Archivo de la etiqueta: Tomislav Milohanic.

619 riada


“ELIZABETH Bishop borda el blanco
zurce grafías, entona el viento.
Pero el viento soy yo”
Mercedes Araujo.

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mírame
pero no con la poesía de esos ojos tuyos
hazlo como se desafían, a unas naves enemigas

luego rómpeme
como a un sueño que se desenhebra entre los labios

te dejo: dos peces,
esos que habitan el desabrigo de tu espalda

un puerto,
donde tu belleza se desata de los nudos del mar

estos versos
exiliados, en la oquedad de tu sombra-isla

-619 riada-

riela 604


“DE aquello que soñabas realmente
no queda más que un silencio sideral
un lento descorrer de las estrellas
en charcos y filamentos de oro”
Giovanni Ibello.

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entre palabras que embisten desde la memoria yerta
la lluvia sustenta las salpicaduras de su propia voz

los pájaros de la reminiscencia parecen sombras
de esas que llegan a destiempo a posarse en paredes vacías

que borren la luna…
-no importa- pero salven las ranuras de la noche

son tan absurdos los fieros alardes suyos ante el destello
que permanece demasiado tiempo deshabitado

languidecen hasta el ocre las manecillas de los relojes
que ventilan y se impulsan a las abreviaturas del tiempo
como si interpretasen la torpeza de tan poca luz…

-riela 604-

riela 564


“LAS lágrimas más amargas derramadas sobre nuestras tumbas son por las palabras nunca dichas y las obras inacabadas”
Harriet Beecher Stowe.

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estos poemas míos…

son como las argentinas
que promulgan esas farolas que anidan en los itinerarios de los suspiros

como las francesas, otras veces
que siempre comienzan sus largos viajes con una convocatoria de ojos

como las chilenas
que encienden luces con el sonido de sus venas y se hacen musas eternas

o como las norteamericanas
que lloviznan largas caminatas en la periferia de los + extraños suburbios

y todas ellas, las 4, son como las nostalgias
que apabullan con la vieja canción: suspiros ojos eternas suburbios

como las tristezas
ah, qué cándida cordura con la que ellas y yo, nunca nos miramos

como las imperfectas sombras venezolanas
que se colocan por los anaqueles, a un juguete del color del recuerdo

y como esas mujeres, absortas, apuestan y siempre ganan
esas que perfuman la etiqueta mientras se despliegan sin maquillaje de veces

-riela 564-

riela 544


“MIS espacios
se llenan de imágenes.
La esfinge del enigma
se mece como aceite sobre el agua”
Lil María Herrera.

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guarda las más extrañas predicciones, dicen que por nuestra seguridad
pero es ella quien me salva de las tentaciones marítimas
de la noche

de ella es ese galardón de cuerpo flaco revolcándose en la arena
ella, la perversa aguja hincada a la tripulación ociosa
de las palabras mías

mira los gestos territoriales de la sinovia en su rodilla izquierda
luego, me los describe en mensajes de texto, en ese formato
hermoso donde más bien parecen catálogos
de maderas por esculpir

ella es el dulce parapeto de los insomnios míos
que solo la lluvia interrumpe, a veces

ella me defiende inútilmente de mis barajitas de béisbol
y celebra mis rielas, cuando algo extraño araña
los bordes de su espesura de boca

ella es quien me dijo y aún sostiene:

-ángel, la música y la poesía son entes tóxicos
-dos humming birds huyendo del licor de unas camelias
-dos sombras aristocráticas con un mismo ataque de tos
y despeinadas, ambas por el delirio de un relámpago
eternamente ascendente…

y yo siempre la escucho
mientras miro entre sus manos mis mejores barajitas de ripken

-riela 544-

359 riada


“YO que crecí dentro de un árbol
tendría mucho que decir,
pero aprendí tanto silencio
que tengo mucho que callar”
Pablo Neruda.

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quédate
mírame zarpar y llegar
sin la cadencia de unas rimas

déjame estrenar atardeceres
desde las comisuras más tercas de tu boca

y ya incrustados en la noche, como dos alambres

seamos dos locos, de esos
que perfilan desde un techo a las estrellas más distantes

de esos que amarran y sueltan la dicha
sobre un presupuesto de majas ganas infinitas

-359 riada-

riela 319


“PON tu frente sobre mi frente y tu mano
en mi mano.
Y hazme los juramentos que romperás
mañana”
Paul Verlaine.

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yo la amé inmóvil sobre raudales enormes
de silencios, con el simple galardón de mis temores

atesorando cada instante y cada animismo
en que su fugacidad era luz

-¿cuánto tardé yo, en hacerme temblor
sobre el “mientras” de su sonrisa?

-¿qué no hice, para distraer aquellos inviernos
cuando ella me mostraba sus apuntes con poemas de frost,
o los de dickinson?

-riela 319-

riela 262


“PODRÍA ser que todo comienzo
nos enseñe a despedirnos”
Valeria Pariso.

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revolcando en la hojarasca y tropezando entre las empalizadas
andan sin sus dosis diaria de acetaminofén, unas palabras
mías, detrás de la estructura virtual
de algún poema

y la infinitud que aprisiona más allá de un silencio inofensivo
apenas alcanza, para contemplar soledades que aguardan

distantes y furtivas humaredas cobijan de cenizas unas quimeras
y parecen los aplausos apurados de cien locos delirantes

hoy de nuevo, quiero habitar en ese mármol gris de las estatuas
en su piel de siglos y en esas alas desplegadas, como espadas

-riela 262-