las averías en las caracolas


“TENGO un pasado insomne,
he dormido en algunos corazones,
he sido adicto a los dramas,
he dejado amores sin usar
por miedo a cumplir promesas que nunca hice”
Diego Ojeda.

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tú que sabes tanto de la lluvia
griséame lentamente a estas horas,
adejetízame de tus formas
y anula de una vez,
las averías
en las caracolas

bórrame las claves de tus hogueras,
rómpeme los motores de mis quimeras
y despíntame de ti, si puedes marinera…

pero no llueve y la noche todavía es joven

mira ese cielo estampado de sueños
tuyos y míos…

háblame esta noche de saturno o de júpiter -no importa-
mientras me ventilan estos versos en la boca

dime si allá hay ciudades, habitantes
si hay montañas y valles
-¿tienen nombres, como aquí todos tus lunares?

y sus lunas… -¿son de arena o son de agua?
-¿o son largas y flacas
como tus piernas o quizás redondas, suaves y blancas
como tus pechos?

esos que siempre me atrapan
a pesar de ser geométricamente incorrectos
pero tan hermosamente geográficos, perfectos…

ay amor, mejor no me digas nada…
desnúdate y desnúdame de planetas y de estrellas
hazme parecer un simple río de nuevo
otra vez y otra, el caudal al ruido de tus besos

de manos recorriéndote -pero ya desprovisto de palabras
de dudas, de promesas de planetas y lunas, de palmeras lejanas…

 

-570 riada-

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diferente a uno mismo


“LOS pájaros cantan tras la tormenta -¿por qué no va poder la gente deleitarse con la poca luz que les quede?”
Rose Kennedy.

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miradas que perfuman apuntando siempre al alba
es ella, devorándose los párpados

escurren en silencio
duras ganas en nuestras blandas manos
es la metamorfosis de la nada, diferente a uno mismo

aquí y con ella, yo aprendo del barro
harapientas luminarias al viento fuimos, aún somos
hasta alcanzarnos como dos granos de arena

-¿cuánto hace que el cuervo de frost
se posó sobre la última rama?

-le pregunto y ella sonríe…

-tú y yo, somos una escaramuza sin fecha escrita,
dos armas peligrosas, extraviadas sin tags de ruidos -me dice

y ahora no me preguntes por qué ni cómo así -sentencia
seriamente ella- entre largos sorbos de su café

-riela 521-

el viento apenas


“NO conocían el mar
y se les antojó más triste
que en la tele,
pájaros de Portugal

sin dirección ni alpiste
ni papeles

él le dijo vámonos
Dónde le respondió
Llorando ella

lejos del altar mayor
en el velero pobretón
de una botella”
Joaquín Sabina.

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con tu copete de colores
torrencial, como el abismo de un mediodía
y con el marfil de tu sonrisa tallada sobre todos los afiches

llegas
con esa culpa casi impalpable
de la llovizna que espesa hasta convertirse en lluvia

desarmas y luego juntas tus pedacitos de palabras
y en las ramas de tus manos
tiemblan dos cafés

al fondo siempre sabina… esta vez: pájaros de portugal
y tú eres ese pájaro ya hecho un tilde, que regresa

el viento apenas
ese pincel que usas pa’ dibujarte

-514 riada-

sutil encuentro


“LA burbuja quisiera perdurar,
tener a mano el tiempo,
más, desaparece.

Súbitamente sólo una humedad
se disipa en el espejo”
Ángela García.

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te entiendo – me dices

-te miro
y se amontonan las dudas

finalmente,
se me antoja el sabor a frutas
que tienen tus domingos

tus pasos mínimos
en la sordera de los tamarindos

tus pellizcos a contra-reloj
esas dentadas que son augurios

risas sin el borrador de oficio
brazos en vez de mar

y esta lluvia diminuta de tus manos
al minuto del sutil encuentro

y te conviertes en mi césped de palabras
ya fotografiada en memoria a los ojos

-492 riada-

pocas veces


“QUE suerte sentir los golpes, ver los moretones y la brisa que los toca.
Que suerte morir para renacer en las palabras no dichas.
Que suerte contar soledades en las gotas de la lluvia.
Que suerte ser otro humano”
Angélica Hoyos Guzmán.

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a veces
perdemos la cabeza y hasta el nombre
sobre una acera en plena bitácora minuciosa
de una muchedumbre de esas, de circuitos deslumbrantes

otras veces
encontramos pedazos de níquel con caras conocidas
botellas vacías, fósforos castrados en la cremallera de los asfaltos
días con nombres de planetas, amores mal escritos en envolturas de menta

pocas veces
ganamos algo con esta profesión de arrendador de promesas
con esta espuria pretensión, tan desmesurada, desconceptuada y poco circunspecta
de querer vestir con poemas hasta ese aleteo microscópico que tienen las estrellas

 

-riela 483-

en resumen


“LLUEVE
Quizá los ángeles hacen el amor como dice Benedetti”
Ophir Alviárez.

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no haberla sabido antes, es un riesgo
al que siempre he evitado sucumbir,
con la debilidad del bolígrafo
frente al papel…

su voz…
el suspiro a quemarropa
y la diáspora de las esdrújulas

su boca tiene la fecha
el fino pretexto, la densa excusa,
la liberación de ansias sobre una latitud exacta

su espalda desnuda
es el hemisferio por devenir,
el límite versátil que más me asusta, que más me delata

en resumen: ella es
ese planeta de adjetivos hermosos, donde acampa
mi versión más domesticada de querer ser su eterna sombra

-riela 441-

mírame zarpar


“YO que crecí dentro de un árbol
tendría mucho que decir,
pero aprendí tanto silencio
que tengo mucho que callar”
Pablo Neruda.

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quédate
mírame zarpar y llegar
sin la cadencia de unas rimas

déjame estrenar atardeceres
desde las comisuras más tercas de tu boca

y ya incrustados en la noche como dos alambres

seamos dos locos, de esos
que perfilan desde un techo a las estrellas distantes

de esos que amarran y sueltan la dicha
sobre un presupuesto de majas ganas infinitas

-359 riada-