ojos de almendras


“MI historia está llena de silbidos y dédalos,
de voces y de veces, de jodidas preguntas,
de estaciones narradas para un inventario
de cicatrices y de resonancias”
José Luis Díaz-Granados.

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de ella nació hasta mis arterias
este rito fluvial y aquel pacto sagrado
de mis ojos con sus ojos de almendras

de ella, me gusta la luna tras la niebla escondida
y los bucles de su pubis al viento, deletreando
paisajes bajorrelieves sobre la arena

de ella, la risa y su extendida lengua
que provocan arco iris nocturnos
y un instante después…
desatan tormentas

-riela 556-

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uma


“SEÑOR:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!”
Ernesto Cardenal.

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si uma thurman fuese cualquier otra mujer sobria
con el cabello más oscuro y el cigarrillo alzado un poco
+ allá de los labios en pulp fiction, yo sería quizá otro ángel

si ya poco antes de bailar aquel twist
quedó la sombra de john travolta
tallada sobre una palabra
sin acertar…

entonces, los destellos se entrelazaban como cuchillos sobre el piso
descalzo de pies y los ojos de john fatigados de tanto vuelo
rozando la estatura del pubis de uma, -¿cierto?

ahora entiendo por qué los besos sin destino
quedaron para después de la entrega de los premios oscar
aquella temporada…

-riela 456-

sus duermevelas


“CUANDO tú te quedes muda, cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio”
Andrés Eloy Blanco.

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me pregunto:
-¿en qué playa la podré encontrar
sin que antes se pierdan en el mar, mis dos velas?

si el perfume del ocaso me alcanzara
recostado sobre las letras de su nombre
escrito setecientas veces por el viento sobre la fina arena…

si en lo eterno, entre lo efímero y lo fugaz
ella me escuchara llegar, cansado y largo, seremos dos sombras
paralelas, y a la hechura del silencio para no perturbar sus duermevelas

-riela 411-

letras adictas a ti


“ME deslicé rasante por oscuras aguas
sin sumergirme una sola vez
hacia las orillas de una mañana urbana
mucho más anhelante
por la primera luz
Jimmy MacCarthy

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demasiada la luz
y tan pocas las semblanzas de ojos
para mirarte, solo con letras adictas a ti

polvareda de ilusiones,
dulce velero que se adentra al naufragio
son los centímetros de tu cuerpo-mar entre lápices y mareas

-¡qué fiesta la del cirio recién encendido!
al punto final de la pupila, sobre la transparencia eterna
y de nuevo se suelta la locura en el muelle-341 de otra mirada tuya

-341 riada-

un párpado presuroso


“NADA en la vida debe ser temido,
solamente comprendido.
Ahora es el momento de comprender más,
para temer menos”.
Marie Curie.

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siempre, rompe el agua
la entereza de las formas y el metal alerta
hace alardes de torpeza

sin un rostro para resignarse
sino el manojo de luces que comparten las promesas
y que ahora, remontan sobre las espaldas de la incertidumbre

apenas somos luces y sonidos
hasta más allá de la intersección
donde la oquedad se cierra, como párpado presuroso

 

-riela 294-

infinitamente…


“ME encantaba que metieses mi nombre a través de tu garganta… y que lo sacases mojado de entre los dientes para mis oídos llenos de tierra… y me da pena que mi nombre no tenga eses ni erres, porque arrastras las letras como muebles, y frotas mis palabras como palos para el fuego”
Emma Pedreira Lombardía.

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si te nombro muchas veces
digamos que, infinitamente…

hasta el eclipse sobre las clepsidras
hasta el colapso total de las galaxias

hasta la explosión trepante y final de los tiempos
hasta el último segundo del agua sobre el mármol
y hasta más allá de las ruinas del recuerdo

-¿me dirías tu secreto?
ese que guardas en los arrecifes,
entre los acantilados de tu nombre de ola…

-202 riada-

no hay evidencias


“Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre”
Flor Alba Uribe Marín.

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no hay evidencias
que lo nuestro sea más que un sueño
de pirómanos del hielo

tampoco encuentro
faltas de ortografía en los folletos
ni en tu cuaderno de lluvias más lejanas

dame ojos para mirar
la timidez de insecto que delimita y desborda
como un regalo, sobre un libro

para entender, cómo es que a veces
me gana la alegría, y sobrepasa al instante del grito
de victoria, hazme surcos curvos en la boca

y te miro
con tu bandera de colores izada al alba
desde tus cordilleras de manos, con el mismo viejo pánico
a las ya acordadas rimas

-173 riada-