la sombra de la luna en los tejados


 -“PROMETO ayudarte, a amar la vida, a tratarte siempre con ternura y tener la paciencia que se requiere, hablar cuando sea necesario y a compartir el silencio cuando no, a estar de acuerdo sobre los pasteles y a vivir en la calidez de tu corazón que siempre será mi hogar.
-¡Uy! ¡Ahora yo tendré que lucirme! ¿Escribiste los votos en un menú?
-Prometo amarte apasionadamente, en todas las formas, ahora y para siempre, prometo nunca olvidar que este es un amor para toda la vida y saber siempre que en lo profundo de mi alma, no importa que nos pueda separar, siempre nos volveremos a encontrar el uno al otro”.
Votos de amor (2012), película protagonizada por:
Rachel McAdams y Channing Tatum.

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decir: “te amo”
sin el colágeno de un amanecer…

es como intentar tocar los labios flacos de la luna
sin conocer los códigos secretos del verso fósil que la encarna,
ni los menesteres de la luz sobre los archipiélagos de ojos
de mi marinera

es como mirar pasear al gato sus siete vidas
sobre las sombras de la luna en los tejados
sin que se detenga en una

es como intentar medir la exacta multitud de lo ambiguo
entre un beso suyo y esos días de ofertas en un calendario

es desmedir lo que suma y suma gemidos a la oruga del carmín
cuando cabalga extensiones territoriales hasta sus párpados

es como cuando yace quieta mi fina piedra cromada
mientras la luna gira y gira,
fieramente apuñalada

-riela 324-

silentes y alegres


“AQUÍ, las palabras son mudas,
se les escupe,
son manchas de humedad en los ojos”.
Gabriela Molina Herrera.

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la luna anda desvestida
la ansiedad sin camuflajes
y los gorriones soplan llovidos

amor mío,
vamos a devolver los cuchillos
y a pintarnos la cara con luces de neon

por fin,
tú y yo, silentes y alegres
ya derrotados y solos…

abriendo los paquetes
con los ojos

-322 riada-

el día sin mes


“PERO
la soledad no se marchó
fue sólo
que ya no pude
volver a tocarla”.
Armida García.

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como al día sin mes, mi mano te desprende del calendario
y así, es como expone tu sórdida geometría
a mis sentidos menos culpables

y te despliegas:
-como el oído al bolero
-como la dentadura de la espuma
-como la lenta frontera a las caricias
con esos lotes de tersuras que complementan tu desnudez

y bailando entre sombras, tú y yo, somos uno otra vez:
-el hijo adoptivo del alquitrán y la luna

-312 riada-

casi apocalíptico


“DE nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre”.
Lisel Mueller.

 

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de todas esas formas abstractas
que de ti precisan para la ternura

yo me quedo con el desastre
de saberte en los siete tres nueve síntomas del ruido

me quedo con esa calumnia sin antídoto
de tu navegada marea-risa-mar sobre los asfaltos

y con la incertidumbre (ya vestida de redención)
de este fatum catastrófico y casi apocalíptico

de no tener una mirada tuya
recostada sobre el césped de esta tarde absoluta de junio

-310 riada-

el libro blanco de las mareas


“COMÍAMOS en silencio enterrando en las
flores de porcelana el olor de las magnolias.

Después, yo te leía el Quijote y llorábamos
a carcajadas”.
Marcela Rosales

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con tu libro blanco de las mareas en las manos
a la sombra del tamarindo y sentada junto al viejo pozo,
miras a los pájaros incendiar la vida con sus colores

te nombro maria, como se nombran todas las cosas
y giras en mi voz como gira un trompo, hasta desarticular
de asombros a la luz que sostiene en alto las pálidas letras

te nombro y trasnochas la poesía
te conviertes en el fósforo que me anuncia la aniquilación
de las tercas sombras y la huida despavorida de los inviernos

tú eres la suave fragancia sobre la franja del bálsamo
la cicatrizada sustancia que siempre, siempre me alcanza
para pintar de ti, todos los atardeceres

déjame trozos insistentes en la memoria
para la metamorfosis final, esa multiplicación exponencial
de tus ruidos, entre el agua, la noche y los escurridizos peces

-305 riada-

remitir


 “EN el afán que tus besos,
no pierdan nunca el camino,
me hice tatuar una constelación de lunares,
desde la nuca al ombligo”.
Maru Luarca.

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un día, su pie más izquierdo será pájaro
y extenderán por todo el universo, sus formas de cordillera

será un poema mal escrito y también la más fina estrategia
del vuelo con motor de mis venablos, hasta tocar
ese ángulo sagrado de las estrellas

para leer en voz baja, versos a sus pies descalzos
dibujando soles blancos, en todos los idiomas
y rincones del planeta

después, ya sin alas ni norte
pero intacto y escueto entre los más iracundos
desde la sombra del silencio donde vivo:

remitir ese pie suyo, horizontal al mosaico gris de una tarde
donde mis ojos tallen el milagro de su nombre
justo a mitad, de todas mis fogatas

-riela 266-

como espadas


“PODRÍA ser que todo comienzo
nos enseñe a despedirnos”.
Valeria Pariso.

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revolcando en la hojarasca y tropezando entre las empalizadas
andan sin sus dosis diaria de acetaminofén, unas palabras
mías, detrás de la estructura virtual
de algún poema

y la infinitud que aprisiona más allá del silencio inofensivo
apenas alcanza, para contemplar soledades que aguardan

distantes y furtivas humaredas cobijan de cenizas unas quimeras
parecen los aplausos apurados de cien locos delirantes

hoy, de nuevo, quiero habitar en ese mármol gris de las estatuas
en su piel de siglos y en esas alas desplegadas, como espadas

-riela 262-