bucles de caléndulas


“NO hay antes ni después; ni acto secular ni historia
verídica.

Una piedra con un nombre o ninguno. Eso es todo”.
Juan Sánchez Peláez.

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te miro
aún vestida con la lluvia del último marzo
en una playa sin nombre, sobre la alfombra de una tarde

en que todavía las formas infinitas de mirarte
corren como lagartos tras la hoja roja del menú de tus labios
en los enjambres del agua

los deseos
son pececillos que azulean la llama caída
-shhh… que la lluvia no tiene memoria

pero sí el enigma
de esas fotografías donde tu alegría lleva bucles
de caléndulas

-332 riada-

tus formas matinales de navío


“LAS estrellas navegan, las piedras, los destinos
y el barro que se junta en los rincones de anochecer”.
Eleazar León.

 

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-¿de qué lejano país
llega anticipado el recuerdo
vestido de anónima caracola
y resbalando a los cuatro vientos
con esa envoltura desechable
que tienen los corazones
y también los caramelos
que más se pierden, mar adentro?

ay alma,
si tan solo la incandescencia
de tu vendaval de cuerpo
atrapara, hoy de nuevo
esta ingrávida quietud del tiempo,
que como la espuma,
yace esparcida
en la permanencia sin clausura
de tus formas matinales de navío
sobre mi cama…

y nunca, nunca más me pidas
aunque estés muriendo de frío
el calor de mis fogatas de versos

pídeme besos,
ese abrazo ya vencido en el tiempo
y ojos, para mirar las hijas que aún nos debemos

-245 riada-

la mesa sin pan


 “MI espalda termina
donde comienza el vacío”
Sonia Manzano.

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entre tú y yo siempre, siempre habrá
un espacio cómodo para la ternura

aquí nada es nuevo, nada es viejo, nada está distante
aquí todo tiene tu edad y el color de tu hermosura

mi dulce ilusión, lanzada en misión de vuelo a gran altura
yo te veo, hasta en las sombras más discretas sobre la luna

en silencio, el amor camuflado fluye, para que el silencio
llegue a escuchar y celebrar, la risa y las pisadas tuyas

en secreto, labraré un mapa para describir estos momentos
y sobre tu piel, mi ruta fluvial favorita para los besos

amanece la mesa sin pan y sin escalas, va y viene el mar
te amo, como el pirata que vive pa’ recordar su mejor aventura

mi preciosa ceguera, te vas convirtiendo de punta a punta
en mi desparpajo clandestino, mi acantilado más ruidoso y estrecho

eres mi mujer bajo la lluvia, eres este aguacero bonito de versos
y de lunas, sobre mis noches más secas y oscuras…

-203 riada-

my guiding light


“LA muerte no es la muerte, es sólo la vida saltando desde un acantilado de enorme altura”.
Paul McCartney.

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la música de fondo
siempre será el más íntimo detalle
de nuestra hechura

ese preludio discontinuo
que se esconde en su ausencia

la tierna terquedad
de mi no-sombra

es la devastadora franqueza de paul mccartney
en ese CD, hecho de matices de antiguas auroras celtas
cuando ella y yo, éramos la lluvia de mil maneras

-¿recordará?
-no more lonely nights
-you’re my guiding light!

-riela 163-

tu verbo amar


“EL amor es un jardín invisible con millones
de dientes de león acariciados por el viento”
Alyeda Quevedo Rojas

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con los ojos hundidos
en mi reloj

como un pez moribundo
me pides, que te ame por última vez

te ensanchas, y destapas todos tus adjetivos
hasta insertarte en la música hermética
que sopla desde otra habitación

ya desnuda sobre mi paladar,
subrayas con ansias, la amplia textura
de tu verbo amar

 

-134 riada-

almohada de piedras


“VOY a llorar sin prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto.”
Sara de Ibáñez

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nombro poesía
y se levanta el poema a contemplar los ríos de versos

las palabras crujen como partículas en su torpe hallazgo
y la musa ancestral insiste en ser incienso de los insomnios

metamorfosis del ángel al pie de la metáfora
y un pálido párrafo sin embargo, flota en el paladar

-como semilla- desde la almohada de piedras

-riela 124-

del blanco lodo


“SUS mundos opuestos
se encuentran en taxis
y charlan diciendo
que el piano está triste…
que comprenden
la cuestión y que
Bach se resignó
a no volver
a tocar.”
Franklin Pire

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mi primer asombro, es ver rodar al tiempo
como un hechizo ante tus ojos

regalo inmerecido, es tener que mirar tus labios rojos
todavía lo suficientemente invictos

todavía eres la “mujer del delantal” con su paraguas
narrando conmovida, cómo es que la lluvia de años
se le viene encima

la que humedece sus ganas junto a su pan -y las de anoche,
aún espesas- en su jugo de naranjas o en su café con leche

soplan los metros de viento y arrastran tus globos
-llenos, no de aire sino de vida- hacia campos abiertos de lunas

arrugas la cama con tus tímidas manos blancas
que de nuevo, sucumben trémulas al volcán de tu vientre de agua

una canción distante llega rompiendo todo precario silencio
haciendo añicos de tus más íntimos cristales…

los brazos largos de un recuerdo te alcanzan -manantial de olvidos-
arañando los pocos amaneceres lujosos que aún te quedan

-57 riada-