168 riada


“HE zarpado
entre hiedras –ausente-
valga el impío argumento del sofisma
que postra este eco de aconteceres

No guardes de mí las cenizas…”
Anna Francisca Rodas Iglesias.

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no puedo negar el hollín que roe los pies de las paredes
tampoco el agua de aquí, tan tibiamente domesticada

cuando desde el costado onírico del espejo
sonríes al árbol de palabras, sin un balcón y sin ropa interior

yo no puedo obviar la fórmula crujiente de esos ojos claros
tampoco tu oficio de marinera sobre sábanas inaccesibles

evitar mi temor en las subastas diarias de puntos débiles,
comas concurridos, adjetivos tóxicos, sustantivos con corbatas
y flacos signos de interrogación

mi temor a mal envolver este mar de astillas nuestras
en papel glasé, esperar que maduren y sean la noticia que trepa
por todo mi pueblo y en tu blanca ciudad

obvio, hasta que las máquinas solemnes de trementina
mis versos- domestiquen una versión menos devaluada del coraje
y entonces, sí…

no pretendan otra cosa
que no sea desvestir tu blanca desnudez de letra

-168 riada-

 

riela 167


“QUE no signifique nada
más que pureza irrelevante
la sonrisa en la mirada transparente
que no quiere negar nada
ni decir más que mirada
uniendo lo que se une sin esfuerzo”
Carolina Massola.

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un beso extraviado
atraca siempre discreto
sobre el puerto menos prolongado del gesto
breve de una caricia

un beso muriendo de miedo
es como una lentejuela en llamas
que arde temblando en el piso de la noche
o sobre el borde más apretado de una almohada

redes de algarabías y silencios derramándose como minutos
son altares para la alegría, donde un beso
es una ciencia casi exacta, explícita
como unas ansias delirantes
al margen de cualquier
distancia

y la ternura que baja sus banderas cuando los besos
se confabulan al alba, precisamente cuando venus
se desviste, siempre a solas…

-riela 167-

riela 166


“TENGO que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no”
Mario Benedetti.

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llueve otra vez

la lluvia
se tiende sobre el día

una hoja tiembla
en solo silencio y cae
para no prolongar su agonía

oscurece la tarde

sobre la soledad melancólica
de unas piedras, se desmiembra
la intensidad de la lluvia

llega el viento del este
sacudiendo su melena y extiende
lentamente sus alas frías

oscurecen las galaxias

-riela 166-

165 riada


“AMAR, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo”.
Rubén Darío.

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con el sol detrás de la memoria
todavía anda joven el amor de otras edades
por océanos vacíos y en tormentas transitorias
la nave del olvido navega sus propias soledades

la mujer bella y menuda que seguramente vos eras
quedó en puerto, cantando la canción frente al espejo
solo para verse y oírse decir: allá va lejos, muy lejos
la ilusión que en vez de besos, prometía primaveras

como el amor mira con ojos, con los que tú jamás me viste
naufraga la nave del olvido en este mar de tiempos idos
en donde sigues siendo tú, el gran amor que nunca fuiste

por no tenerte ahora, apuesto esa luna, a que te crees lejana
en cuanto a vernos, no sé… recordarte, en mi alma hace tanto ruido
que con soñarte ya eres mía, aunque te pierda al despertar mañana

-165 riada-

 

164 riada


“MEJOR no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante”
Chantal Maillard.

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en la proximidad de lo nuevo
sobre la inmediata desfachatez de lo menos
me toca redactar sobre unas páginas imaginarias

-al sur del continente de tu espalda-
un memorándum de entendimiento:
-aquel, el de la vigilia sobre tus pentagramas

el del pretexto -tu sabes-
para que mis versos por fin
arrecien contra la falta de cordura

lo firmas tú
en tu carácter de no ser ya hoy
la inquilina en la casa descortés de mis ojos

yo lo ejecuto
con la contrariedad de que estás ausente
pero enumerando los más hermosos ruidos

-164 riada-

 

riela 163


“LA muerte no es la muerte, es sólo la vida saltando desde un acantilado de enorme altura”
Paul McCartney.

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la música de fondo
siempre será el más íntimo detalle
de nuestra hechura

ese preludio discontinuo
que se esconde en su ausencia

la tierna terquedad
de mi no-sombra

es la devastadora franqueza de paul mccartney
en ese CD, hecho de matices de antiguas auroras celtas
cuando ella y yo, éramos la lluvia de mil maneras

-¿recordará?
-no more lonely nights
-you’re my guiding light!

-no creo…

-riela 163-

riela 162


“DESPUÉS, juntos los dos, alguna noche,
Reímos mucho, tanto,
Que quedó como huella de las lágrimas
Un misterioso encanto!
José Asunción Silva.

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la luna baila a la deriva
intentando mediar su cuerpo de ánfora metálica
allí, donde yo guardo mis recuerdos

crepúsculos que emergen
desde aquellos lingotes de páginas tatuadas
por un fluido ensordecedor de palabras

yo amo su densidad
cortada por el filo de la ausencia

costumbre mía, este medir cada noche
los soplos de la sed erosionada de su voz
sobre la blanca pizarra de la luna

fotografía vital
sus manos menudas, casi aéreas
acariciando el césped suave de la melancolía

costumbre mía, mirar anclar cada tarde
sus formas de ola sobre mi poesía, de puertos y muelles

tantas veces costumbre, que se me hizo inútil
la costumbre de pintar peces blancos en los bordes de su boca

me queda la costumbre
de esperar por los aplausos de la noche
mientras el viento, es la música que apremia los minutos

costumbre de amor somero
y de playas sin esquirlas, donde ella
se ha convertido en toda promesa infinita, necesaria

costumbre mía, ella
la implacable domadora de mis dudas

-riela 162-