estridencia de dos


“PERO su cruel belleza es implacable
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aún la mutilación la haría más bella”
Eduardo Lizalde.

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evidentemente, hay estrellas sin cauces fijos
hay pequeños peces con estropeados indicios de mármol
y tantos ingrávidos encantos que sobrevuelan sus trazos de labios

como quien emerge de profundos augurios
yo respiro el pulso de su perfecta densidad de muñeca
como si ella fuese, un volcán a mi deriva

y ella, que casi nunca me mira
de pronto me escudriña y radicalmente pregunta:

-¿cómo así es que a mónica bellucci no le gustan las dietas
y mucho menos ir a los gimnasios, ah?

-¿y qué sé yo de la mineralogía altanera en perugia?
-pues nada, más allá del travertino chocolate sobre unos labios

y así siguen mis fósforos y astillas más allá que a la deriva
pero detrás de ella…

y siguen las anchas bandas de versos
extendidas como el fango al deseo

como unas manos, a esta estridencia de dos…

-riela 536-

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enarbolé cayenas


“EL peso de la realidad
cae, como una catarata
y no sé cuánto tiempo más
aguantará mi espalda”
Judith Lázaro Moyano.

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yo anticipaba tus estornudos
como a los relámpagos, desde mis astillas

hasta tocar la metáfora, te besé
olvidando todo alfabeto de mis viejas nostalgias

enumeré lo perdido
y hasta bailé esas baladas
aún encriptadas en tu risa ruidosa

mordí los festejos
que huían del ardor de tu sexo
al ritmo del milagro que encendía a los amaneceres

asumí cada pétalo
y todos los añicos de tus aciagos temores
y enarbolé cayenas, huérfanas cayenas hasta tus ojos

te amé
en tu traje de instantes
como el insecto a la lámpara -pero eso ya lo sabías…-

-532 riada-

las reglas del reloj


“EL amor no tiene edad; siempre está naciendo”
Blaise Pascal.

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tocaré en ti
el estallido del instante
en que rompes las reglas del reloj
y desencadenes la furia vertebral del verso

la humedad de tu horóscopo, que siga navegando la pierna del poema
mientras este náufrago agita todas sus banderas

-507 riada-

como extraños


“HE salido a ser chimenea para que tú me habites,
Me meso en tus recuerdos para que estés, aunque no estés”
Natalia Montoya.

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como extraños
amantes retratados
sobre un espacio amarillo

son dos hermosos pasajeros
de instantes mecánicos
que están dormidos

con la luna llena sobre la cara
y después del aguacero
despiertan

microscópicamente el amor
emprende viaje
en la oscuridad indivisible

-“volveré mañana, al mediodía” -susurra ella
y apuesta latidos de su corazón
pierden los dos…

-riela 503-

sin pancartas


“NO sé por qué perdimos ese amor que nos
asombraba tanto. Los dos somos hijos de
la misma época desquiciada. Yo soy, sí,
uno de los peores… ¡y tú me ganas!…”
José Vicente Anaya.

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no me busques entre tus manos blancas
que yo estoy más cerca

búscame donde tu ruido no tiene pancartas
donde tu risa me deja, sus ventanas abiertas

allí donde la alegría, finalmente festeja
ser lluvia, sobre las costuras de tus pestañas

-499 riada-

la pérfida lluvia


“A mediodía
el corazón blanco del mundo
para
y no sabe hacia dónde girar”
Julius Keleras.

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ah la pérfida lluvia, al viento trémulo
hasta tocar la brava curvatura que fabrica a las elipses

aquí nada se parece a ella: inversa, llovida, ilimitada
nada es como este amor: relámpago y astillas,
puerto y vocablo yerto

ah corazón que late como mango maduro recién mordido
por el inmenso grito de la esperanza

nada es como la ternura de sus ojos
a las palabras humedecidas

nada es como el descuido y la bruma
para emboscar al sueño de un beso suyo

ah hermosura la de su voz cóncava
como lejana vela henchida

nada es como esta distancia: infraganti, larga, extraña

nada se parece a estos versos:
locos por llegar a la última hoguera
con todos sus banderines, ya desplegados…

-riela 458-

lluvia de minutos


“ELLA dice: soy una ciudad olvidada.
Él dice: soy un río.
Se quedaron en silencio
cada uno en su ventana
mirando su ciudad, su río”
Filipa Leal.

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estalla la lluvia de minutos
mientras que dulcemente, aquí engorda
la nostalgia

-¿te he llamado alguna vez memoria ardida?
es este caminar siempre descalzo sobre la dosis exacta
de melancolía

quiero escucharte
y que hoy seas por un instante, mi enemiga
implacable

ayúdame a encontrarte sobre la hora sobria, plana…
pero no, no estás y no estarás
jamás

eres el gesto de un dios enardecido, enseñándome
a contemplar las hojas más blancas
del silencio

me convoca otra noche áspera, suelta, convaleciente
todo parece un perfecto halago del día
equivocado

de alguna forma, se enciende y apaga el faro alegre
de tu risa lejana, al final de una avenida
entreabierta

-442 riada-