zona de sombras


“LA edad es cuestión de sentimiento, no de años”.
Washington Irving

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la edad
es la sombra, en esa zona misteriosa
donde sobra, y almacena la humedad

nos asombra,
ver y tocar las cosas
donde crece y florece la orfandad

la edad

ese ancho mar que de pronto perdemos de vista,
que nos nutre y nos cercena, nos rompe en cada gesto

que nos da la serenidad, de total alma desprovista
de sentimientos, giros, ruidos, luz y rumbo cierto

-¿cómo habitar la zona gris de esa incertidumbre?
cuando ni siquiera el olvido es lo ya inquietante,
cuando lo vivido y no vivido se nos hace ya costumbre
y la ilusión se nos muere ante los ojos, a cada instante…

-riela 177-

you tell me


“ESTA noche…
tengo miedo de las sombras que me envuelven,
sopla un viento frío y en el negro cielo
eres tú la única, la última estrella”.
María Dubón.

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mis brazos a tu encuentro

me arrebatas las alas
-no hay secretos-

y las fijas en tu pecho
xq aún es temprano en tu espalda

por la asimetría del tiempo
en el pedestal de mis aras

-¿ansias reveladas?
-¿ilusión al acecho?

-you tell me

-176 riada-

los monitores del planeta


“A esa mujer la lleva el viento
pero no parece importarle
ni tampoco la ráfaga o el ruido
que deja tras de sí”
Montserrat Martínez Cobo

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hace años
que el océano de sus ojos, se poetiza al límite

y sin embargo,
la terca chimenea que estrena olas
y mareas sobre la misma alfombra, luce tan lejana

no vislumbra el calor
de la fantasía en esos amores eternos
que sobreviven abrazados al verso

suspiro y silencio
como el único gesto, y su mirada trasciende
en los monitores del planeta

-riela 175-

largas cordilleras


EL vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.”
William Butler Yeats

 

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yo apenas sobrevivo
al encastre subversivo de tu risa, como un castigo

cuando redundas la entrega
asombrada me miras, como a un hilo luminoso y te alejas

preguntando si habrá quedado entre los libros
algo de pan francés, sobre la mesa

no es el pan o su cantidad menguante
sino los pedazos y el estruendo de petardos tan distantes,
lo que me inquieta

del deslave de sábanas blancas y enmendadas
mientras el café lentamente se enfría
en el breve colapso de otra caricia

tampoco es el café, otras veces, sino esas fotografías en praga
lo que hace inaccesible tanta tonta tragedia
a los equinoccios relevantes del planeta

mientras agoto mis trazos de luna llena
al pie, de tus ya también, blancas promesas

que como tú, tienen la letra pequeña y su propia melodía eterna
sobre esas dos largas cordilleras, que son tus piernas

-174 riada-

no hay evidencias


“Y si el mundo, impaciente,
se sale de sus goznes, estalla o se disuelve,
los amantes lo ignoran, apenas necesitan
el canto de su sangre”
Flor Alba Uribe Marín.

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no hay evidencias
que lo nuestro sea más que un sueño
de pirómanos del hielo

tampoco encuentro
faltas de ortografía en los folletos
ni en tu cuaderno de lluvias más lejanas

dame ojos para mirar
la timidez de insecto que delimita y desborda
como un regalo, sobre un libro

para entender, cómo es que a veces
me gana la alegría, y sobrepasa al instante del grito
de victoria, hazme surcos curvos en la boca

y te miro
con tu bandera de colores izada al alba
desde tus cordilleras de manos, con el mismo viejo pánico
a las ya acordadas rimas

-173 riada-