de luz

los pájaros que van huyendo del ruido
alcanzan a pintar sus lienzos

y va quedando la vida tan vacía,
como un patio sin niños

en soledad
los saltos del silencio se asoman entre los naranjales

ah, si los versos escritos a mano en esos viejos cuadernos
fuesen de lino, algodón o de encajes más tersos
y finos…

a la orilla de uno de esos versos, un niño camina
sobre las costuras que destronan
a las piedras, y sonríe…

son suyos los sueños sin partituras,
los más limpios y menos programados que dormitan
en la hamaca wayuu tensada entre el costillar
de unas palmeras

-riela 459-