buscando caracolas


“INVISIBLE a tus ojos he sido un alma en pena
Y pierdo la memoria buscando caracolas
Y le hablo a los espejos y vuelve el vil silencio
El de las noches largas, de poemas en vela”
Edmée Cobo Giancáspero.

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y fluyes hasta los cataclismos
como un río de versos desde mis manos

y me dan más ganas de alcanzarte

cada vez que la lluvia me desvela
con esos misterios que flamean entre las hojas

recuerdo el frenesí de tu antigua bandera celta

y cada vez que nos sabemos uno
capturados entre versos tan mal escritos

me dan más ganas de hacerme noche sobre tu almohada

-431 riada-

sus duermevelas


“CUANDO tú te quedes muda, cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio”
Andrés Eloy Blanco.

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me pregunto:
-¿en qué playa la podré encontrar
sin que antes se pierdan en el mar, mis dos velas?

si el perfume del ocaso me alcanzara
recostado sobre las letras de su nombre
escrito setecientas veces por el viento sobre la fina arena…

si en lo eterno, entre lo efímero y lo fugaz
ella me escuchara llegar, cansado y largo, seremos dos sombras
paralelas, y a la hechura del silencio para no perturbar sus duermevelas

-riela 411-

nerudeo


“NO te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame!”
Aquiles Nazoa.

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hay poemas escritos, tan inútilmente
como estos intentos míos, siempre en la búsqueda de ojos propios

intentar mirarse a uno mismo, como a escorpiones altivos y altaneros
narrados desde un inventario ya pasado de moda

tan intactos de mayúsculas, sin botones ni etiquetas

hay botellas regadas impunemente como rielas
por campos de batallas, por insondables mares…

son tontos versos que mueren de pena, simplemente esos
que caen como faldas plisadas sobre el hemisferio más oscuro
de algún poema

hay amores alfombrados de extraños, de largos, de ebrios aromas
son estaciones que padecen de asombros exageradamente tóxicos

miradas que cojean ante la incertidumbre,
hormigas explorando una hoja vestida de verso delirante

la extraño… y me da por buscarla en este “nerudeo”
de veces

-riela 399-

te llamé lluvia


“Y es todo lo que tengo
hasta dispensar el sueño de suelo probable
hasta que mis pies se claven
en el rostro de esta última flor”
Claudia Roquete Pinto.

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Te llamé lluvia
una mañana catastrófica de julio

y llegaste como un río perfectamente navegable
hasta mis manos

luego, te desvistieron de amaneceres unos dedos tan míos
como peces delgaditos que te subían y bajaban

recorrimos juntos
los colores inéditos de un alba

-397 riada-

gendarme de mi poesía


“SE va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo”
Gabriela Mistral.

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ahora sé que ya no contarás las estalactitas de mi techo
y borrarás de tu cuello esas cifras de mar
que emergieron de mi reloj de arena

mantendrás quizás, el tatuaje de escalva celta
que el enojo querrá borrar de tu muñeca izquierda

no serás calle navegada, marinera de formas interrogativas
ni aquel país de formas alargadas a la deriva
como escapando de estaciones densas

hay argumentos que el arte aborta como a botones sueltos
instantes acurrucados a la cintura del sueño
sin palabras que los sepan descifrar

irrenunciable borrón y cuenta nueva
pequeña pizarra de mis naufragios
zapato y gendarme de mi poesía

hoy de nada sirve la lluvia, ni aquellos “ich liebe dich”
esqueléticos y asmáticos que te hacían sonreír

-396 riada-

apuntala la fanfarria


“EN los atardeceres
Cuando los soles sin piedad se desvanecen,
Cuando la brisa se instala en el recuerdo
Y los espejos saben que su hora ha llegado,
Dibujo con mis manos tu mirada”
María Cinta Montagut.

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apuntala la fanfarria
y se hace trampa inmerecida
a centímetros de un “te quiero”

-¿y qué traman las palabras
cuando el oleaje simplemente las delata
frente a las marcas desprevenidas de un beso?

cuando ya en fuga
sin el afán de la música vespertina
cicatrizan en los temblores de la piel ardida

cuando ya calladas,
solo indagan nuestras sombras en pequeños círculos
a la orilla de esos talados mares en la más hermosa de las locuras

-riela 389-

como los temblores


“SOMOS la marea y el faro abandonado
por aves que emigran o cambian
su osamenta”
Florencia Abbate.

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como los temblores que garabatean geografías enteras
o como las breves y distraídas notas de amor en los espejos
hoy vuelvo a ti, como a la lámpara que secretea con los insectos
en la precariedad monótona del techo

todo barco, aún a la deriva deja su estela -pienso-
y toda ilusión al borde del abismo nocturno
es un grillo negro -me decías-

a pocos besos de profundidad y a luna plena
te tengo -en esas formas tan hermosamente improvisadas-
como a aquellos textos universales de cervantes
con tu pañuelo impreso de melancolías
te veo venir, te miro y leo

 

-386 riada-