los gorriones de la noche


“SE fue, no me avisó, amaneció y se fue, se fue de mi cielo a no sé dónde.
¿Acaso a su último sueño?”
María Cristina Solaeche Galera.

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precisar la gota que transcurre por su seno
hasta el séptimo vuelo mortal que da el aroma de la trementina
a todo ímpetu gravitacional, entre aries y capricornio

… es la locura

-el miedo ante el último botón de su blusa blanca
-el último plazo a la madeja húmeda de labios
-la mariposa delicadamente convertida en daga
-el muslo hecho pan para los gorriones de la noche
-el inventario púbico por recorrer, y por lo tanto
desconocido…

-riela 418-

sus duermevelas


“CUANDO tú te quedes muda, cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio”
Andrés Eloy Blanco.

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me pregunto:
-¿en qué playa la podré encontrar
sin que antes se pierdan en el mar, mis dos velas?

si el perfume del ocaso me alcanzara
recostado sobre las letras de su nombre
escrito setecientas veces por el viento sobre la fina arena…

si en lo eterno, entre lo efímero y lo fugaz
ella me escuchara llegar, cansado y largo, seremos dos sombras
paralelas, y a la hechura del silencio para no perturbar sus duermevelas

-riela 411-

entre miradas


“QUEDARME en el aire como si no estuviera
como si hubiera una forma de existir
faltando”
Ana Lafferranderie.

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entre miradas,
como quien come caramelos
y sin saberlo, miente dulcemente por las mañanas

y de repente duelen los viajes
como a veces duele la sangre en las arterias
en esos pesados vagones de piedras que ameritan pronto regreso

descalzos y fríos tiemblan los besos
-¿te acordarás amor mío, cuando yo me vaya temprano mañana
regar de soles tibios, todas las flores que se te asomen por las ventanas?

 

-408 riada-

de stan getz


“LA vida siempre acaba mal.
Y bien mirado:
¿puede terminar bien lo que termina?”
Ángeles Mora.

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cae la noche por su barranco más límpido
y el soplo musical que llega desde el vitral de las estrellas
es tan íntimo, como ese de stan getz que yace ahora a mi deriva

yo la busco en esos centímetros metálicos
que la poca luz de mi cuarto y la de los recuerdos
festejan sobre los objetos hasta convertirla en sombra que nimba

porque al final
es así como siempre la encuentro
discreta e intacta, asomándose a mis amaneceres
con esa desinfectada puntualidad tan púbica que tienen los relojes

-riela 383-

con la ropa manchada


 “ERA strike” ya molesto el catcher jura.
“Pues no” dice el severo juez de negro “es bola,
que a mi, hic, no se me escapa ni una sola
y lo que digo, hic… lo digo a la segura.

En la grada repleta algarabía pura:
Risas, gritos y música; más sin perder la bola,
mientras otros despistados hacen cola
por conseguir un autógrafo de altura”
Lenin Guevara.

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en ti
como el niño que juega a atrapar pelotas feroces
mientras haces esos gestos que te parecen hermosos con trayectoria
de outfielder

en ti
a la deriva, para defender las esquinas de goma de las odiseas de ulises
con la fantástica vista aérea del diamante perfecto
desde tu eterno home plate

en ti
con el deseo de la ropa manchada y rodado por la grama
y con el último out en el bolsillo izquierdo de tu noveno inning

-374 riada-

la gran estafa


“MI amor estamos envueltos
en la telaraña de nuestros pensamientos y sensaciones
nuestra memoria como el liquen se aferra a las piedras
el viento habiendo lamido la nieve del hielo infinito
clava en las caras agujas de cristal
y agujas de miradas como devueltas por espejos”
Antanas Jonynas.

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pero entonces…
-¿cómo no temer a la muerte más allá del soplo de frío
el silencio implacable y la multiplicación del olvido?

como sí yo fuese capaz de esculpir con versos
esos pedestales de sueños que yo jamás he tenido

como sí fuese casual la feroz aventura
de saberme un abismo de posibles no aprendidos

-¿acaso, es esa piedra disfrazada de luna
en noches como ésta, más allá del nudo, apenas un hilo?

es solo coincidencia (que no basta) lo de la lluvia
y las horas que llegan estropeando recuerdos, ya idos

es tanta inocencia en una mirada, lo que resucita
al santo bocado, para las ansiosas mentiras que digo

-¿y sí de vuelta al sepulcro estallan de ira
dos lágrimas filosas sobre el camuflaje de un:
vente conmigo?

-riela 354-

los parapetos de la tarde


“—MAURICIO, ¿cuánto vale un pasaje a Irlanda?
—No sé, es engorroso averiguarlo hoy domingo.
—Déjalo. Nunca iré a Dublín.

No basta amanecer con un libro entre las piernas.
Mejor leerse en sólido.

El mediodía barre papeles en mi escritorio.
Acopio lo absurdo, lo templado, cierto ruido”
Jacqueline Goldberg.

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de tanto nombrarla
se me va otra tarde en los ojos
de mi chiquita fea

a pesar del ruido agónico de los colores
y a pesar del vuelo inadvertido de tantos pájaros

es tanto ese oficio sin pausa en el canto de unas olas
sobre el ropaje marítimo, incrustado y extendido en su mirada

que entre la fina enredadera de verdiazul encanto
de sus ojos, todo termina dando brincos

es así como los parapetos de la tarde
finalmente, vuelan

-riela 329-