buscándote en las aldeas


“BENDITA sea la blancura
de los lugares remotos…”
Damir Šodan

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estuve buscándote en las aldeas
en más de tres mil quinientos años de guerras
entre los peligrosos bosques galos y celtas

después me fui a las bibliotecas
allí me extravié entre versos y letras
de antiguos y de nuevos poetas

ahora te busco entre palmeras
en la brisa perfumada sobre la oquedad de la tierra
en una playa, entre el cielo y el mar, de venezuela

-205 riada-

hangares de la poesía


“BULLE lava en nuestras oquedades,
amenazamos con mareas saladas
y la inocencia se ha secado
en nuestros atardeceres”.
Rowena Hill.

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pienso
en las pequeñas aves
que habitan
confabulan
y festejan,
dentro de la palabra “melancolía”

pienso
en la rotura del ala
del ángel aquel

no es en los hangares de la poesía
donde la lágrima se hace culpa

allí, es donde el pez que fuma
no es más que un hilo
suspendido

y al final
no son más que cuerpos-pájaros
las mil estrellas estrujadas a lo alto
para vestir las pupilas póstumas,
sobre el corazón metálico
que nos va dictando
la noche…

-riela 200-

sílabas


“EN el instante vencido
de ser luna
se cansa la gota
de ser hermosa gota fría
y cae”
Rosario Concha Méndez

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mirando unos límites abiertos a la espesura de la noche,
en el desvelo procesado y en lo que la memoria ya no abraza

en las retinas de las paredes envejecidas de mi cuarto
encuentro las vestiduras de las sílabas de tu nombre
y se posan sobre mis labios, como un cadáver ya conocido

me asomo por el broche de la ventana, como queriendo verte
refugiada entre pétalos que te abrigan de la ventisca,
de los metros de lluvia, y entonces, me resigno a perderte

perderte de nuevo, entre la estatura insospechada de mis sueños

queda un trapo frío sobre mi frente, lo que una vez
fue tu bandera en tierras de narnia, -¿recuerdas?

mujer nacida entre ventiscas de versos,
con ojos que delimitan latitudes lejanas…
una palabra, una sílaba indecible tuya, me basta

deletreo de nuevo tu nombre
y me congela el silencio

petrificado de tus cosas, entre cuatro paredes
y mirando de lejos esa luz pequeñita
que tú eres

-190 riada-

quietud


“NADA hay en la vida que sea mejor
que esta hora de limpia frescura,
la hora de despertarnos juntos.”
Ezra Pound.

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se delata sin premura
la melodía, con sus pestañas de arena
entre un menudo saboteo de olas

y se queda el mar
en los ojos sacudidos de este mayo,
desnudo en las venas, en el alma y en las manos

y la nostalgia
aprieta entre cúmulos de palabras
en la garganta

hoy quiero convertirme en susurro
ante tu colmena de ruidos

en paciencia
para no entorpecer al recuerdo

en poeta,
en pequeño estertor
quizás, en tu más pequeña presencia

-156 riada-

motín de palabras


“PARECE que el agua tiene la luz de todos los puertos.
Y en cada puerto hay un barco  que nos lleva a mares nuevos.”
Manuel Felipe Rugeles

 

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hoy las naranjas adolecen de mayo
y la mensualidad, ya vencida de ausencias

la miro desconchando nostalgias
y enumerando pertrechos

amaneceres sin alba
y se despliega el asfalto del poema
sobre el mediodía del recuerdo

y justo allí, es cuando la alcanzo
sobre la grieta mas limpia del mes

en la rendija mas ruidosa del agua
con el regalo de su motín de palabras

-riela 143-

otros atardeceres


“NADIE oye lo que la piedra guarda dentro de sí.
Insignificante, es solo de ella, como el dolor,
Atrapado entre el cuero del zapato y la suela.
Aleš Šteger.

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la luminaria del sol se despeja como una ecuación
pa’ que los pájaros pongan a dormir sus cantos
hasta dejar al silencio, sin más excusas

la ausencia no tiene colores
pero recoge cromos y colecciona barajitas de melancolía
mientras olvida sus setecientos treinta y nueve franjas de aromas

si tan solo sus palabras
poblaran para mí, otros atardeceres
con soles de duraznos y blancas nubes de papel

-riela 125-

costumbre mía


“GOLPEARÉ una vez más los dedos incompletos de la poesía
albergando la reunión extraída de la esencia del lenguaje.”
Melissa Nungaray.

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costumbre mía, soltar el ancla
pa’ agarrar todo tu vuelo de golondrina
sobre la cuesta más empinada de una tarde
en que los árboles crecen, pero bajo la tutela del silencio

me mirarás en secreto
las veces en que las horas
bailen al ritmo suave de las sombras

me recordarás -lo sé-
con tus metros distantes de lluvia
resbalando cuidadosamente desde las manos

-111 riada-