como los temblores


“SIN embargo
hoy no estás y eso si es insalvable
es una nueva mutación del dolor”
Rocío Soria.

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de su mirada salta la metáfora
que hace cantos de los golpes de la lluvia

tan urgente como los temblores
o lentamente, como el viaje del árbol hasta la nube

cuesta arriba, como el pétalo en alas del viento hasta la nube
cuesta abajo, hasta amanecer de cara al mar, como los barcos que se minimizan

 

-riela 423-

ráfagas de estaño


“HAY trenes que se empacan en maletas
aviones que se guardan en sombreros,
barcos que se doblan en pañuelos
y carrozas que se calzan con los guantes.

Las estaciones, en cambio, no caben,
no caben”
Marcela Rosales.

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su nombre tiene ese nivel de acrobacia
que a mí me adormece sobre el costado más lindo
de sus peripecias

su belleza es la que flota de los fríos retratos
en mis paredes

ella es tan peligrosa, como esos torpes arrebatos,
tan impredecibles que muestran los locos
bajo la luna llena

ella es la dueña de mis ráfagas de estaño

la de las suaves manos que juntan y pulsan cometas y diccionarios,
la de la aleación perfecta que llega y perfuma con su presencia
al refugio de mis recuerdos, ya convertido para ella
en simples ráfagas de versos y frases

-riela 378-

entre hilitos de niebla


“CÁLIDAS impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra”
Gonzalo Rojas.

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mientras la luz dibujaba sus laberintos
entre la espesura de la lluvia

yo te miraba desde lo claroscuro de unas palmeras distantes
y la tímida ebriedad que mantienen las siemprevivas

te miraba…
buscándome entre los abismos
donde se extraviaron los últimos soles

y desde donde aún flotan, pequeñas lunas de versos
que permanecen inconquistables

ya en la víspera de todo olvido
quiero asomarme al lujo del brillo de tu mirada

como el último de los privilegiados mortales
me adhiero duro, a la aventura de los albatros
entre el trópico de capricornio y ese lienzo infinito
donde juegas a hacer tus fogatas entre hilitos de niebla

-373 riada-

vestida de palabras


“EN las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?”
Vladimir Mayakoski.

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vestida de palabras minuciosas
para dilapidar otra madrugada

con el brandy nocturno imprecisable
y el cigarrillo en la mano ciega

como el bocado perfecto
para amanecer en una boca insomne

con el botín de rilke a bordo
eres como la hoja de un cuchillo

te basta sonreirme para escarbar
en el silencio donde vivo, como pájaro en la fruta

déjame ser predicado, crepúsculo, gesto, partitura
musa desnuda, limpio pecado, suave llovizna, estación
mármol iluminado, postura de maniquí,
suspiro tuyo, misil… -me dices-

vaya precariedad la de tu oferta, mi dulce marinera
-te miro y sonríes de nuevo-

ahora, cuando el viento entre las hojas apenas llega
deletreando tu nombre de madera sobre mi cosecha inútil
de luz estridente y en el incienso,
ya ardido de la noche

-369 riada-

dos hermosas cordilleras


“ESTAS
haciendo
cosas:
música,
chirimbolos de repuesto,
libros,
hospitales
pan,
días llenos de propósitos,
flotas,
vida,
con tan pocos materiales.
A veces
se diría
que no puedes llegar hasta mañana,
y de pronto
uno pregunta y sí,
hay cine,
apagones,
lámparas que resucitan,
calle mojada por la maravilla,
ojo del alba,
Juan
y cielo de regreso.
Hay cielo hacia delante.
Todo va saliendo más o menos
bien o mal o peor,
pero se llena el hueco,
se salta,
sigues,
estás haciendo
un esfuerzo conmovedor en tu pobreza,
pueblo mío,
y hasta horribles carnavales, y hasta
feas vidrieras, y hasta luna.
Repiten los programas,
no hay perfumes
(adoro esa repetición, ese perfume):
no hay, no hay, pero resulta que
hay”
Cintio Vitier.

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dos caracolas enredadas entre las sábanas,
dos exactas mitades, dos caudales
que me tropiezan, me urgen y matan

tus pies son dos hebras largas y blancas

dos mechas, dos hermosas cordilleras
desde donde yo, enciendo todas mis fogatas

dos clavijas para una sola guitarra

dos cuerdas para subir al oráculo de tu ombligo
para recitar allí, la perfecta oración que es tu nombre

la redención de estos minutos
anuncia, que ulises ha llegado de nuevo, a suelo de itaca
solo para izar la bandera de tus pies hilarantes

-365 riada-

la brevedad de una riela


 “PERO hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero”
Ángel González.

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la alegría con que yo te amo
se me acerca con sus fragmentos sueltos
para tocar otros fragmentos del reloj sobre mi mesa

y así es como robo estrellas
para marcar el rastro que tu risa va dejando
sobre la espuma de este náufrago poema

entonces,
te nombro y te llamo
desde la brevedad de una riela y llegas
encendiéndolo todo, como si fueras mil fogatas

-349 riada-

el ruido de la hoja


“LA poesía es un acto
de afirmación. Afirmo
que vivo, que no vivo solo”
Remco Campert.

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el cielo,
no se hace un cielo todavía

y sin embargo,
ya hay colores que me hablan de desencuentros

tropiezo
con la nostalgia que resbala por el barniz de los ojos
cuando renacen esos mismos colores,
después de las vigilias

debe ser este otoño, que anda regado por la tierra
o los vándalos pájaros narradores

o quizás
fue solo el ruido de la hoja
a la que mi pisada finalmente, delató

-346 riada-