apenas un susurro


“TE vas. Te fuiste: Espejo en mis pasos.
Ahora luz vencida, desvanecida
Y breve en la tempestad del tiempo”
André Cruchaga.

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entonces…

la busqué en la lealtad de las hormigas
y hasta en la coincidencia de la levadura sobre el musgo

la luna parpadeaba entre poemas míos y unas hojas,
pero ya merecida, era ella quien ya no titilaba
en la escena final del momento
taciturno

un día la encontré…
en la limadura de las apariencias, pero no era la misma
entonces preferí hacerme un eco pequeñito,
un latido, apenas un susurro

un susurro de esos que remontan sobre las trivialidades, y huí
hasta la dulce cima donde el espectro de un alba
la hizo musa de mis soledades…

en un exacto segundo

-riela 632-

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sin contrapesos de tinta


“DÉJAME de tu nombre la inquietud,
guardada en el temblor de tu insistencia.
Que mañana la encuentre,
cuando el sueño
haya borrado este desasimiento,
y amanezca yo en ti,
ya luz y llama”
Elena Martín Vivaldi.

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son otros los arcos al azar de tantas flechas,
tú y yo, el blanco más allá de unas laderas eslovenas,
somos como dos banderas ancestrales de ausencias

laderas ancestrales, ausencias -siluetas endurecidas y a la deriva-

apartar las cortinas imaginando romper el mar
y aquel incendio desmedido de ojos, hasta la traducción del ocaso
escrito al borde de una página, para que huyan juntos, peces y pájaros

página de peces, de pájaros -cosas que no aprendimos a trazar todavía-

a punto de ser agua, mi desmesura de labios flacos
camina tu suerte de avenidas con esos desaires de oficio
y la mueca frágil, de pronto, se te cae al piso, sin contrapesos de tinta

labios flacos, sin contrapesos de tinta – así gravitas y te me haces poesía-

-621 riada-

sin que nadie te nombre


“TE alejas de los nombres
que hilan el silencio de las cosas”
Alejandra Pizarnik.

 

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en sombras que giran alrededor de unos árboles
y en los temblores de la lluvia en los tejados,
sin que nadie te nombre

entre mis manos
y en la mesa de dos sillas, en dos tazas de café del entrevero
separadas por un barullo de recuerdos, que vertebran al alma mía

te busco en otros ojos,
en otras voces, que te promueven de todo olvido
y en esa música, que recrea los intentos del relámpago ya extinto

no te muevas, mientras te busco entre calles y paredes que habito
y hasta en la infinitud de unos pasos que aman
rielar en charcos que deja la lluvia

casi te encuentro
en los vuelos transitorios de pájaros y horas sin pretextos,
en esos escondites casi perfectos, para la concavidad de mis sueños

ya en el desvelo,
ese desvelo indescriptible que de pronto se subleva
y es entonces, cuando crujen en precariedad, estos versos…

 

-618 riada-

dos lluvias más allá


“ME colmé de atavíos nocturnales para hallarte.

Te vi pasar por el ángulo justo
donde se parten el tiempo y las memorias”
Teresa Palazzo Conti.

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dos lluvias más allá
de un lunar de su cuello vivo yo, donde otros alguna vez navegaron

allí donde la lluvia, simplemente la delata
al comenzar el viaje oceánico y luminoso de unas gotas

fiel filantropía, la de tantos besos derramados
bajo unas linternas, en los enseres del agua de aquellos amaneceres

quien sabe sin en los prototipos de esos pájaros navegables
que en ella pululan desde la tiza, habrán esferas de ojos nostálgicos
de esos, que ahora circundan y cicatrizan a los vendavales del alma mía

y quien sabe si junto al fuego, ya en el ocaso de estos y de otros versos
sean sus manos, ya convertidas en sombras de frondosos árboles
las del manifiesto final, las que pinten las paredes de mi vida
con ese dulce y a veces trágico aroma suyo, a trementina…

-riela 592-

números escurridos


“EL amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. Todo son milagros”
Eugene O’Neill.

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resbalando
por cordeles
del ocaso

algo me delata
en la arcillosa bitácora
de lo menos eterno

son números escurridos
de las manos de una mujer, que llegan
pellizcándome en los énfasis de la noche

 

-riela 506-

sin pancartas


“NO sé por qué perdimos ese amor que nos
asombraba tanto. Los dos somos hijos de
la misma época desquiciada. Yo soy, sí,
uno de los peores… ¡y tú me ganas!…”
José Vicente Anaya.

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no me busques entre tus manos blancas
que yo estoy más cerca

búscame donde tu ruido no tiene pancartas
donde tu risa me deja, sus ventanas abiertas

allí donde la alegría, finalmente festeja
ser lluvia, sobre las costuras de tus pestañas

-499 riada-

adjetívame


“Y aquí y ahora te nombro río para
que te hagas un vestido de espuma y
viento río nuevo que asombre a los
pájaros y subvierta la geografía
¿podrías hacerle el amor a los puentes?
¿harías dudar a los suicidas? ¿o rodear
con un collar de bruma el sueño de
los solitarios? ¿sentirías sobre tu vientre
las monedas arrojadas por jóvenes amantes?
¿soportarías la miel lenta y vacía de la
mirada de los pescadores? ¿y la caricia
sensual de las garzas en el ocaso?
Alejandro Carrizo.

 

_______

 

lluéveme
hasta la redención del olvido
y hójame de esos atardeceres amarillos

gotéame desde los insomnios
hasta el vértice + fluorescente del poema
y luego, verbéame un haz de luz en cada verso

polvoréame estrellas sobre las francas roturas
en la senda febril de cada adjetivo

y luego, adjetívame la piel de sueños tuyos
que mi mano de poeta, luego los alcanza

-491 riada-