riela 234


  • -A Valería Paola-

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en el taller de valeria
se construyen gorriones
con el troquel de las risas
en vez de usar las premisas
del níquel de las calaveras
de palabras recién adquiridas

en el turno de la mañana
se pintan de ansiosas miradas
y se da brillo a las promesas
que tímidamente,
aquí en las tardes se espesan
y sin causar accidentes

en el taller de esta hechicera
funden y forjan las ilusiones
y facturan a precio de oferta,
hay una lista de espera

con un gran inventario de sueños
grandes, ingrávidos y todos nuevos
que van y vienen, suben y bajan
y a pesar de no haber escaleras
viajan por las vigas carrileras
de la ilusión de una grúa puente

yo, por no ser dueño ni el jefe
solo trabajo pintando letreros
aquí, en el taller de la dueña
y tengo contrato hasta febrero…

-riela 234-

riela 233


“LA mesa redonda
las tres sillas:
estoy yo
está el que fui
y esperamos al que seré”
Julio César Rivera Andrade.

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pasa a veces que dos manos parecidas
son las tijeras y el chasquido

dos gotas irreverentes de agua
entre los rosales del mármol lunar

-¿y qué nos queda de aquellas noches
frente al fuego, cuando nuestras manos
eran los que dictaban la simplicitud de unos sueños?

-riela 233-

 

232 riada


¿SERÁ la rosa,
será tal vez el pétalo desnudo y transitorio?
Anjelamaría Dávila.

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puedo pasar la página
o hacerme lluvia y escampar en ti
mientras tú ordenas las horas que tiñen de colores
a los amaneceres

puedo reducir esas anchuras del tiempo
o sentarme a escribirte aplausos que parezcan versos
mientras tú regresas vestida de mar

puedo olvidar otras voces…
esas que dan forma infinita a tu voz de primer día
mientras tú, despacio, te me haces hoja de otoño
en las manos

-232 riada-

231 riada


“SUENAS a silencio
a fulgor de luna que dormita entre agua y arena,
en la hora quieta.

Y se caen tus pasos
al compás de la noche
susurrando secretos…”
Vilma Reyes.

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es esta calma de nostalgias repetidas

tonta, sutil y fiel melancolía
la que te busca, te nombra y después te llama

imaginemos otro instante en llamas
en que tus duermevelas se rebelen
y luego, nuevamente se te queden
dormidos en mi alma

y si de repente, se nos muere el olvido
que nunca, nunca se nos mueran las palabras
que se queden las que ya están ancladas
en estos versos que ahora y aquí, te escribo

-231 riada-