hojalata nocturna


“UN hombre sabio,
Mirando las estrellas cruzar el cielo,
Comentó:
En las capas superiores de la atmósfera
Las luciérnagas se mueven con mayor lentitud”
Amy Lowell.

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son las gotas de sus pasos
a ras de las sábanas, mi magnífica armadura

tentadora oferta la de sus pies descalzos
que aligeran la evidencia y dilapidan mis preguntas

cuando anidan en mis manos sus pechos blancos
y el aguacero de sus ojos claros, mi mejor aventura

siempre… son las gotas de sus pasos
las prendas que busco en la hojalata nocturna

-riela 662-

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pequeños miedos


“LA palabra trueno vuelve
a vibrar entre las hojas
como un volcán
como el océano
se estrella contra la frente de quien
sin pensarlo pero a sabiendas
vino a dejar sus pasos —
la huella de sus pasos
aquí
en esta orilla”
Teresa Arijón.

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mírame de nuevo
que tu mirada es perfecta y perdura en el tiempo
lo que la reparación de un beso

háblame luego
que tu voz senda mía, es el cauce tibio y seco
del total desguace de mis pensamientos

piénsame así, en silencio,
con ese estruendo hermoso de tus estrafalarios deseos
rodando los metros más permeables de mi cuerpo

ven, amándome en secreto
mientras me represas en sueños,
en aromas, en gestos y en pequeños miedos

-628 riada-

esquirlas luminosas


“DIME,
dónde estaciono la distancia de tus manos,
la ola, tornaviaje de otro libro sin brújulas”
Anna Francisca Rodas Iglesias.

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lo que se calla no es silencio
ni la palabra es lo opuesto

a solas…
no siempre es ausencia o es una derrota

el secreto, a veces
es la usurpación revelada contemplativamente

la pérfida ironía
de la noche vaciando sus cántaros de luz, lejana, tardía

-¿y qué somos, amor mío
a la deriva entre tanta sombra?

-¿acaso,
esquirlas luminosas?

-593 riada-

a cántaros la vida


“VALPARAÍSO,
reina de todas las costas del mundo,
verdadera central de olas y barcos,
eres en mí como la luna o como
la dirección del aire en la arboleda
Pablo Neruda.

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a cántaros la vida
aunque se nos esté muriendo el alma,
que aborígenes son las gotas de la alegría
pero tan efímeras, como las lágrimas

-¿amor?, ¿pasión?, ¿deseos?
aunque muerdan con mucha rabia
simplemente son destellos
únicos sí, pero tan breves llamaradas…

-riela 579-

páginas de un encuentro


“REÚNE la lluvia
en la boca, reserva

un poco de agua

para el silencio
donde habrás de remar”
Marie Lundquist.

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tocaste puerto
en la cavidad íntegra
y menos marítima de mi silencio
abriendo y cerrando páginas de un encuentro

conquistaste el verde, el azul y hasta los tonos rojos
y a todos los contornos de la ceniza amarilla
de nosotros

-los de aquí
-los de allá
-los absueltos de tanta temblorosa curvatura oceánica

venías de tan lejos, para acampar junto a la palmera sin sombra
sobre esta orilla llena de gajos de luceros
tantas veces prorrogados

-563 riada-

asimétricas nostalgias


“EMIGRA mi alma a cualquier rincón para buscarte.

El trino de la lejanía, suave y delicado,
se esparce, sacude y hace eco.

¡Bonita!, te imagino como eres”
Salvador Pliego.

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asimétricas nostalgias las que llegan
y condecoran a todo este silencio insomne

se hacen versos desmineralizadores de lunas
y surge un cuerpo de mujer que riela como las treguas

ya no tardes luz” -grita el loco
que necesita la punzada luminosa de un amanecer

nada importa, sino morir abotonado a la locura” -piensa el suicida
ese mismo que araña a las estrellas fugaces

y todo…
hasta obtener los suficientes segmentos de pájaros en las manos
que trasciendan las insuficiencias del ocaso

-riela 559-

particular alcurnia


ANTES del soplo natural
de la palabra, fue la luz
grafismo y vez
para la urgencia de metáforas”
Gilberto Castellanos.

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hay palabras que carecen de un puerto
de un cuello, de un tono estratégico y de ganas para volar

ahora escurre una estrofa íntima y ya desnuda
entre los escombros de viejos muros de palabras, me mira y se va

sucede es que la amé como a la arena del mar
tercamente atascado a su ombligo, sin códigos ni brújulas

pasa es que la tuve peninsular, y ella
me hizo alfombra navegada, con el solo pabilo de una mirada

y la miré, como se mira a los relámpagos
cuando ella era la lluvia y tiritaba frente a un espejo vectorial
como una hoja recién aprendida

después la supe instrumento musical,
cima en llamas que alumbraba mi arsenal de sombras,
locura banal cuando la noche no tenía las salpicaduras de su rostro

y al final, es esta particular alcurnia trepando los costados abismales
de tanto desasosiego, lo que hace ahora una simple parodia
de estos versos…

-riela 551-