una pausa eterna


“UNA lluvia de un día puede no acabar nunca,
puede en gotas,
en hojas de amarilla tristeza
irnos cambiando el cielo todo, el aire,
en torva inundación la luz,
triste, en silencio y negra,
como un mirlo mojado.”
Ida Vitale

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siempre para mí
un beso suyo es un día claro
una ventana abierta

todo tiempo entre dos besos
es una larga noche

una pausa eterna

-riela 75-

federica y lola


“EL Mar
juega con la Botella
la desnuda
la enreda entre sus patas azules
le da vueltas”
Ana María Iza.

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me paseabas y mostrabas la misma ciudad sureña de siempre,
con tu alegría rozando mi ropa y tu estrategia
del beso y asombro de siempre…

-antes que el mall -me decías- aquí estaba la embotelladora
de sueños y más allá el bar “streap tease”,
donde bailaban federica y lola

y me enseñabas tu pecho

yo todavía construyo y reconstruyo
y algo de ti, aún anda salivando en mi boca

las desveladas manos de obrero que tengo
todavía sostienen los fósforos
que me alumbraron al pozo
de tus pupilas rurales

bendita tu cinta transportadora de besos
benditas las ruinas y la maleza de entonces
benditos los puentes caídos y las tuberías rotas

y bendito sea este día que deshoja conmigo
tu hilarante sonrisa aún vestida de rojo

-64 riada-

tu cuaderno


“MÍRAME aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable.”
Alfonsina Storni.

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un cuaderno nos llega con sus títulos de neón
sin ni siquiera una frase mal pronunciada

con apenas un sueño hermoso ya escrito, sin palabras,
con las medidas apropiadas, impecable de instantes
para el ruido de tus pensamientos, para la frase de amor por definir
y para ese humo de recuerdos mínimos que ahora van de paso
-como van de paso los días invictos de tus anhelos-

si, por fin tenemos tu cuaderno nuevo, único, con esa alegría
que despiertan los tamarindos, con ese olor de la algarabía de van gogh

con las líneas aún frías para los ríos de tinta que se avecinan
y el volumen necesario para calcular y guardar noches hermosas,
tus noches amarillas, redactadas entre los girasoles de la abuela

hija, el tiempo sangrará en cada hoja y se te hará cicatrices
mientras acecha tu lápiz minucioso, el que ahora cojea ante un suspiro tuyo
que te anda merodeando y tartamudo, repasando tus sueños desvelados
de ya mujer…

-61 riada-