adjetívame


“Y aquí y ahora te nombro río para
que te hagas un vestido de espuma y
viento río nuevo que asombre a los
pájaros y subvierta la geografía
¿podrías hacerle el amor a los puentes?
¿harías dudar a los suicidas? ¿o rodear
con un collar de bruma el sueño de
los solitarios? ¿sentirías sobre tu vientre
las monedas arrojadas por jóvenes amantes?
¿soportarías la miel lenta y vacía de la
mirada de los pescadores? ¿y la caricia
sensual de las garzas en el ocaso?
Alejandro Carrizo.

 

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lluéveme
hasta la redención del olvido
y hójame de esos atardeceres amarillos

gotéame desde los insomnios
hasta el vértice + fluorescente del poema
y luego, verbéame un haz de luz en cada verso

polvoréame estrellas sobre las francas roturas
en la senda febril de cada adjetivo

y luego, adjetívame la piel de sueños tuyos
que mi mano de poeta, luego los alcanza

-491 riada-

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la diástole a mansalva


“UNA insurrección, un poema, un amor, un trabajo, son del registro de la perfección”
Marc Perrin.

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no era entonces una mujer
más bien, un río pequeño, sin cauce
otras veces, ella era como una hoja suelta, sin punta

siempre fue un error inadvertido, jamás corregido
la levedad sin límites de unos guijarros
devenidos del horizonte

pero un día, libre de transeúntes inútiles
la huella pequeña de su pie
calzó sobre mi huella
y se hizo paso

la inventé mujer
en el estallido de un crepúsculo
después, la habité largamente prisionera sobre témpanos
gigantes de lunas, que no sabían de sus catorce signos zodiacales

ella, ahora es la diástole a mansalva
otras veces, la que habita en las ruinas del mármol
sobre poemas de vallejo, que sin razón alguna
se me quedaron sueltos…

-riela 480-

al borde del tenue abismo


“Y si he llegado,
¿qué haré de mí?”
Carlos Vitale.

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hoy ando como quien apura al destino
y apuesta al color insignificante de unos sueños
desparramados sobre la alfombrada eternidad del olvido

como quien apunta pacientemente a las estrellas
aún bajo la lluvia, sin darse cuenta que la locura
se proclama, es en la tempestad de un segundo

como quien mira el strip-tease de unas palabras
al borde del tenue abismo, en burdeles con carteles de neón,
donde la madrugada siempre descifra la dicha de regresar
a salvo y desnudo a uno mismo

 

-riela 436-

las costuras deficitarias


“DEL mar azul las transparentes olas
mientras blandas murmuran
sobre la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras me besan y me buscan”
Rosalía de Castro.

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quiero es ser la hiedra
que a ti se enreda

y no ser como esos barcos
que se hacen sombras
mientras se alejan

y van dejando heridas sobre el agua
entre las costuras deficitarias
de las mareas

-419 riada-

a través de una ventana


“A tus olas vuelvo inevitablemente,
a tus amadas hojas líquidas
coronadas de magnolias
que se destrozan en instantes”
Carmen Matute.

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tú eres aquella sombra mediana que cruza
diariamente la hojarasca

esperando escuchar tu nombre
desde unos labios que ansías

mirando el ir y el devenir
de lo eternamente cotidiano, sin notar
los anhelos que te miran a través de una ventana

-339 riada-

los apuntes de frost


“PON tu frente sobre mi frente y tu mano
en mi mano.
Y hazme los juramentos que romperás
mañana”
Paul Verlaine.

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la amé inmóvil sobre raudales enormes
en silencio, con el simple galardón de mis temores

atesorando cada instante y cada animismo
en que su fugacidad era luz

-¿cuánto tardé yo, en hacerme temblor
sobre el “mientras” de su sonrisa?

-¿qué no hice, para distraer los inviernos
cuando ella me mostraba sus apuntes de poemas de frost,
o los de dickinson?

-riela 319-

praga


YO nunca he estado en Praga, pero le sueño jardines,
escaparates llenos de temblorosos misterios y también
que los tranvías se alejan justo con la extraña forma
que cursi como soy siempre me ha hecho
llorar por los falsos recuerdos”
Santiago Montobbio.

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andrej pasea su ocarina bajo el cielo azul de praga
es así como olvida que en nitra hay puentes y hay lluvias
ventanas, pestañas, žinčica y tres gatos en la plaza de hrad

también hay miércoles y tanto equilibrio en st. emmeram

una mujer manuscrita
camina paralela a una frase muy suya

se detiene a mirar que ambas son tan hermosas
-“maria, milujem t’a”

de repente
una ventisca citadina canturrea a los oídos
y ensancha la urgencia que tiene de aquellos labios

no hay abismo que el tiempo no cubra de polvo
-piensa-

camina y de vuelta a la frase: “maria, milujem t’a”
y a la dulce y transparente melodía de praga

-riela 132-