nada


“TODA la tarde estuvo mirándome desde no sé dónde
Toda la tarde
Y ahora que te veo caigo en cuenta
Venís a consolarme”
Ramón Palomares.

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hay ventiscas creadas por unos tunantes pájaros portátiles
y un resumen en cautiverio, entre gariteros ardores
tan ebrios de ocaso

es la música hecha grito plasmada al primer antojo
es el andariego errante que pasea sus envolturas de sueños
entre sombras insomnes, ya saturadas de polvo

furtivas, erráticas, temblorosas…
así de nada sirven las ganas, ni las formas, ni la sólida cordura

en nada ayuda esta incierta falta de penumbras
ni los presagios al vaivén de unos delirios complacientes

nada sostiene al cántaro vaciándose al borde del abismo
ya nada ampara el reproche del lápiz a la hoja medida y ya cortada

-riela 533-

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sucumbir a la mordedura


“LIMPIEMOS la cama de las nubes
ella no saben de bombas
ni de tornillos

sólo aprendieron a convertir la luz en rosa

limpiemos sus pies
que están llenos de lluvia

todo
veamos
que no siempre
nos visitaran los cielos”
Luis Perozo Cervantes.

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me gusta
mirarte morder las pomarrosas
y luego reír contigo hasta la traducción de los pedazos

sucumbir a la mordedura
y que te apresures a los domingos de pájaros alegres
esos que siempre hicieron cantos con tus silencios de flor

como en esas treguas
que te inclines a la fruta y se fugue tu cordura
al otro extremo de tu risa, donde se pintan verdiazules tu ojos

-527 riada-

es este oficio


“—¿Y ese rumor de olas?
—Son carros.
—No paran.
—No, no paran.
—¿Y ese canto de ballenas?
—Son grúas frenando.
—¿Y esas sirenas?
—Son sólo sirenas.
Duérmete ya”
Xitlalitl Rodríguez Mendoza.

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te amo
como los abismos
aman el frenesí de los ecos

es este oficio
que me obliga a disolverme en ti
cuando más te vuelves distancia y menos palabra

es esta forma desmedida de amarte
este desplomar de tantos ladrillos viejos por doquier
estas ráfagas violentas de verte llegar, cuando en verdad te ibas

-523 riada-

la latitud de sus afanes


“Y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón”
Anne Carson.

 

 

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levantadas -como la falda de la noche-
se sueltan sus formas subrayadas
desde las elásticas claridades
donde la hiedra baña de ardor
al labio roto

y ella dice que me ama
con su propio desenfreno,
desde la latitud de sus afanes
hasta llegar convergente al salitre de una playa
donde el deseo escarba entre cadáveres de mariposas blancas

mientras,
amontonamos versos negros bajo la luna descafeinada

-riela 515-

el viento apenas


“NO conocían el mar
y se les antojó más triste
que en la tele,
pájaros de Portugal

sin dirección ni alpiste
ni papeles

él le dijo vámonos
Dónde le respondió
Llorando ella

lejos del altar mayor
en el velero pobretón
de una botella”
Joaquín Sabina.

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con tu copete de colores
torrencial, como el abismo de un mediodía
y con el marfil de tu sonrisa tallada sobre todos los afiches

llegas
con esa culpa casi impalpable
de la llovizna que espesa hasta convertirse en lluvia

desarmas y luego juntas tus pedacitos de palabras
y en las ramas de tus manos
tiemblan dos cafés

al fondo siempre sabina… esta vez: pájaros de portugal
y tú eres ese pájaro ya hecho un tilde, que regresa

el viento apenas
ese pincel que usas pa’ dibujarte

-514 riada-

con los ojos descalzos


“ESPERO al poema atisbando su llegada
en el ápice mismo donde cruje
y levanta las alas”
Armando Rojas Guardia.

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como quien persigue unos granos de polvo
que al final, es lo que nos asedia

vamos como cicatrices
simulando ser jinetes redondos
sobre las formas planas del tiempo

y cuando ya ni siquiera ese breve colapso
nos sirva

otros proclamarán la eternidad de la poesía

solo el destiempo, será lo que la mano empuñe

esas coincidencias de glaciares eternos, al instante

evento único y accidental en que la palabra se eleva
desde la boca de un extraño ser que merodea
la vida, con sus ojos descalzos

…todo poeta

-riela 513-

números escurridos


“EL amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. Todo son milagros”
Eugene O’Neill.

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resbalando
por cordeles
del ocaso

algo me delata
en la arcillosa bitácora
de lo menos eterno

son números escurridos
de las manos de una mujer, que llegan
pellizcándome en los énfasis de la noche

 

-riela 506-