letanías


“EN la humedad me amas
y eres azul en tus pezones. Hablas
suavemente en mis labios y regresas
a tu prisión en la melancolía”
Antonio-Gamoneda.

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para traducir los gestos que delatan la finitud de tu rostro,
yo me estrello contra ese oleaje de elocuencias que se enhebran
en tus resquicios verdes de ojos

en este idioma de mar;
tú eres la brava marea que propulsa los misterios

en ti terminan las hojarascas
de ti fluyen los barcos que escribo
y bajo la tierna tutela de una mirada tuya, yo me detengo

letanías
o simple desplome de tus convocatorias al estruendo marítimo
-yo no sé-

tú eres la mítica coincidencia en todas mis incertidumbres
la brizna que empuja las marionetas al borde blando del olvido

la trampa, el cerco, el dulce aliento
el quiebre total donde se fabrican los sueños míos…

-400 riada-

labios que rielan


“VIENTOS justos y mares venideros”
JAG

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el mar… -¿cuántas veces el mar
será esa tonta parafernalia con que los poetas
arman y desarman sus antojos?

-¿y éste sostener de recuerdos con finos alfileres
aferrados a las ventanas de los insomnios
como si aguardasen amaneceres?

las palabras son como los viajes
esas inéditas travesías que revelan eternidades
entre los colores del cosmos y el vasto silencio de una flor

y todo comienza cuando más allá de toda calma posible
nos sobran sombras huérfanas y alucinantes
como labios estériles que rielan

-riela 382-

astillas


“ESTA manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando”
Alejandra Pizarnik.

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astilla clavada en el alma
como una gaviota rota, sobre un mástil de otros mares

es el despliegue más punzante de unas horas
desplazándose exactas entre vectores de miedo

es la pasión que desemboca en las íntimas fisuras
como un coágulo de nostalgia, como un tumor de humo

es la soledad que ahora, dulcemente navega sin rumbo
entre las cavernas laminadas del pensamiento

-riela 371-

los parapetos de la tarde


“—MAURICIO, ¿cuánto vale un pasaje a Irlanda?
—No sé, es engorroso averiguarlo hoy domingo.
—Déjalo. Nunca iré a Dublín.

No basta amanecer con un libro entre las piernas.
Mejor leerse en sólido.

El mediodía barre papeles en mi escritorio.
Acopio lo absurdo, lo templado, cierto ruido”
Jacqueline Goldberg.

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de tanto nombrarla
se me va otra tarde en los ojos
de mi chiquita fea

a pesar del ruido agónico de los colores
y a pesar del vuelo inadvertido de tantos pájaros

es tanto ese oficio sin pausa en el canto de unas olas
sobre el ropaje marítimo, incrustado y extendido en su mirada

que entre la fina enredadera de verdiazul encanto
de sus ojos, todo termina dando brincos

es así como los parapetos de la tarde
finalmente, vuelan

-riela 329-

orbitando


“NO es tuyo el alarido
cuando el viento golpea
la punta de los limones
o pliega la albahaca
entre maceta y maceta
de pronto en la noche…”
Maria Pia Argentieri.

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tengo al mes de mayo todavía temblando
orbitando el ombligo blanco de una quimera

desabrigado e intentando pintar un cuadro
donde convivan de nuevo, mi boca con sus caderas

en la parte más alta de un vecindario
donde sea mérito, el calor de una hermosa chimenea

-riela 316-

LO SIENTO


“UN libro no es más que parte
del pago de una deuda”
Sara Cohen.

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muchas veces el viento,
como a veces, también los ríos o el amplio mar
nos traen desde el otro lado de los sueños
hasta la más íntima trinchera,
esa orilla plana del recuerdo:

-un zapato huérfano, zapato de mujer
-el poema de amor más efímero del mundo
-una extraña espuma rizada de palomas blancas
-la alegría descalza corriendo detrás de los tamarindos
-un barco en la plaza para no morir de mar en la calle
-la renuncia escrita, ya firmada, y dirigida a la herida
-una multitud de grillos para comprender a la lluvia
con esta post data de apenas dos palabras al amor…
LO SIENTO

-riela 246-

noche


“Tu ausencia me rodea
Como la cuerda a la garganta,
El mar al que se hunde”
Jorge Luis Borges.

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siempre encontraré un lugar
dónde sostener los labios flacos de esa luna

dónde colgar mis panfletos de ojos, como costillares
para mirar descansar las suplicantes hebras del mar

siempre tendré una sombra-alambre de palmeras
donde se detengan a bostezar las caracolas

y donde un verso calibre siete tres nueve
comience su camino, a la memoria

se citarán las blancas gaviotas
al borde azul de unas palabras encendidas
para mirar el poema, que salta sobre las siemprevivas

como un conejo, desde el sombrero más oscuro
de la noche

-riela 157-